Sin rostro ni obituario: los muertos de las UMAP

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De izquierda a derecha:  Ramón Lamadrid, Alex Hernández, Juan Miguel García, Octavio y, agachado, Carlos Bidot.  25 de diciembre de 1965.  Foto cortesía de Alex Hernández.

Manuel Zayas

Al terminar el año 1965, Ramón Lamadrid parecía un muchacho alegre. El día de Navidad se reunió con sus amigos en el restaurante habanero 1830, en cuyos jardines se tomó las que serían sus últimas fotos. Un mes después, aquel joven de 18 años era un rebelde en fuga, escapado de un campo de concentración. Y como tal, recibía unos disparos en el vientre.

“Él fue el primer monaguillo de San Juan de Letrán. Yo entré allí en el 59 o 60 y él fue el que me enseñó a ayudar en misa”, me escribió su amigo Alex Hernández desde Miami. El muchacho “se ganaba la vida como mensajero de la farmacia Rojas, cuya dueña era Célida Rojas y estaba justo al lado de la bodega La Mascota, en [las calles] G y 17. Su bicicleta era parecida a la que sale en la película Pee Wee“.

“A Ramoncito le dispararon al salir de la casa de su madre en Marianao, el 24 de enero de 1966. Le tiraron y le agarraron el bajo vientre los jenízaros de la policía militar castrista porque se había fugado del campo de concentración de la UMAP en Camagüey unos días antes”. Malherido “lo llevaron al Hospital Naval, donde dos semanas después falleció. Las únicas que lo iban a ver allí fueron Dulce, Regina y Rosalía Álvarez”, quienes frecuentaban la iglesia de San Juan y eran vecinas de la farmacia donde el muchacho trabajaba.

Ramón Lamadrid fue uno de los 30.000 jóvenes cubanos considerados desafectos por el régimen que fueron enviados entre 1965 y 1968 a los campamentos de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP).

“Nunca conocí a la familia de Ramoncito ni fui a su casa ni supe donde vivía exactamente, pero estudiamos en la misma primaria de G entre 15 y 17, en lo que había sido la Escuela Baldor. Yo vivía por allí, en 17 entre F y G, con mis abuelos y padres hasta que en 1973 nos mudamos a México”, relata Hernández, quien no puede olvidar la historia del compañero muerto. “Lo enterraron en el panteón de Dulce María González-Lanuza, que en aquel tiempo era directora del catecismo en San Juan de Letrán.”

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De izquierda a derecha:  Octavio, Ramón Lamadrid, Alex Hernández, Juan Miguel García y Carlos Bidot.  25 de diciembre de 1965, en las afueras del restaurante 1830, La Habana.  Fotografía Archivo Cuba.

Según fuentes oficiosas, el saldo del horror de las UMAP dejó como resultado 72 muertes por torturas y ejecuciones, 180 suicidios y 507 personas enviadas a hospitales siquiátricos. El escritor Norberto Fuentes ha sido portavoz de esas cifras. El régimen cubano ha preferido, en cambio, mantener esos números en el mayor secreto.

Archivo Cuba, un proyecto de registro de víctimas de la represión del régimen cubano, tiene documentada la historia de Ramón Lamadrid entre nueve casos de ejecuciones extrajudiciales o deliberadas y de desapariciones relacionadas con las UMAP.

A sabiendas de que no han sido las únicas muertes que se sucedieron allí, el registro de los nombres de las víctimas, de sus historias o de alguna memoria gráfica, resulta una tarea difícil por la falta de libertad de prensa y la inexistencia de una justicia independiente en la Isla, a lo que se suma el secretismo del régimen cubano, que no ha permitido una investigación ni la apertura de sus archivos.

La historia de Ramón Lamadrid es solo un ejemplo del encubrimiento con que se han asociado las muertes violentas de las UMAP. De entre los escasos nueve casos documentados, el suyo es el único que se acompaña de memoria gráfica: unas fotografías facilitadas por un amigo constituyen la única fe de vida de cómo lucía aquel joven de 18 años en las lejanas navidades de 1965. En su ficha de Archivo Cuba se señala lo que parece ser otra incógnita: la causa de la muerte no aparece reflejada en su certificado de defunción.

‘Consejos de Guerra’

Un discurso pronunciado por Fidel Castro en la escalinata de la Universidad de La Habana el 13 de marzo de 1966 ya había puesto en alerta a la población cubana de la existencia de aquellos campamentos. El Máximo Líder se había explayado, amenazante.

Justo un mes después, la opinión pública resultaba tan desfavorable a las UMAP que el Gobierno echó a andar su maquinaria de propaganda, la prensa oficial, la única permitida en Cuba. Es así que en un mismo día, el 14 de abril de 1966, las ediciones de los periódicos El Mundo y Granma publicaron sendos reportajes a página completa sobre los campamentos.

Mientras elogiaba las bondades de las UMAP, el reportaje de Granma señalaba que los abusos cometidos allí fueron resueltos mediante Consejos de Guerra.

“Cuando comenzaron a llegar los primeros grupos que no eran nada buenos, algunos oficiales no tuvieron la paciencia necesaria ni la experiencia requerida y perdieron los estribos. Por esos motivos fueron sometidos a Consejo de Guerra, en algunos casos se les degradó y en otros se les expulsó de las Fuerzas Armadas”, escribió el periodista oficialista Luis Báez.

En el reportaje de Granma no se hablaba de la naturaleza de los abusos, ni de cuántos oficiales fueron sancionados con degradación o expulsión del Ejército. Ni se mencionaba siquiera el nombre de Ramón Lamadrid, muerto violentamente poco tiempo atrás. En aquel párrafo se le ponía inicio y fin a la crueldad de las UMAP: eso era lo que el periódico del partido único se permitía hablar de los crímenes cometidos en aquellos campos de concentración cubanos.

Más de tres décadas después, el profesor e investigador cubanoamericano Emilio Bejel escribiría en el libro Gay Cuban Nation: “Aunque no es fácil obtener documentación precisa, es conocido que inicialmente algunos reclutas fueron tratados tan inhumanamente que algunos oficiales responsables fueron luego ejecutados”. [“Although precise documentation is not easy to obtain, it is known that initially some recruits were treated so inhumanely that some of the officials responsible were later executed.”]

En septiembre de 2012, Bejel participó en un panel sobre la situación de los gays bajo Castro, organizado por la Biblioteca Pública de Nueva York. Intrigado por aquellas ejecuciones mencionadas por el profesor y conociendo el reportaje de Granma donde se decía que la única condena que tuvieron aquellos oficiales fue la expulsión o la degradación militar, me acerqué a preguntarle a Bejel cuáles eran sus fuentes. En su libro hacía hincapié en lo difícil de obtener documentación, pero a seguidas señalaba las ejecuciones como hecho “conocido”.

—¿Cómo supo de esas supuestas ejecuciones a los responsables? —pregunté.

—Yo no dije que todos los responsables fueran ejecutados. Solo algunos —me respondió, corrigiéndome de memoria.

—De los Consejos de Guerra mencionados en Granma no se dice eso. Se dice que los responsables de los abusos fueron degradados o expulsados del Ejército. ¿Dónde leyó usted que fueran ejecutados?

—No sé, figúrate. Es que es muy difícil obtener documentación. Envíame ese documento —y se despidió.

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Interior de un campamento.  Una de las  pocas imágenes de las UMAP que no pasó el filtro e la censura.  Fotografía de Paul Kidd.

Un corresponsal extranjero se cuela en un campamento

Hacia agosto de 1966, la existencia de aquellos campos de trabajo forzado era la comidilla entre diplomáticos y corresponsales extranjeros en La Habana. Solo la prensa oficial había informado escuetamente de los abusos, pero ya era vox pópuli que las injusticias no habían terminado con los Consejos de Guerra, ni con la expulsión de algunos militares al mando. El escritor inglés Graham Greene, que entonces visitaba la capital cubana, narraría sobre ello.

Pero el más intrépido de los corresponsales fue, sin dudas, Paul Kidd, quien aprovechó su credencial de periodista canadiense para viajar por toda Cuba y entrar a uno de los 200 campamentos de las UMAP “ubicado cerca del batey El Dos de Céspedes”, en Camagüey.

En un escrito, Kidd definiría esa experiencia como única para un periodista occidental, “la de poder seguir la pista de un campo de trabajo forzado escondido en un exuberante campo de azúcar en el centro de Cuba”.

Después de 12 días en el país, el corresponsal de Southam News Services era expulsado, supuestamente por haber fotografiado armamento antiaéreo en el malecón habanero y por fingir ser un diplomático canadiense, según el régimen cubano, que se cuidó en extremo de mencionar la visita clandestina de Kidd a un campamento de las UMAP.

En contacto con Judy Creighton, viuda de Paul Kidd, supe que él había muerto el 13 de febrero de 2002. “Como corresponsal extranjero para Southam News de Canadá, Paul viajó extensamente por Europa, el Medio Oriente y fue reportero en Washington y Naciones Unidas antes de ser enviado a Latinoamérica. Creo que amó esa designación de seis años como ninguna otra”, me escribió Creighton.

“Después que fue ordenada su salida de Cuba, viajó a México desde donde transmitió las fotografías a agencias de noticias de todo el mundo. Entiendo que recibieron amplia cobertura”, precisó la viuda de Kidd.

Y en efecto. El 9 de noviembre de 1966, la agencia de noticias United Press International (UPI) transmitía al mundo la primera noticia sobre los campamentos de las UMAP. El despacho, firmado por Paul Kidd, se hacía acompañar por fotografías de su autoría, “las primeras imágenes sin censurar tomadas dentro de uno de aquellos establecimientos”.

Una versión más completa de esa noticia circuló años después dentro de un artículo del mismo autor.

“Por trabajar un promedio de sesenta horas semanales —escribió— los confinados recibían 7 pesos al mes, apenas el precio de una comida medio decente en Cuba. Excepto cuando se esforzaban trabajando bajo la mirada de un guardia armado en un campo cercano, los confinados usualmente permanecían en el campamento por al menos seis meses. Supuestamente elegibles para una breve licencia después de noventa días, a pocos reclutas de las UMAP se les permitía visitar a sus familias hasta que hubieran estado en el campamento el doble de ese tiempo”.

Y anadió: “El sistema de disciplina era simple. Los confinados que no trabajaban, no recibían alimentación. Y a menos que su trabajo llegara a la norma asignada, no se les autorizaba salir. En el segundo domingo de cada mes, a los confinados se les permitía recibir visitas de sus familias, que podían traerles cigarrillos y otros pequeños artículos. Si un confinado no obedecía órdenes, esos objetos eran retenidos. Los informes de brutalidad física en los campamentos circulaban ampliamente en Cuba”.

El corresponsal resumió la existencia de las UMAP como una fuente de mano de obra casi esclava, hecha a la medida.

Paul Kidd recibió el Premio Maria Moors Cabot de 1966, que otorga la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia. El PEN de escritores canadienses concede cada año un premio con su nombre, el Paul Kidd Courage Prize.

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Facsímil de una carta oficial enviada desde las Oficinas del Primer Ministro Fidel Castro.  Tomado del libro La UMAP: el gulag castrista, de Enrique Ros, Ed. Universal, Miami, 2004.

Verde Olivo y otros misterios

Después de que el corresponsal canadiense fuera expulsado, la revista Verde Olivo, órgano de propaganda del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, publicaba un reportaje elogiando las bondades de esos campamentos y reseñaba un acto que “desbarataba una vez más la sarta de mentiras echadas a rodar por los enemigos de la Revolución que trataban de presentarla como una institución de sometimiento”.

El singular acto consistió en la premiación a algunos “macheteros” de las UMAP con la entrega de “motocicletas, refrigeradores, radios y relojes”, además de la imposición de medallas a “cuadros de mando”. Este sería el tono de los próximos reportajes de la publicación militar cubana. En sus páginas tampoco habría espacio para las víctimas.

Escasa documentación oficial ha circulado sobre aquellos campos de trabajo forzado. Pero entre la que he encontrado, una que llama mi atención: una carta enviada desde las Oficinas del Primer Ministro en la que se le notifica a una madre que “se ha dispuesto dar cuenta de su petición al Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias” a su solicitud de investigación por la muerte de su hijo.

Esa carta aparece reproducida en el libro La UMAP: el gulag castrista (Universal, Miami, 2004) de Enrique Ros, y documenta lo que parece ser otro caso de muerte misteriosa: la de Cayetano Berto Rafael Ramírez Rodríguez, un joven de “débil complexión”, que fue ubicado en el campamento de las UMAP de “entronque de Cunagua”, y que fue “castigado reiteradamente por el sargento Biscet”. “Bajo fuerte afección nerviosa fue trasladado al Central Pina y de allí al hospital Psiquiátrico de Camagüey, donde murió.”

“Nunca el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias respondió a la solicitud de la madre de Berto Rafael”, dice una nota de Ros al pie del facsímil de la carta oficial fechada el 20 de octubre de 1967 y que lleva la firma de Celia Sánchez, ayudante de Fidel Castro.

Esos nombres de muertos son los que ninguno de los hermanos Castro quiere pronunciar. Tampoco Mariela Castro, directora del Centro Nacional de Educación Sexual, quien había prometido una investigación a fondo de aquellos crímenes.

Publicado en Diario de Cuba.

entrevista: Monika Krause

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Fotograma del documental La reinal del condón.

En el Punto G de la Revolución Cubana

Ileana Medina y Manuel Zayas

Directora del CENESEX antes que Mariela Castro, la sexóloga alemana Monika Krause opina sobre la homofobia cubana, la primera operación de cambio de sexo, la censura de literatura científica y otros temas.

Monika Krause tenía apenas veinte años cuando se enamoró de un cubano, capitán de la marina mercante, enviado a la ciudad portuaria de Rostock. Como ciudadana de la República Democrática Alemania (RDA), necesitó de una autorización para poder abandonar su país. “Cuando a finales de 1961 solicité el permiso de salida y el de poder casarme, me amenazaron con expulsarme de la universidad si insistía en mi propósito de ir a vivir en Cuba. Fue ‘mi capitán’ quien obtuvo los permisos”, dice.

Krause emprendió un viaje sin retorno. Cuando regresó en 1990, ya la RDA solo existía en el recuerdo. Había caído el Muro de Berlín, levantado poco tiempo antes de su partida, y las dos Alemanias se habían reunificado.

En Cuba, Krause ganaría fama como promotora de educación sexual, con programas en la televisión y la radio. A la par, enfrentó algunos escollos frente a la homofobia rampante de la jerarquía comunista. Hoy vive en un pequeño pueblo del norte de Alemania, Glücksburg, desde donde accedió a responder este cuestionario.

Monika Krause ha publicado dos libros sobre su experiencia cubana: Monika y la Revolución (Centro de la Cultura Popular Canaria, Tenerife, 2002) y ¿Machismo? No, gracias (Ediciones Idea, Tenerife, 2007). El documental La reina del condón, de Silvana Ceschi y Reto Stamm, es un retrato testimonial de su vida.

¿Cuál es el balance que hace de su vida en un sistema comunista tropical? ¿Se vivía en Cuba mucho mejor o peor que en la Alemania comunista?

La primera fase de mi vida en Cuba la pasé en un estado de euforia, de expectativa, de ilusiones, de poder participar de algún modo en el proceso de cambios revolucionarios. Al mismo tiempo veía y sentía constantemente el desmejoramiento, la falta cada día más abrumadora de los productos alimentarios más elementales.

En pocas semanas —me remonto a los mediados del año 1962—, nuestra dieta diaria, invariablemente, constaba de arroz y frijoles, frijoles y arroz, arroz congrí. Conseguir un huevo equivalía a un premio en la lotería (el Combinado Avícola Nacional aun no existía).

Para aquellos que no disponían de contactos con familiares o amigos en el campo, la carestía de todo era la normalidad. Claro, el clima cubano —en comparación con el de Alemania— tiene muchas ventajas: no hace falta la calefacción, no se necesita ropa apropiada para cada estación del año, se puede vivir con muy pocas prendas de vestir.

Sin embargo, el transporte público adquirió características de servicio desconfiable. Escaseaban, o no existían ya, todo tipo de materiales de construcción para el mantenimiento de la vivienda. Mi primer hijo, nacido en febrero de 1963, tuvo que conformarse con que constantemente cambiara la composición de la leche (no había suficiente leche fresca, de forma que se la preparaba con leche en polvo, proveniente de diversas fuentes de importación).

La cantidad de pañales recibida por ‘la libreta’ no alcanzaba ni para comenzar. La falta de agua —por apagones o por rotura de la bomba de agua, que para repararse demoraba semanas, meses— me tenía al borde de la crisis: bajar tres pisos para llenar cubos, palanganas, cazuelas de agua de la cisterna y luego subirlos tres pisos —sin elevador— constituía una prueba de nervios casi insoportable. La tubería de gas estaba defectuosa y pasé un mes sin poder arreglarla.

¿Polvo de lavar? ¿Jabón de tocador y amarillo? Eran productos que aparecían de vez en cuando, pero nunca en cantidades suficientes. Durante mis casi 30 años en Cuba, la falta de agua, de gas, de alimentos, de prendas de vestir, de artículos electrodomésticos, de materiales imprescindibles para el mantenimiento de la vivienda, eran una constante.

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Boda de Monika Krause, 1962.  Cortesía de la entrevistada.

En la RDA, ya en este tiempo el racionamiento de los alimentos no existía. Nunca faltaban los productos alimentarios esenciales: había pan (de diversas variedades), leche fresca y los derivados de la leche —quesos, mantequilla— y carne —de res, de puerco y pollo—, embutidos variados, todo tipo de granos, arroz, aceite vegetal, frutas y vegetales de estación (no se conseguían grandes variedades, puesto que apenas se importaban del área “capitalista”). Pero nunca a un niño le faltó la leche o su comida, ni a los adultos tampoco.

Podían adquirirse materiales de construcción para el mantenimiento de las viviendas. El surtido era pobre, pero nadie ha tenido que verse en la imposibilidad de pintar la casa, de arreglar una pila de agua, de comprarse una cocina nueva o una lavadora.

Los círculos infantiles ofrecían la capacidad requerida para permitir a las madres trabajadoras la permanencia en sus puestos de trabajo. El sistema de transporte público  funcionaba, cumpliéndose los horarios puntualmente.

Sin embargo, la tensión, la imposibilidad en la RDA de expresar libremente criterios inconformes con la línea política, el miedo de contradecir, de desacatar, de no haber sabido guardar la apariencia, de no haber respetado “las reglas de juego” de una sociedad socialista, costaba muchos nervios portarse como una ciudadana “digna de ser estudiante en una universidad socialista”, admirar incondicionalmente al gran país hermano, la Unión Soviética.

Los cubanos —chistosos, ocurrentes, afables, hospitalarios, sobre todo los amigos nuestros— me brindaron una acogida muy agradable. Lo mismo sucedió luego con mis colegas, pero siempre hubo un ‘pero’. Me resultaba difícil aceptar la falta de constancia, la exageración, los frenos, los obstáculos, los problemas reales e inventados y el eterno: “¡Ya verás, todo esto se resolverá!” “Patria o muerte!”

Por un lado me fascinaba mi trabajo; por el otro, me desesperaba vivir constantemente las contradicciones a todos los niveles: entre las declaraciones, las disposiciones, los lineamientos y la implementación de los mismos.

Para regresar al inicio, a la pregunta de si en Cuba se vivía mucho mejor o peor que en Alemania, mi respuesta es: ni mejor ni peor, sino muy diferente. Y al final, cuando había decidido regresar definitivamente a Alemania, sencillamente estaban gastadas mis energías, después de haberle dedicado a Cuba casi treinta años de mi vida, los años más importantes, cuando mi rendimiento intelectual, mis fuerzas y también mi capacidad de soportar reveses, estaban al máximo. Ya no quería batallar como Don Quijote contra los molinos.

¿Cuándo comienza a colaborar con la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y cómo se involucra en el trabajo de educación sexual?

En 1970, depués de haber tenido que interrumpir varias veces mis estudios en la Universidad de La Habana, terminé ‘con broche de oro’ la licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas. Casualmente, recibí la oferta de Vilma Espín, presidenta de la FMC, de trabajar en el departamento de relaciones exteriores de esa organización. Gustosamente acepté.

Primero, realizaba trabajos de traducción y de intérprete y poco a poco fui promovida a asumir responsabilidades de mayor importancia. A menudo fui solicitada, tanto por Vilma Espín como también por el Comité Central y por otros organismos, para servir de intérprete y/o traductora.

Fue Vilma Espín la que me encomendó la tarea de elaborar un Programa Nacional de Educación Sexual que abarcara también los aspectos de la orientación y terapia sexuales y la planificación familiar, en 1976.

Yo no tenía idea de cómo concebir tal programa. Para comenzar, Vilma me entregó un montón de libros guardados en la biblioteca de la FMC, la mayoría en inglés, otros en alemán y en francés. De alguna manera todos trataban de planificación familiar, de orientación de la pareja o de la capacitación de los jóvenes para la vida en pareja y el matrimonio, con criterios ideológicos y acercamientos muy variados.

Al comienzo me declaré incapaz de realizar el trabajo, pero Vilma me aseguró que en Cuba nadie estaba capacitado para implementar educación sexual, que utilizara mi sentido común, sacara de la lectura los aspectos que me parecían importantes y que al final nos reuniríamos ella y yo para diseñar un proyecto de programa.

Igualmente me aseguró que para la puesta en práctica del programa, yo recibiría la capacitación necesaria. Otro paso importante fue la búsqueda de experiencias principalmente en Suecia y en la RDA. Ambos países dieron aportes muy importantes. Con estos y los elementos útiles encontrados en la literatura, estructuramos el ‘Programa Multisectorial y Multidisciplinario de Educación Sexual’.

¿Cuáles fueron los principales objetivos de ese programa, quizás único de su tipo en el mundo, y cómo se evaluó?

Los objetivos principales de este programa se basan en los acuerdos de Naciones Unidas, en su Plan de Acción Mundial de 1975, así como en el Programa del UNFPA (Fondo de Población de Naciones Unidas), de 1976, en lo referente a la planificación familiar, a la necesidad de bajar los altos índices de embarazos en adolescentes, a la salud y los derechos reproductivos de la mujer, a la educación de la población para el logro de conocimientos, actitudes y conductas sexuales responsables.

Hicimos nuestra la definición de salud sexual de la Organización Mundial de Salud (OMS): “Salud sexual es el estado de bienestar físico, psíquico y social relacionado con la sexualidad”, etc.

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Junto al Máximo Líder en la inauguración de una escuela secundaria en el campo, 1972.  Cortesía de la entrevistada.

Igualmente, forman parte del Programa las resoluciones del II y III Congreso Nacional de la FMC y del Partido Comunista de Cuba (PCC), así como del Código de Familia, que hacen referencia explícitamente a la lucha por el pleno ejercicio de la igualdad de la mujer, a la educación sexual y para la familia, a la superación del machismo, a los derechos y deberes de madres y padres en la educación de sus hijos.

Comenzamos, pues, con la formación de un pequeño grupo de especialistas —médicos, psicólogos y pedagogos— para capacitarlos como sexólogos. Después estos mismos debían llevar la responsabilidad de multiplicadores. La meta era preparar a especialistas en todo el país para crear consultas de orientación y terapia sexuales y de planificación familiar.

Principalmente, con financiamiento del UNFPA contratamos a profesores de la RDA y de Suecia, más tarde también de América Latina, los cuales realizaron una serie de cursos intensivos para capacitar al ‘pie de cría’, los futuros sexólogos multiplicadores (entre ellos yo).

Durante los primeros años, los especialistas extranjeros apoyaron a nuestro todavía pequeño grupo de responsables de la formación de profesionales a lo largo y ancho del país. Después realizamos este trabajo sin esta ayuda.

Paralelamente, me dieron la responsabilidad de buscar literatura sobre sexualidad para especialistas (médicos, psicólogos, pedagogos, sociólogos y otros, cuya labor profesional tuviera que ver con la educación sexual, la orientación y terapia sexuales y con la planificación familiar), para niños y sus padres, para adolescentes y para adultos, con el objetivo de conseguir cobertura nacional con este tipo de medios informativos.

Esta tarea era responsabilidad mía en su totalidad. En relativo corto tiempo, conseguimos una base bibliográfica considerable, con un total de casi un millón de ejemplares.

La evaluación de este programa —a cargo mío— nos proporcionó por primera vez en la historia de Cuba información sobre los conocimientos, actitudes y prácticas sexuales de los adolescentes cubanos, así como sobre sus preocupaciones, problemas, intereses y dificultades.

La realización de investigaciones y de evaluaciones constituyó un aspecto importante. Sin embargo, la respuesta de los sectores de Educación Superior y de nivel preescolar y primario fue negativa. A menudo hemos tenido que buscar otras vías para realizar este trabajo.

Durante un curso de “Sexualidad humana” que tuve que impartir en varios centros habaneros y en Santiago de Cuba, a médicos del segundo año de especialización como médicos de familia, apliqué un cuestionario para indagar sobre sus conocimientos, actitudes y prácticas sexuales y sobre su capacitación real y creída en orientación y terapias sexuales y planificación familiar.

Los resultados evidenciaban que sus conocimientos, sus creencias, convicciones, actitudes machistas y terriblemente discriminatorias frente a la problemática de la homosexualidad se parecían mucho a los de los adolescentes, con el agravante de que como médicos se creían (91 % de los hombres, 65 % de las mujeres) capaces de orientar y de realizar terapia sexual.

Los resultados de encuestas, investigaciones y evaluaciones podrán encontrarlos en mi libro ¿Machismo? No, gracias. Cuba: sexualidad en la revolución, y en Monika y la Revolución relato los resultados.)

En 1984 se estrenó el filme Conducta impropia, de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal, documental que denunció los crímenes del castrismo contra los homosexuales y que causó convulsión en las autoridades cubanas. En ese año, usted reconocía a la publicación Gay Community News, de Boston, que las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP) “fue una cosa realmente triste en la historia de Cuba”. A la luz de los años y viendo que la homofobia revolucionaria no acabó con el cierre de aquellos campos de concentración, ¿cómo define usted el trato que el régimen cubano ha dispensado a los homosexuales?

La película refleja fielmente la situación de los homosexuales en Cuba y también el trato que el régimen cubano les ha dispensado. Pero quiero subrayar un aspecto: no es solamente la cúspide del poder la que ha manifestado actitudes y conductas de agresión, discriminación, humillación, desprestigio, desclasificación, odio, repulsa, condena frente a los homosexuales, sino que se trata de un fenómeno ampliamente difundido en la población cubana.

No dispongo de elementos suficientes para explicar este fenómeno. Sin embargo, el hecho de que los dirigentes máximos hayan actuado con agresividad, que hayan creado las UMAP, que hayan hecho declaraciones a la prensa nacional como internacional, que hayan creado leyes y resoluciones criminalizando a los homosexuales, que los hayan calificado de lumpen, parásitos, corruptores de menores y de la juventud, que hayan desencadenado verdaderas campañas contra los homosexuales, todo esto ha contribuido a que la población se sintiera invitada a seguir su ejemplo.

Especial importancia cobra en este sentido la Resolución aprobada por el I Congreso Nacional de Educación y Cultura (La Habana, 1971, firmada por los profesores J. A. Bustamante, psiquiatra, Abel Prieto —padre del actual Ministro de Cultura— y otros dos profesores muy conocidos, cuyos nombres no recuerdo), que trata sobre el fenómeno de la homosexualidad y las medidas a tomar al respecto.

No recuerdo ni el título exacto ni el número de la Resolución, pero me consta su existencia: Vilma Espín me la entregó (original) para guardarla en el archivo del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), cuando yo era su directora. El simple hecho de aprobar una Resolución cuya aplicación se exigió rigurosamente, de manera que adquiriera más fuerza que una ley, demuestra que la homofobia había permeado a la dirigencia política.

La Resolución era la demostración “científicamente fundamentada” de que la homosexualidad es una degeneración, una perversión sexual irreversible, una enfermedad incurable; decía que los homosexuales se caracterizan por ser débiles de carácter, fácilmente expuestos al chantaje, ejercen influencia peligrosa en niños y jóvenes, son personas en las que no se puede confiar.

La Resolución fue la licencia omnipotente para arremeter contra los homosexuales. Fue aplicada regularmente como instrumento para “depurar las filas del Partido y de la Juventud”, para mantener “limpios” los sectores de educación, medicina, psicología, o sea, todas aquellas ramas donde profesionales pudieran influir en niños y jóvenes. Los homosexuales no debían tampoco ocupar cargos de dirección, ni ser funcionarios.

Durante casi veinte años, la Resolución fue aplicada en las “asambleas de balance” del PCC, de la UJC, en centros de trabajo y de estudio. El Ministerio de Educación estableció que todos los alumnos —desde el nivel preescolar hasta el preuniversitario— que manifestaran una conducta sospechosa (varones, “amanerados”, niñas “marimachas”) se registraran como sospechosos de ser homosexuales en los expedientes escolares, de forma que el comportamiento, el desarrollo de cada niño cubano, quedara controlado y registrado rigurosamente.

El expediente no se le enseñaba a los padres, la mayoría no sabía de esta medida, pero lo cierto es que el expediente se ‘mudaba’ de centro escolar a centro escolar —si el niño en cuestión pasaba de la primaria a la secundaria, de allí al preuniversitario — el expediente lo acompañaba sin que el alumno o sus padres lo supieran.

Las “asambleas de depuración” de las filas del Partido y de la UJC, realizadas cada año, tuvieron como resultado una serie de suicidios, porque personas homosexuales o acusadas de serlo se vieron en una situación tan desesperante que optaron por matarse. Ayer estimados, queridos, admirados por sus conocimientos y su rendimiento, por su trabajo destacado, hoy quedaban como indignos, traidores, falsos, perversos, degenerados, solo porque la masa heterosexual no los aceptaba.

Solo desde finales de los 80 se han presentado algunos cambios en la dirección política respecto a la atención y el manejo del problema de la homosexualidad. Sin exagerar ni sobrevalorar el papel que he desempeñado al respecto, me atrevo a aseverar que he dado un aporte importante a que estos cambios se produjeran.

Ya en 1976, cuando estaba diseñando un programa de educación sexual y después de haber evaluado gran cantidad de información, principalmente sueca y alemana, se la presenté a Vilma Espín. Es el comienzo de sesiones de trabajo intensivas sobre homosexualidad, de debates muchas veces infructuosos, pero también exitosos.

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Monika Krause (al centro) junto a Vilma Espín.  Conferencia de la ONU, México, 1975.  Cortesía de la entrevistada.

Me di cuenta que los criterios negativos de Vilma Espín sobre la homosexualidad cambiaban paulatinamente. Cuando estábamos preparando la publicación de El hombre y la mujer en la intimidad, de Siegfried Schnabl, el capítulo décimo (“La homosexualidad en el hombre y en la mujer”) causó un impacto enorme.

La traducción bruta, sin haberse realizado aun las correcciones ni la revisión técnica, fue entregada a cierto número de funcionarios del Partido, del MINSAP, del MINED. Fue la primera vez que en Cuba se conoció un acercamiento muy diferente sobre la homosexualidad.

Por órdenes superiores —a la cabeza estaba Vilma Espín—, el capítulo fue reescrito, se le cambió gran parte, al final quedaba poco de lo escrito por Schnabl. Este tipo de ‘violaciones’ de obras con contenidos inaceptables para ‘la cúspide’ las he conocido una y otra vez en el decursar del período de preparación de literatura científica y científica-popular a mi cargo.

Ese libro fue editado en 1979 —100.000 ejemplares— y hubo una reimpresión en 1985 con igual número de ejemplares. En 1989 logramos la segunda edición cubana, con el capítulo décimo sin la intervención de la comisión de censura. Simplemente entregué a la imprenta el texto diciendo que estaba aprobado. En la hoja de créditos dice: “Revisión técnica: Dr. Sc. Med. Celestino Álvarez Lajonchere, Dra. Mónica Krause Peters (mis apellidos en Cuba), Dra. Stella Cerruti Basso”.

El libro ¿Piensas ya en el amor?, de H. Brückner, fue igualmente ‘violado’. Sobre todo el capítulo referente a la homosexualidad fue modificado tanto que apenas quedaba algo del autor. En una nota que redacté —sin el permiso de Vilma Espín— traté de dar a los lectores y sobre todo al autor una explicación del porqué de la intervención.

En la página de los créditos dice: “(…) para la versión cubana se ha reelaborado el capítulo 12 y se han hecho cambios y adaptaciones a otros capítulos, atendiendo a sugerencias y consideraciones de representantes del Grupo Nacional de Trabajo de Educación Sexual … y a la especial revisión de una comisión del Ministerio de Educación”. (Énfasis de la entrevistada.)

Yo tengo la impresión de que Vilma Espín actuaba de manera tan incongruente —hoy expresando criterios de aceptación de la homosexualidad como una característica sexual normal de una minoría, mañana dando marcha atrás, condenándolos con todas las denominaciones de antes— porque estaba presionada por algunos sectores como por ejemplo por los dirigentes máximos de Educación.

Los prejuicios, las ‘verdades absolutas’: “los homosexuales son perversos peligrosos que corrompen la sociedad” y “los homosexuales lo son por haber recibido una educación inapropiada en su infancia”, es decir, “la culpa la tienen los padres” y “hay que reeducarlos”, abundaban entre ellos.

Vilma Espín tuvo que enfrentarse a muros casi inquebrantables. No debe haber sido fácil para ella mantener su posición si la mayoría del Comité Central del Partido estaba en contra. Entiendo que ella habrá tenido que actuar con mucho cuidado para no sufrir el desprestigio.

Ella me instrumentalizó y yo permití que lo hiciera. Me fascinaba mi trabajo. Ella me había dado facultades y poderes que difícilmente haya recibido otra persona, pero tengo que admitir que este vaivén a menudo me ha decepcionado, mermó mis energías y a veces me daba miedo.

¿Qué instrucciones recibían los sexólogos para abordar el tema de la homosexualidad?

Las instrucciones eran claras y concisas: por orden de Vilma Espín yo debía aportar el máximo posible de información científicamente fundamentada, pero ella prohibió terminantemente la publicación. Pasaron años en este estado contradictorio.

¿Tenía usted posibilidad alguna de criticar abiertamente las leyes y reglamentos discriminatorios contra los homosexuales? Al respecto, ¿se tuvieron en cuenta alguna vez vuestras recomendaciones?

Yo violé la orden varias veces, porque no podía respetarla. La primera vez con la entrega —sin consulta previa a Vilma Espín— del manuscrito no censurado de la segunda edición de El hombre y la mujer en la intimidad. Vilma no se dio cuenta y no me pasó nada.

La segunda vez, ofrecí mi colaboración a Graciela Sánchez, de Puerto Rico, que realizó el documental sobre la homosexualidad en Cuba No porque lo diga Fidel Castro [1988], trabajo de grado de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. No solo le presté los equipos del CENESEX, sino también tomé posición como directora del CENESEX, haciendo declaraciones, un llamado al cese de la discriminación, a la marginación, a la criminalización de los homosexuales.

No informé a Vilma Espín de mi transgresión. Ella conoció de mi falta porque el documental fue premiado como mejor trabajo de diploma y —de acuerdo con la costumbre de la Escuela de Cine de exhibir en los cines públicos de Cuba los trabajos premiados— se exhibió. En la primera exhibición se produjo un escándalo.

Se retiró de los cines, pero ya el impacto era un hecho. Vilma Espín estaba indignada, y a mí solo se me ocurrió responderle que yo no había violado la orden, tratándose de un trabajo de diploma y que no podía haber sabido que la película pasara por cines cubanos.

Su réplica: “No solo pasó por el cine cubano, sino que se proyectó en los EE UU, en Europa Occidental y en América Latina”.

Para mis adentros me puse muy contenta, pero al mismo tiempo sabía que no debía abusar de la paciencia y de la protección que me brindaba Vilma Espín. Esta película formó parte de nuestro material didáctico.  Es decir, fue enseñada a todos los participantes de cursos de postgrado. Y no solicité el permiso de Vilma Espín para hacerlo.

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Junto a Vilma Espín y una visitante extranjera, La Habana, 1984.  Cortesía de la entrevistada.

La tercera transgresión fue una entrevista que concedí a un periodista de la revista Alma Mater. Por supuesto que preguntó también sobre el tema prohibido. Le expliqué que no tenía autorización de hacer declaraciones públicas sobre el tema de la homosexualidad.

El periodista opinó que este artículo sería escrito por él y que debía ser publicado durante las vacaciones de verano —cuando la censura no se encuentra en su puesto. Manifestó que tendría mucha esperanza de que la publicación se realizara sin alteraciones.

Le repliqué que sin o con “censura” yo no tenía permiso de publicar nada sobre este tema. Su respuesta: “Déjeme el asunto en mis manos, que yo me responsabilizaré…”.

Yo seguí hablando —sin freno— y el artículo se publicó sin cambiar ni omitir nada respecto al tema prohibido. Si bien recuerdo: termino diciendo que, si la homosexualidad pudiera cambiarse recurriendo el (la) afectado(a) a la voluntad, en Cuba no habría ni un solo homosexual, pues ¿qué persona con dos dedos de frente aceptaría, voluntariamente, ser discriminada, vejada, excluida de la sociedad, degradada, humillada, si de su voluntad dependiera cambiar esta situación? ¡Nadie!

Esta vez la ira de Vilma Espín no tuvo límite. Mi explicación, mis pretextos, me sonaban ridículos a mí misma. La revista desapareció de los estanquillos en cuestión de minutos. Tuve la gran suerte de que el artículo desencadenara debates a todos los niveles de la UJC.

La dirección de la UJC solicitó a Fidel Castro una revisión de la vigencia de la Resolución y que les orientara cómo proceder. Fidel Castro pasó a Vilma Espín el asunto, con el encargo de procurar la solución. Y Vilma Espín me dio la orientación de elaborar, junto con el Dr. Álvarez Lajonchere, un documento de toma de posición. Esto sucedió en verano de 1990.

En septiembre del mismo año, Vilma Espín convocó una reunión con representantes del PCC, de la UJC, de los medios masivos de comunicación, del Ministerio de Educación, del Ministerio de Salud Pública, de la Facultad de Psicología (no recuerdo si participaron otros más). Se decidió iniciar un trabajo mancomunado en torno al tema de la homosexualidad.

Se responsabilizó al CENESEX —cuya directora era yo en aquel entonces— a apoyar a todos los ‘organismos afectados’, a elaborar documentos que sirvieran de base para el trabajo de publicación, de programas de educación, etc., y de vigilar el correcto cumplimiento de la labor. Sin embargo, Vilma Espín y el Ministerio de Educación mantuvieron una posición muy reservada y restrictiva, que solo cambió con mi sucesora Mariela Castro Espín.

La publicación del libro El hombre y la mujer en la intimidad, de Siegfried Schnabl ha sido definida como señal de que la homofobia institucional fue erradicada como política de Estado. Según tengo entendido, la distribución de ese libro estuvo limitada a profesionales de la salud y, si bien el autor subrayaba que la homosexualidad no constituía una enfermedad y que los homosexuales debían ser respetados como personas, en otras partes del libro se deslizaban párrafos homófobos. [i] En su opinión, ¿qué representó la publicación de ese libro en Cuba? ¿Quién velaba por este tipo de publicaciones? ¿Enfrentaron algún escollo?

No sé quién dijo que El hombre y la mujer en la intimidad haya significado el fin de la homofobia institucional, pues el solo hecho de que tratara ‘el tema prohibido’ no es suficiente para llegar a esta conclusión, máxime si se tiene en cuenta que el susodicho capítulo fue cambiado, censurado, y solo la segunda edición, de 1989, se publicó con el texto nuevo.

Es cierto que el libro —la primera edición de 1979— fue distribuido a profesionales de la salud, de educación, a estudiantes de medicina, psicología, pedagogía, sociología y a funcionarios. Esta medida fue necesaria porque en Cuba no había publicación alguna que tratara el tema de la sexualidad humana desde todos los puntos de vista.

El libro debía, en primer lugar, llenar un vacío, y debían tener acceso a él todos aquellos cuya labor profesional tuviera que ver, de algún modo, con la educación sexual y con la orientación y terapia sexuales.

El hecho de que de la imprenta desapareciera una paleta de libros que se vendieron a sobreprecio en el Parque Central de La Habana —¡y volaron! —, y el hecho de que en muchos lugares en la capital como también en provincias se vendieran sin ‘el cupón’, le dio al libro una característica casi clandestina que en realidad no tiene.

También quedó evidente que la población estaba necesitada de recibir información. Yo estaba al cargo de la búsqueda de literatura apropiada y Vilma Espín me responsabilizó con todos los trabajos correspondientes: negociación y coordinación con el Instituto del Libro (Editorial Científico-Técnica y Editorial Gente Nueva); velar permanentemente por el cumplimiento del cronograma; realizar el trabajo de revisión de las traducciones o traducir yo misma; realizar junto con el Dr. Lajonchere la revisión técnica y ayudar en la imprenta a elaborar las ilustraciones.

Vilma Espín velaba por todas las publicaciones sobre sexualidad y se reunía con personas que, de acuerdo con su criterio, debían dar sus opiniones al respecto —yo las llamo despectivamente ‘la censura’—, que constituían realmente los escollos más grandes.

No puedo responder el acápite de la pregunta con una cita literal de Schnabl, que debe encontrarse en la página 329, otra en la página 330, pues solo está a mi alcance el libro de la segunda edición, que solo tiene 314 páginas.

Es probable que Schnabl se haya expresado en una versión vieja de su obra de la manera que usted describe. No solo Vilma Espín fue capaz de revisar totalmente su actitud frente a la homosexualidad, también los sexólogos de otros países ‘modernos’ han tenido que cambiar sus criterios y sus actitudes.

En 1988 se practicó la primera operación de cambio de sexo en Cuba. ¿Cómo reaccionó el gobierno a esta operación? ¿Cuál era la posición del CENESEX sobre la transexualidad?

No fue hasta finales del 1983 que pude conocer el programa tal vez más sólido y consecuente de tratamiento del transexualismo: en Suecia, donde pude realizar un viaje de estudio, financiado por la SIDA (Swedish International Development Agency), se me permitió conocer todas las instituciones que participan en la implementación del programa de reasignación de género.

El Dr. Bengt Nylen, jefe del equipo de cirugía de reasignación de sexo en el Karolinska Hospital de Estocolmo se ofreció a realizar la intervención quirúrgica de transexuales cubanos y a capacitar a los cirujanos, sin cobrar. Solo solicitó poder pasar unos días de vacaciones en Cuba después de realizado el trabajo.

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Consejo Científico de la Asociación Mundial de Sexología, 1989.  Sentada, segunda desde la izquierda, Monika Krause.  Cortesía de la entrevistada.

Vilma Espín recibió toda la información con satisfacción y nos encargó al Dr. Lajonchere y a mí elaborar un proyecto de programa sobre el transexualismo.

En el momento indicado tratamos de contactar al Dr. Nylen, y recibimos la terrible noticia de que había fallecido, víctima de un accidente. Esta situación significó un gran paso para atrás, un freno de nuestra labor y un golpe fuerte para los candidatos a ser sometidos a la intervención quirúrgica.

Cuando en Cuba se produjo la primera intervención quirúrgica de reasignación de género, se estaba celebrando una reunión del Comité Nacional de la FMC —yo era también miembro del Comité— y alguien sacó a discusión la noticia de la intervención quirúrgica practicada por primera vez. Yo estaba una vez más en el banquillo de los acusados. “¿Cómo pudiste autorizar esto sin consulta previa?” —se me reprochó una y otra vez.

El asunto es que yo no sabía de la operación. Lo supe cuando ya estaba hecha. Conozco al cirujano, un urólogo muy competente. Pero el actuó sin coordinar el asunto conmigo ni con el Dr. Lajonchere. Tampoco él conoció el programa sueco que estábamos aplicando —en una versión adaptada— en Cuba. El desconocía que la cirugía debe ser el último paso, por lo menos debían pasar dos años de “vida en el rol del otro género”.

Esta etapa de dos años es sumamente necesaria, porque sirve para demostrar la condición de transexual del (la) afectado(a). La medida se debió también al hecho de que en Cuba, con la homofobia extremadamente agresiva, muchos homosexuales se declararon “transexuales”, porque la prensa había hecho declaraciones en el sentido de que los transexuales —a diferencia de los homosexuales— no son “desviados”, sino que nacieron con un sexo que es incompatible con el sexo psíquico y necesitan una reasignación quirúrgica.

La intervención quirúrgica debe ser el último paso porque es irreversible. Una vez quitado el pene y los testículos y fabricada una vagina artificial, no puede fabricarse un pene nuevo. Y si una persona supuestamente transexual no ha realizado la prueba más importante —que es vivir por lo menos dos años en su papel de persona del otro sexo, con el control y la evaluación de personal (psicólogo o psiquiatra) calificado—, existe el peligro de que su condición de transexual no quede demostrada.

En Cuba no encontramos condiciones idóneas para someter a los candidatos a la prueba descrita, que lleva implícita varias medidas: facilitarle una vivienda en otra provincia; facilitarle un trabajo en su nueva sede; mantener discreción absoluta, de forma que nadie en el nuevo entorno del candidato conozca de su problema; y facilitarle un tratamiento permanente con hormonas y las facilidades de realizar la epilación duradera.

El debate sobre la homosexualidad, la igualdad entre géneros o la no discriminación, sigue hoy activo en todas las sociedades, incluidas las europeas y las de democracia madura. ¿Cree usted que Cuba tiene algo que aportar al respecto?

Es cierto que el debate sobre la homosexualidad, la igualdad entre géneros o la no discriminación sigue ocupando espacios importantes en las agendas de muchos países. Según mis conocimientos, los países escandinavos reportan los mayores éxitos. En los países de la Unión Europea, el aspecto legal está resuelto —al igual que en Cuba—, pero la realización de los objetivos sucede a niveles diferentes.

Interesante para mí fue conocer los logros de España en los últimos veinte años, en cuanto a la igualdad, los derechos y la salud reproductiva de la mujer, la despenalización y los derechos de los homosexuales han alcanzado niveles impresionantes.

Rusia —país con una homofobia escandalosa— no reporta ningún cambio en lo tocante a la homosexualidad y tiene resultados muy pobres en lo referente a la igualdad, a la no discriminación. No voy a referirme a la situación en África, la India, los países de religión islámica, ni a América Latina, porque no pienso escribirle un libro, respondiendo a sus preguntas.

Es interesante saber que en la RDA, antes de caer el Muro en 1989, se quitó del Código Penal la ley que castigaba la homosexualidad. En la RFA esto sucedió dos años más tarde. También es interesante conocer que en gran cantidad de los Estados de EE UU la homosexualidad sigue siendo un delito.

Es posible que Cuba pueda aportar algo en lo que a igualdad de géneros, a la no discriminación y a la disminución de la homofobia se refiere, sobre todo en América Latina, pero no se crea que con discursos, cambios de leyes y con disposiciones pueda lograrse el fin de la homofobia. Y en Cuba, como en muchos países de América Latina y África, en Rusia (hay leyes violentas que castigan la homosexualidad ) y en muchos países europeos la homofobia está muy profundamente arraigada.

Para el logro de cambios son necesarios esfuerzos mancomunados de toda la sociedad, y el ejemplo vivo de los políticos tiene gran importancia.

En Alemania, el Ministro de Relaciones Exteriores es homosexual, numerosos parlamentarios lo son, el alcalde de Berlín lo es también. En los últimos veinte años se ha producido un cambio tremendo en la actitud de toda la población frente a la homosexualidad. Según la ley, los homosexuales pueden casarse, pueden adoptar niños, tienen los mismos derechos que los matrimonios heterosexuales. Y no existe ya la homofobia ni abierta ni encubierta que todavía se observaba hace treinta años.

Hay un ambiente muy franco al respecto: la prensa, la TV, el arte, todos los sectores participan. Difícilmente encontrará un maestro que se atreva a manifestar su homofobia —si la tuviera. No obstante, creo que la homofobia nunca desaparecerá del todo. Quedarán residuos y mucho depende del trabajo que realicen los homosexuales ellos mismos.

Para poder actuar necesitan, sin embargo, la autorización de formar asociaciones, o partidos, o como quiera llamárseles, que reciban el apoyo político y también el respaldo en cuestiones legales. En muchos países europeos, este trabajo de los homosexuales, por ejemplo, en asociaciones o en clubes o agrupaciones de interés, tiene una importancia enorme.

En Cuba no se permite este tipo de agrupación, no hay espacio legal ni el apoyo político, que se reduce a declaraciones, discursos, al cambio formal de alguna ley que está sobre el papel, que lo aguanta todo.

Me sorprendió leer en su libro autobiográfico Monika y la Revolución que en la década de los 80 muchas mujeres y hombres cubanos ni siquiera conocían la naturaleza del orgasmo femenino. Esto contrasta ampliamente con el imaginario de la cultura popular cubana: “machos” que se creen “máquinas sexuales” y mujeres con fama de “calientes” y liberadas. ¿Pone usted fin al tópico y al mito?

Efectivamente, muchas mujeres y hombres cubanos desconocían “la naturaleza del orgasmo femenino”. En miles de cartas recibidas, en mis programas radiales de debate “en vivo y directo” (Radio Rebelde) conocí esta situación.

A raíz de la publicación de En defensa del amor, de S. Schnabl, recibí no solo amenazas de hombres airados por haber “echado a perder” a sus mujeres, por haberles hablado de algo de cuya existencia (el orgasmo) ellas antes ni siquiera sabían, sino también se quejaron muchas mujeres.

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Monika Krause en 1961.  Cortesía de la entrevistada.

Ellas no querían que les metiera el diablo en el cuerpo, que estas cosas del orgasmo, del placer —tal vez era algo real en Alemania, pero en Cuba, por Dios— no sigas hablando estas tonterías: las mujeres tienen el deber de estar a la disposición de los hombres; ellos necesitan satisfacer su necesidad sexual, las mujeres tienen que estar a la disposición de ellos, sino ellos se enferman. Y no solo opinaban así mujeres de edad avanzada, no, jovencitas, alumnas de pre o de institutos tecnológicos.

En las consultas de pareja, de toda Cuba recibimos la confirmación de esta situación. Es cierto que los cubanos se consideran los machos omnipotentes, las máquinas sexuales que funcionan a toda hora, pero la calidad de este rendimiento para la pareja, o sea, para ambos, yo la sigo cuestionando. (Lo cual no quiere decir que todas las mujeres cubanas desconozcan o no hayan experimentado orgasmos.)

Es cierto también que en Cuba, en los últimos veinte años se ha observado un relajamiento de la ética y de la moral sexual, del nivel de responsabilidad en la pareja, un auge de la prostitución.

Yo no diría que estoy poniéndole fin al tópico y al mito, sino que debería hacerse una serie de investigaciones, de estudios, para poder encontrar respuestas relevantes a los muchos mitos y a las verdades a medias, así como a la situación real.

También es un hecho que, tanto en cartas como también en debates radiales, he recibido muchos mensajes de agradecimiento, de satisfacción por haberse editado en Cuba libros con información muy importante y valiosa, por haber publicado artículos, por haber hablado en debates y haber respondido preguntas “difíciles” por escrito o hablando en la radio.

En 2000, el CENESEX comenzó a ser dirigido por Mariela Castro Espín -hija de Raúl Castro y Vilma Espín- y cobró una importancia política inusitada, desconocida para centros de estudios semejantes en otros países. Un año después y siguiendo una directiva del Comité Central, a ese centro se le encomendó la tarea de desmentir las denuncias de persecución a los homosexuales, y de trabajar a favor de estos.
Como algo paradójico, el mismo régimen que los reprimió, acabó desarrollando políticas de Estado como la autorización de operaciones de cambio de sexo, jornadas contra la homofobia, un proyecto de ley para uniones civiles (todavía no aprobado), entre otras medidas… ¿Qué opina de la labor de Mariela Castro al frente del CENESEX y de esa operación de lavado de cara?

Mariela Castro es una mujer inteligente, posee una formación profesional sólida y ha lanzado a debate en ‘la cúspide’ la cuestión de la homosexualidad. Esto lo encuentro bien, pero —y aquí tenemos otra vez un pero— a la par de cambios de leyes y disposiciones y reglamentos, continúa la homofobia bajo los más diversos pretextos.

La homofobia está arraigada en la ‘cúspide’, y la población cubana se caracteriza por ser eminentemente homofóbica y se ha visto respaldada por los jefes en el poder durante decenios. Mariela tiene el respaldo del padre —que también ha desempeñado un papel importante en lo referido a la cuestión de la homosexualidad en las fuerzas armadas.

A cada recluta se le practicó no solo un examen médico sino también se le entregó un cuestionario, con el objetivo de asegurar el mantenimiento de la limpieza del ejército de homosexuales. Una vez encontrada la condición homosexual de un recluta, se le archivó para siempre, se le excluyó del servicio y se le dio un documento que tenía que enseñar obligatoriamente cada vez que solicitara un trabajo.

Este papel constituía la barrera más infranqueable en cualquier centro de trabajo. Al mismo tiempo estaba vigente la ley contra la vagancia. Al ‘vago’ que no trabajaba, se le castigaba; al homosexual se le castigaba doblemente, pues por ley no tenía acceso al trabajo y por ley tenía que trabajar. ¡El surrealismo cubano!

Volviendo al trabajo de Mariela, me parece que se están centrando las actividades, la labor del CENESEX, en la cuestión de la homosexualidad y de la transexualidad, como si Cuba no tuviera miles y miles de problemas que afectan a una gran parte de la población: el embarazo en la adolescente, el problema de las madres-niñas, el problema del aborto, el problema de la inestabilidad de la familia cubana, de los elevadísimos índices de divorcios, del relajamiento, de la promiscuidad, del alto índice de enfermedades de transmisión sexual, del SIDA, de la falta de responsabilidad, de los baches en el suministro de medios anticonceptivos, de la falta de continuidad en el trabajo de calificar a especialistas para el funcionamiento de los centros de orientación y terapia en todo el país, la falta de medios de información actualizada para especialistas…

La revista del CENESEX es excelente, pero ¿cuántas personas tienen acceso a ella? La internet ofrece posibilidades incontables para recibir información y para intercambiar experiencias, pero ¿cúantos profesionales tienen acceso? ¿Cuántos cubanos —viejos o jóvenes— tienen acceso?

Preocupante es también la situación referente a la prostitución. Niñas, mujeres profesionales, jóvenes, homosexuales, se están prostituyendo. Excepto reprimiendo, persiguiendo, encerrando a las (los) prostitutas(os), no veo otras medidas para erradicar este problema.

Efectivamente, la prostitución es otro de los temas sociales candentes en la sociedad actual cubana. ¿Cuáles cree que son las claves para entender el fenómeno de la prostitución en Cuba?

A mi entender, las claves para entender el fenómeno: falta de ingresos, falta de perspectivas no solo para los jóvenes sino también para las muchísimas personas desempleadas, incluso para muchas mujeres profesionales; a menudo, prostituirse con turistas extranjeros es el medio más fácil de conseguir “una lasquita de la torta”. Una economía, infraestructura desastrosas y destruidas —todo esto contribuye a que surja una sociedad enferma. Y para mí, la sociedad cubana está gravemente enferma.

Cuando se crea el CENESEX en 1989, usted se convierte en su primera directora; un año después sale de Cuba. ¿Cómo pudo regresar a Alemania?

Regresé a Alemania con mis dos hijos, aprovechando una conferencia internacional en Rostock, que me habían autorizado un año antes. Mi hijo mayor estaba trabajando en Nicaragua, viajando a La Habana con frecuencia. Tenía pasaporte de servicio, con permisos de entrada y salida no limitados. El problema era mi hijo menor: no tenía pasaporte ni pasaje ni documento alguno que le permitiese viajar al extranjero. Como nació en La Habana, no le sirvió para nada su pasaporte alemán, era preciso conseguirle un pasaporte cubano.

Aproveché las buenas relaciones con Vilma Espín a quien le pinté un drama familiar —mi madre de casi 80 años de edad, enferma y ya cerca de la muerte, había pedido ver a sus nietos antes de abandonar la tierra. (La verdad es que sí, mi madre ya estaba vieja y enferma, pero no tanto como para temer su fin. Y es verdad también que ella quería estar cerca de mí y de mis hijos).

Vilma prometió conseguirme los papeles necesarios y mi hermana, viviendo en aquel entonces en la RFA, me situó el  pasaje para el muchacho. A Vilma le dije que pensaba tomarme algunos días de vacaciones después de la conferencia y que mi hijo y yo regresaríamos a La Habana después. Fue la única y última vez que me vi en la necesidad de abusar de la buena voluntad de Vilma Espín. Claro, no tuve otra opción. No había alternativa.

¿Sigue al tanto de la evolución de las políticas sexuales y de género en Cuba en los últimos años?

Trato de mantenerme al tanto, aunque no de forma sistemática ni profunda. A fin de cuentas, le he dedicado a Cuba casi treinta años de mi vida, esto no se olvida ni se borra. Pero ya tengo 70 años y me tomo la libertad de disfrutar mi vida de jubilada.

¿Cree que algo ha ido avanzando frente al persistente machismo tropical?

Francamente, no sé qué decirle. Por un lado, Cuba tiene un Código de Familia como existen pocos o ninguno en el mundo. Pero —¡de nuevo!— la puesta en práctica está lejos, como de aquí a la luna.

¿Qué hace ahora Monika Krause? ¿Recuerda con nostalgia su época cubana, usted que trabajó tan cerca de las familias del poder?

Monika Krause vive ahora en un lugar paradisíaco, a orillas del Mar Báltico, en una ciudad que es la cuna de las casas reales de Europa. En un castillo, construido en medio de un lago, viven todavía hoy los integrantes de la familia real danesa, quienes, por ser bastante pobres, encargaron a la comunidad el mantenimiento del castillo, ofreciéndole a la ciudad el derecho de usar el edificio como museo y como escenario de actividades culturales diversas.

En cinco minutos de caminata estoy a la orilla del mar, en la playa. Lo único que limita el sentirse feliz en este rincón, es el clima. Hay muchos huracanes, muchos días de lluvia y oscuridad (de noviembre a marzo), pero también tenemos días de frío —como ahora, de 15 °C bajo cero—, sol, nieve: los niños patinando sobre los lagos congelados, las aves marinas sobre el fiordo de Flensburgo, que está totalmente cerrado.

Desde hace 13 años estoy nuevamente casada. Tengo un esposo maravilloso. Viajamos mucho. Sobre todo en la estación ‘fea’ del año, nos vamos a una de las Islas Canarias, dándole tiempo al invierno alemán a retirarse. Dedico mucho tiempo a la lectura —literatura especializada, las menos de las veces—: literatura contemporánea, nacional como internacional, donde ocupan un lugar cimero los Premios Nobel.

He descubierto una nueva ‘droga’: colecciono fósiles del Mar Báltico, del Mar del Norte, del Atlántico, y de todas las aguas que tengo el privilegio de visitar. Recuerdo a menudo mi época cubana, pero no con nostalgia, sino con el distanciamiento que permite la edad. Estoy viviendo la etapa más feliz de mi vida.

[i] Sobre los hombres homosexuales decía Schnabl: “Su andar suele ser gracioso: a pasitos cortos acompañados de contoneo. Muchos tienen el pelo suave y largo, la piel delicada y caderas relativamente anchas (…) Se considera que los homosexuales son muy sensibles, se ofenden con facilidad, son irritables, desequilibrados, fáciles de influir, nerviosamente inestables y hasta neuróticos” (pag. 329). Y sobre las lesbianas: “Las lesbianas activas conquistan y defienden a veces a su amante contra las competidoras, desplegando una gran agresividad en esto. Entre las mujeres homosexuales pueden darse violentas escenas de celos” (pag. 330).

Esta entrevista fue originalmente publicada en Diario de Cuba, el 24 de febrero de 2012.

entrevista: Jorge Valls

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Fotografía de Geandy Pavón.

“Esta es la playa de las ilusiones perdidas”

Manuel Zayas

Jorge Valls Arango pasó 20 años preso. 20 años y 40 días, para ser exactos.  El pasado otoño nos encontramos en casa de unos amigos del lado oeste del río que pone límite a la gran mole neoyorquina.  A medida que él hablaba uno se iba haciendo a la idea de un naufragio.  Hasta que lo definió:  “Esta es la playa de las ilusiones perdidas”.

A raíz del golpe de Estado de Fulgencio Batista, en 1952, Valls se metió de lleno en una lucha incesante contra la dictadura.  Nacido el 2 de febrero de 1933 en Marianao, él estudiaba la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana cuando en 1955 participó en la fundación del Directorio Revolucionario con el líder estudiantil José Antonio Echeverría a la cabeza.

En esta entrevista, Jorge Valls ofrece su visión del frustrado asalto al Palacio Presidencial en 1957, en el cual participaron varios miembros del Directorio; y rememora el juicio seguido a su amigo Marcos Rodríguez, acusado de ser el delator de cuatro de aquellos revolucionarios que buscaron refugio en un apartamento situado en la calle Humboldt 7, en La Habana.  La policía de Batista masacró en aquel edificio a Fructuoso Rodríguez, Joe Westbrook, Juan Pedro Carbó Serviá y José Machado.

Siete años después de aquellos sucesos, Marcos Rodríguez fue presentado como el gran traidor en un juicio público que tuvo mucho de purga y de espectáculo.  Fidel Castro aprovechó la oportunidad para limar asperezas entre las distintas formaciones revolucionarias y para consolidad su poder:  figuras claves del Partido Socialista serían por siempre defenestradas, enlodadas. Jorge Valls fue el único testigo que intentó defender la inocencia de su amigo Marquitos, fusilado en 1964.

A los pocos días de consumarse aquella condena a muerte, Valls fue sentenciado a 20 años de cárcel.  Por su liberación intercedieron el escritor inglés Graham Greene, que escribió una carta a Fidel Castro, así como el Pen Club de escritores franceses y los gobiernos de España, Venezuela, México y la Santa Sede. En prisión escribió el poemario Donde estoy no hay luz y está enrejado, que recibió el Premio de Poesía de Rotterdam en 1983.  Otros textos suyos son Mon enemi, mon frère, Veinte años y cuarenta días, sus memorias de la cárcel, y La paloma nocturna.  Valls falleció el 22 de octubre de 2015 en un hospicio de Miami.

Jorge, ¿cuándo empieza usted a tener conciencia política?

A mí me interesó la política siempre. Creo que desde niño. Yo estaba al tanto de quién salía, quién no salía, cuáles eran los partidos. La polis. Pero el 10 de marzo de 1952 yo caigo preso. El golpe de Estado de Batista sorprendió y perturbó a todo el mundo.

¿Por qué cae preso?

Porque intentamos forzar una huelga general.  Nosotros estábamos en la Universidad por la mañana.  Viene [Rolando] Masferrer y dice que va a traer armas para defender la Universidad.  Yo digo que con ese no se va a ninguna parte, que nos embarca.  Voy a almorzar y cuando paso como a la una o las dos (Masferrer vivía a dos cuadras de mi casa), me doy cuenta que ya Masferrer se ha entregado a Columbia.

Me detienen tratando de cerrar un comercio en la calle San Rafael.  Me llevan a la Tercera Estación.  Allí me dan mi primera tunda, me dejan en la celda, a medianoche me sacan para una segunda tunda. A un policía le caigo bien, y me lleva de comer y de beber. Al día siguiente me sacó. Cuando salgo, me encontré ya el mundo dividido.

Desde los años 20, la Universidad de La Habana gozaba de una autonomía que fue abolida con la llegada de Fidel Castro al poder.  ¿Esa autonomía ayudó a que ese fuera el centro neurálgico en la vida cubana de aquel entonces?

Claro.  Por eso la Universidad se convirtió en la colina sagrada, en el centro intelectual y sensible de Cuba. Todos los problemas de Cuba se discutían en la Universidad y la policía no entraba. Tú salías corriendo, te metías en la Universidad y la policía se tenía que quedar abajo. Se quedaba en San Lázaro. Y por la Universidad, aparte del profesorado y los alumnos, pasaron los mejores intelectuales de la época:  españoles, argentinos, peruanos.

El 26 de julio de 1953 Fidel Castro intentó asaltar el cuartel Moncada en Santiago de Cuba.  ¿Cómo recuerda aquello?

El Moncada tuvo que ver con gente hasta familia mía, pero política y estratégicamente nunca lo aplaudimos. Desde el punto de vista político, el Moncada no tiene sentido.  En esos días estaba por darse un atentado a Batista en Varadero.  En eso estaba implicado Fernando Aranda, que era muy cercano a mí.  Fidel era asiduo a la casa de Fernando Aranda, ahí prácticamente vivió, ahí le mantuvieron al hijo y a la mujer y a todo el mundo.  Y Blanca, la esposa de Fernando, tenía una fuerte devoción por Fidel.  Tenía una creencia en él. Fernando le contaba que cuando se va al atentado de Varadero, él no tiene a Fidel muy claro y le cuenta. Entonces él le dice:  “Si a mí lo que me interesara fuera mi poder y mi gloria personal, asaltaba un cuartelito en cualquier lugar y con lo que pase van a tener que contar conmigo después”. Fidel cogió y asaltó el Moncada.

¿Y qué sucede con el atentado a Batista en Varadero?

El atentado falla. Todos los magnicidios tienen una dosis de destino extraordinario.  Yo sé hasta de un atentado a Batista en que la bala no salió del fusil. Se le tiró. Fue en el cementerio de La Habana y cuando la persona disparó, la bala no salió. Entonces yo acabé con la superstición de que no, que el magnicidio no era posible.

¿Esto lo organizó Fernando Aranda por su cuenta?

Fernando Aranda dice eso y él está en la conspiración de Varadero.  Pero él no tiene mucha confianza en Fidel. Fidel va Oriente y ataca el Moncada, sin contar con la gente revolucionaria de Oriente. Tan así que cuando están asaltando el Moncada, la gente revolucionaria, Antonio Sagaró, que era muy cercano a mí, piensa que es un conflicto dentro de los propios soldados.

Según testimonios, Fidel Castro no disparó ni una bala en el Moncada, tuvo problemas con el carro, se perdieron otros integrantes del asalto…

No, el intento del asalto.  [Fidel Castro] Iba en el automóvil y todas esas cosas.  Pero estratégicamente, ¿quién toma el Moncada qué? El mito del [Movimiento] 26 de Julio es tomar el Moncada, entonces cae Santiago, si tomo Santiago, tomo la provincia de Oriente, y si tomo Oriente, llego hasta La Habana. Pero todo eso es el cuento de la lechera. Eso no tiene pies ni cabeza.  Por otra parte, si Batista donde está es en Varadero, donde hay que partirle el alma es Varadero, no en Santiago.

¿Cuál era entonces su percepción sobre Fidel Castro?

La mentalidad suya es fascista.  No es comunista ni remotamente.  O sea, en una discusión de ideas, sobre programas, tesis de sociedad, Fidel lo mismo hubiera sido de derechas, de izquierdas, que cualquier cosa. Ideología política él nunca tuvo, ni creo que la tendrá.  Un día se apareció en casa de Blanca del Valle con el Mein Kampf de Hitler y el abreviado de El Capital de Marx. Entonces, Blanca le dijo: “Bueno, tienes que definirte”.  “Yo no sé lo que tengo que ser, pero tengo que llegar de cualquier manera”. Ese llegar de cualquier manera nos resultaba repugnante.

¿Y usted se consideró alguna vez amigo suyo?

No. Yo conozco a Fidel, pero no puedo decir que tengo amistad con él.  Por ejemplo, Naty Revuelta… Ella dice que fui yo quien le presenté a Fidel.  Yo nunca me acuerdo de esa anécdota. Yo no voy a desmentir a Naty, que es amiga mía y nos conocíamos desde muchachos. Naty vivía en la calle 11 y 8, y yo vivía en 13 entre 6 y 8.  Naty era una gente maravillosa. Yo creo que en toda esta construcción histórica, porque al final acaba siendo historia, hay un tramo que tú no puedes distinguir nunca entre la realidad y la leyenda.  Como siempre hay algo que tú desconoces, ese espacio desconocido se llena con la leyenda. Yo no tengo la más mínima memoria de eso. Naty dice que sí, que estábamos en una reunión revolucionaria y que estaba Fidel y que yo se lo presenté.

¿Cuál fue el objetivo de crear el Directorio Revolucionario con José Antonio Echeverría? 

El Directorio Revolucionario se crea en 1955 cuando la lucha universitaria.   Estamos en un trabajo de unir a todos los grupos y de crear una dirección única.  Joe Westbrook tenía devoción por el Directorio del 30, una atracción histórica;  [Rafael García] Bárcena, también. Me acuerdo que Joe me dijo:  “Jorge, hay que crear el Directorio”.  Nos reunimos en el aula de la Escuela de Ciencias y se planteó eso.  Yo creía que se debía crear allí mismo. “Esto no puede ser así, esto es demasiado precipitado”, me dijeron.  Esta es la posición de Faure [Chomón]. Después salió el engendro que salió.  El manifiesto del Directorio que redacté yo decía eso: “No puede ser una organización más, tiene que ser el conjunto de la vanguardia revolucionaria”.

Yo creo que, desde 1952 en adelante, en Cuba ha habido un movimiento constante de derecha contra lo que fue el Partido Auténtico.  La Ortodoxia se convirtió en la guarida de toda la reacción.  Y el de Fidel era un movimiento, de entrada, casi ferozmente de derechas.  La idea del mundo obrero y campesino, eso no lo concebía el 26.  El 26 entendió que era Fidel y que había que seguir sencillamente lo que Fidel dijera.  Fidel se movía con una serie de acólitos en su adoración al caudillo, pero yo nunca recuerdo, salvo algún que otro artículo con demagogia, pero no recuerdo jamás en la vida tratar el tema campesino ni el tema obrero.  Ellos veían el mundo obrero y campesino como a los que había que darles una limosna para tenerlos al lado.  En cambio, el Partido Auténtico tenía una tradición en el mundo campesino, sobre todo la gente de [Ramón] Grau.

Valls by Claudio Fuentes

Fotografía de Claudio Fuentes.

Varios miembros del Partido Auténtico junto a otros del Directorio participan en el asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957.  ¿Cómo se involucró en todo esto?

El asalto a Palacio en su origen fue una conspiración militar con la que estableció relación Menelao Mora.  Yo era compañero del hijo y conocía a Menelao bastante, pero entonces este grupo militar dice que ellos estaban dispuestos a dar el golpe de Estado si les aseguran la muerte de Batista. Menelao decidió organizar la muerte de Batista, no como un atentado casual, sino como una operación de guerra. De ahí la idea de tomar Palacio y matar a Batista.

Hasta ahí había mucha gente comprometida con eso.  A la hora del cuajo, se rompieron las conexiones y buena parte de la gente se quedó fuera del asunto. Yo siempre he pensado que el asalto a Palacio falla precisamente por eso. Menelao era un tipo muy callado, muy hermético, muy valiente e inteligente, pero no soltaba prenda con nada.  Él mismo limpiaba las armas, él lo hacía todo.  Cuando llegó al grupo nuestro dijo:  “Bueno, esto es una acción suicida. ¿Cuántos están dispuestos?”. Nos sorteamos siete, yo estaba en eso. Entonces nos dijo: “¿Ustedes tienen lugar dónde acuartelarse?”

¿Quiénes eran los siete?

Ernesto Pérez Vidal, Fernando Soldevilla, Tirso Urdanivia… El caso es que teníamos una nave allá en la calle Xifré….  Teníamos una pistola por aquí, otra por allá, una cosa así. Se nos acuarteló y se nos dijo: “Bueno, les avisamos para entrar en combate”.  Empezó el combate.  Antes de eso a mí me habían dado la orden de buscar un arma allá en El Cerro. Yo voy a buscarla y cuando estoy por la Esquina de Tejas, uno me dice:  “Oye, pero tú ¿qué haces por aquí?” “Nada, lo que tengo que hacer.” “¿No sabes que están asaltando Palacio?” Yo tengo la idea de que me han dejado a mí fuera.  En aquella época, lo peor que le podía pasar a uno es que lo dejaran fuera de la acción.

Bueno, le salvaron la vida…

Hubiera sido bueno perderla.  Por lo menos sería gente ahora. El grupo entero había sido dejado fuera y la idea que tenemos es que estamos reservados, pues sabemos que hay dos acciones: la de Palacio y otra después, que puede ser [el cuartel de] Columbia. Esa noche yo la paso en casa de uno de los del grupo, en la calle San Lázaro. Después nos hemos quedado desconectados. Así se pierde una cantidad de armas en Marianao y después de eso lo primero que tienes que hacer es ver cómo te vas. Tienes que huir de la policía que te va a partir el alma, no te van a perdonar.

¿Cuándo se va a México?

Me voy a México casi seis meses antes de que caiga el poder en el 58.  Y me voy de esta manera:  caigo preso y me sueltan.  Entonces, yo que he estado clandestino tanto tiempo, creo que por una gestión del embajador de España, me ponen en libertad.  Me saca de presidio Rosa Ravelo, que me va a buscar como a las diez de la mañana allá al Príncipe, y me llevó fuera.  Tengo que hacer el papel de que estoy en libertad y que tengo que ser visto, pero yo sé que en cualquier momento aparezco con la boca llena de hormigas en el Parque Trillo.  Yo llevo a asilar a una gente y cuando me voy a ir, el canciller de México me dice: “Oye, ¿y tú qué? Tú sabes que te van a matar.  A ti no te van a llevar preso”.  Eso fue a las once y media del día.  Fui a casa, eché cuatro harapos en una maleta y a la una y pico estaba yo saliendo para México. Y México fue toda una experiencia.

Usted regresa a La Habana después de la huida de Batista, con el Gobierno revolucionario ya en el poder.  ¿Cómo encontró el país?

Ya habían cambiado muchas cosas, estaba la familia de por medio. Recuerdo que me van a buscar al aeropuerto y cuando llegamos a la casa todo el mundo está celebrando, y me quedo con la vieja en la cocina y le digo: “¿Para qué tanta celebración si lo que viene ahora es peor?”  Hay una cuestión: si tú estabas con Aureliano [Sánchez Arango], con [Carlos] Prío, Justo Carrillo, tú sabías que en algún momento tú ibas a la libertad, a la posibilidad de vivir. Con Fidel, no.

Poco tiempo después, a un amigo suyo, Marcos Rodríguez, lo llevan preso.  Lo acusan de  haber delatado a la policía de Batista el paradero de cuatro miembros del Directorio que participaron en las acciones armadas del 13 de marzo de 1957 contra la dictadura y que fueron masacrados en los sucesos de calle Humboldt 7.  ¿Cómo reacciona usted?

Cuando venimos de México, a Marcos lo detienen [por primera vez]. Yo voy a Columbia y hablo específicamente con Osmany Cienfuegos. Y le digo: “Quiero que esto se averigüe hasta el final”.  Me acuerdo que hay un policía [batistiano] que está preso que sabía de estos asuntos, entonces una amiga mía va a verlo, muy amiga de Marcos, y le llevó fotografías y él le dijo: “No, este no es”. Al amanecer ya lo habían fusilado.

Es decir, en un primer momento no puede probarse que Marcos Rodríguez fuera el delator de aquellos cuatro jóvenes revolucionarios y él se va al extranjero a estudiar gracias a una beca gestionada por el Partido Socialista Popular.

Sí. A Marcos le habían ofrecido una beca en Praga.  La última persona que habla con él es mi madre.  Marcos le dice a mi  madre: “Me han ofrecido la beca a Praga.  En Cuba, la madre de Joe no cree en mi inocencia, yo me voy para allá.  Pienso saltar a Francia cuando pueda”. Cuando llega, él se lía con la gente que va a hacer la Primavera de Praga después. Allí es donde lo cogen y a él lo cogen por el enredo ese. Lo traen a Cuba. Lo tienen tanto tiempo preso y después… Yo le estoy dando clases a una muchacha, que era amiga de una novia que tuvo Marcos. Por esta novia de Marcos sé que está detenido e incomunicado. Me empato con el padre. Él tampoco sabía nada. A Marcos lo tuvieron hermético todo el tiempo. Y cuando ya a Marcos lo presentan en público es un guiñapo humano. No podía sostenerse.  Algunos creen que él tuvo que ver con la delación. No tuvo posibilidad de delatar, porque ese apartamento estuvo bajo la custodia nuestra.

¿Quién formaba esa custodia?

El grupo mío era Fernando Soldevilla, Tirso Urdanivia…  El apartamento se alquiló para mí.  El apartamento se quemó.

¿Usted cree que la policía batistiana ya conocía de la existencia de ese apartamento?

Sí. Yo creí que había sido una equivocación, un error, y que la policía había seguido algún carro a la entrada y salida, porque cuando entregamos el apartamento sabíamos que aquello estaba muy difícil, pero fue mucha gente en una noche al apartamento. No tenía sentido aquello, fueron como seis o siete personas al apartamento, sabe Dios a qué. Al principio, pensé que era un error. Vigilaron un carro y cayeron allí. Después supe que había sido una delación porque la policía no violentó la puerta, entró con una llave.

¿Y es entonces que usted se presenta en el juicio? 

Conocemos los juicios de Cuba.  Cuando sabemos que él está detenido y lo van a presentar a juicio, yo me aparezco al tribunal y digo: “Yo voy a declarar aquí a cualquier precio”. Ese día me llevan preso a casa de Fidel. Fidel me interroga sobre mi estancia en México, mi conocimiento de Marcos en México.  Nada referente a lo que tenía que ver con la inocencia de Marcos. Cuando yo trato de meter esa baza, cortan el interrogatorio. Me sacan. Me llevan a la casa. Fidel es un interrogador policíaco. Él no te deja meter baza. Él te interroga como te interroga un policía, a ver por dónde te coge. Hubo una persona, un abogado, que dijo algo así: “La única declaración a favor y no se toma en cuenta”.

¿Con Osvaldo Dorticós tuvo algún tipo de contacto?

Yo fui a ver a Dorticós. Me acuerdo de una frase de Dorticós que me pareció repugnante: “No nos interesa la culpabilidad o inocencia de Marcos Rodríguez, sino las implicaciones políticas de este juicio”.

Desde que triunfa la revolución, Marta Jiménez, la viuda de Fructuoso Rodríguez, acusa a Marcos. ¿En qué se basaba la acusación? 

Jarabe de pisco de Faure [Chomón].  Ella no sabía nada de lo que había pasado ni cosa por estilo.  Insisten en Marcos. Cuando hay un muerto, la mejor manera de taparlo es con otro.  Si tú matas a una gente y después matas al que se supone que delató, cerraste el cuadro. Marcos no pudo físicamente haberlo hecho, yo hice esa investigación. La familia casi siempre forma el pensamiento por lo que tiene alrededor. Este es el caso de Marta. Yo no sé cómo piensa ahora, pero ella aceptó la versión que le dieron, porque la versión que le dieron eximía de sospecha a otra gente, que hubiera sido sospechosa.

En ese juicio, que fue televisado, usted fue el único testigo que defendió la inocencia de Marcos.  ¿En que se basó para defender su inocencia?

En el conocimiento que yo tenía de Marcos. Marcos era mi hermano, vivía en casa a veces. Y sabía perfectamente que aquello no era así. Minuto a minuto… Era imposible que Marcos lo hubiera hecho.

Usted quizá sea la única persona que cree en la inocencia de él.

No. Hay una persona que tiene escrita una versión que se ha despreciado siempre, que es Esteban Ventura [capitán de la policía batistiana y sicario]. Ventura tiene un libro en que habla de eso.

Sí, y menciona a Faure Chomón como delator…

Sí. Lo más probable. Yo no te puedo decir, no tengo la posibilidad de una afirmación completa como la tiene Ventura. Ahora, sí sé que Marcos no tiene nada que ver. Y que hubo mucho interés en matar a Marcos. Él cae preso en Checoslovaquia por conspiración con el grupo que va a hacer luego la Primavera de Praga. Lo mandan a Rusia y de allí a La Habana. Está incomunicado durante mucho rato. Marcos no era cómodo dentro de este medio. Primeramente porque era inteligente, culto, cosa no muy abundante en la época mía. En la época mía ser culto e inteligente en un varón era dudar de su virilidad. La energía viril se demostraba mientras más bruto fueras.

Precisamente ese fue uno de los temas que tocan en el juicio, donde se habla insistentemente de la supuesta homosexualidad de Marcos Rodríguez.  Fidel Castro alude a su debilidad de carácter y lo vinculan todo a un despecho contra los que se refugiaban en el apartamento de la calle Humboldt 7.

Nada de eso. Marcos estuvo enamorado de una amiga de mi hermana. Nunca llegó a nada con ella. No era homosexual. Prácticamente vivía en casa. Yo sabía de su vida y él de la mía. Después llegó la leyenda de embarrarlo, de convertirlo en homosexual, en delator, en esto y lo otro. Marcos hacía conspiración militar conmigo. Nunca se filtró un detalle.

Pero hay una confesión inculpatoria de Marcos Rodríguez…

Hay cuatro confesiones, creo. En Seguridad del Estado cualquiera confiesa que se comió a su abuela.  Si tú estás en Seguridad del Estado, no tienes contacto fuera de la Seguridad del Estado, no tienes posibilidad de abogado, ni de defensa, ni de ley, ni cosa por el estilo, tú acabas confesando que te comiste a tu abuela cruda. Hay un momento en que el grado, no es de acoso, es de desesperación, en que dices que sí a todo. Yo he estado preso más de una vez. Cuando tú estás en Seguridad del Estado, tú sabes que no hay nada, absolutamente nada en el cielo ni en la tierra que te pueda ayudar.

Una vez yo estaba en el G-2 de Santiago. Y al lado mío pusieron en una celda que tenía una reja encima a un individuo que viene del campo y que nunca había estado preso. Él se desespera. Trato de decirle algo, pero cuando el preso está así no le puedes decir nada, hay que dejar que se le pase. Que se le pase quiere decir que se ahorcó esa noche. Hay un momento en que el preso se desespera, no ve horizonte. Sabe que no hay horizonte. Y se ahorca. No es uno. Son muchos.

En el juicio, que se celebró después de tres años en prisión, salió a relucir que Marcos Rodríguez espiaba para el Partido Socialista Popular y se mencionan dos nombres claves de esa agrupación política: Joaquín Ordoqui y Edith García Buchaca, quienes lo habían acogido en su exilio en México.  

A final de año hay tanta gente de la dirigencia del Partido [Socialista Popular] presa.  Básicamente liquidan la cabeza del Partido.  Fidel nunca respetó al Partido. Para Fidel fue un cojinete, y lo utilizó, lo vapuleó, lo masticó y lo escupió.  El Gobierno cubano es retórico. Quiero decir, tú nunca puedes confiar en el discurso. Ellos te hacen un discurso muy bonito, pero después hacen lo contrario.  [Joaquín] Ordoqui era la gran cabeza del partido comunista.  Era una gente chévere. Y la Buchaca igual. Era gente en serio, comunista. Querían a Marcos mucho. Los dos eran tradicionales del partido comunista. Ordoqui se supone que haya sido el gendarme mayor del partido. Era gente inteligente, culta. Pero el partido se suma a Batista cuando yo estoy en contra [de Batista], se suma a Fidel cuando yo estoy en contra también. Yo vengo de otro horizonte.  En Cuba, el partido siempre fue hembra.  El partido nunca fue macho. Ellos siempre se arrimaron a alguien para ver cómo llegaban. Hubiera sido mejor quedarse solos, hubiera sido más respetable.

¿Cómo recibe la noticia del fusilamiento?

Estoy en la iglesia de Santa Teresa, en el Vedado. Llega un amigo, Silvino, que tenía contacto con un soldado de La Cabaña. Y me dijo: “Mataron a Marcos”. Ese era el clima de beligerancia, de que el que ganara la guerra tiene derecho de vida y hacienda sobre los demás. Así se hizo en Cuba. El que ganó la guerra, al que le tocó, le arrancó la cabeza, con causa o sin ella.

En 1964, a los pocos días de fusilado Marcos Rodríguez, a usted lo llevan preso. ¿Por qué?

Me acuerdo que cuando llego a la Seguridad me dicen: “Tú te has puesto en contra de nosotros, nosotros hemos decidido ponernos en contra tuya”.

¿Qué hacía usted?

Decía uno de la Seguridad que yo iba con una aguja hipodérmica inyectando a la gente contra el Gobierno. Yo estuve en contra de Fidel desde el primer momento. Yo nunca fui fidelista ni creía en esa bobería. Sigo pensando que el autenticismo fue la última expresión de democracia y libertad en Cuba.

¿De qué lo acusan, cuál es el delito que le imputan?

Conspiración y actividad contra los poderes del Estado.

Esa conspiración que usted llevaba a cabo, ¿contemplaba la lucha armada contra el nuevo régimen?

Sí.

¿Poseía armas?

En aquel momento no teníamos prácticamente nada. Teníamos alguna que otra pistola, pero no negábamos la lucha armada. El tema de la no lucha armada viene cuando la desproporción del poder es muy grande; es decir, ya cuando yo llevo tanto tiempo preso y han fracasado una serie de movimientos, ya entonces me doy cuenta que la lucha armada es una trampa. Al Gobierno le interesa que tú te alces, porque es la pelea de mono amarrado a león. Al Gobierno una denuncia, un tipo que le haga una huelga en la calle, sí le molesta porque es escándalo público. El Gobierno de Castro ha tenido la mejor publicidad y el prestigio mayor de la historia.  En el mundo moderno ha habido dos movimientos que han tenido un tremendo prestigio: uno es el nazismo, el otro, el castrismo.

A usted, ¿dónde le hacen el juicio?

En La Cabaña.

¿Qué tiempo duró el juicio?

Por la mañana y por la tarde y se acabó. A mí me dijeron: “Chico, aquí nada más hay dos posibilidades.  O condena larga o pena de muerte.  Prepárate para la pena de muerte”. Libré con 20 años.

¿Dónde cumplió prisión?

En La Cabaña, en la Isla [de Pinos], en El Príncipe, en Guanajay, en Boniato.

¿Cómo logró sobrevivir esos 20 años?

Día por día.  La prisión es nada más otro lugar donde estar. Tú haces tu vida allí. Hubo de todo en esos 20 años… Yo puedo vivir el tiempo que sea en el espacio que sea porque sencillamente… para mí el pensamiento era más importante. Uno se acostumbra a vivir donde lo ponen. No creo que uno escoja mucho eso. Yo no escogí nacer en Marianao. Yo caí ahí. El presidio lo escogí, pero no cuál de ellos. El peor trato era para los presos políticos. Requisas. Entradas a leña. El presidio es muy poco original.  Ahí hay solo dos posibilidades:  la jaula y entrada a leña.

¿Fue testigo de fusilamientos?

Auditivo, sí.  Desde la galera en que yo estaba no se veían los fusilamientos. Había un misterio… la audición. En el foso de La Cabaña hasta los pasos más leves tú los oyes. Vivíamos en una galera. Escuchábamos cuando se encendía la luz, cuando traían al preso, toda la parafernalia del fusilamiento, las últimas palabras del preso y, por último, la lechuza.  Había una lechuza que iba a por las carnazas del poste donde fusilaban o a la pared a arrancar las carnazas para comérselas.

¿Cómo lo ha acogido el exilio?

No necesariamente me ha entendido mucho. Y es lógico, ¿no? En última instancia, yo me defino como revolucionario. Ese es el punto de partida. El punto de partida de mi pensamiento es el conflicto entre la realidad inmediata impuesta y lo que yo considero que es lo que debe ser. Y ahí es donde viene la revolución. Pensaba que Cuba necesitaba un paso más. Pero todo sale como tiene que salir, no como uno quiere.

Esta es la playa de las ilusiones perdidas. En francés hay una palabra que a mí me gusta mucho para definir esta situación: l´épave. L´épave quiere decir lo que el mar bota. Esto es, en lengua marinera, lo que el mar arroja.

Publicado en Diario de Cuba.

Pasión y muerte de Calvert Casey (1924-1969)

Stazione Termini, Roma.
Por Roberto Fandiño

Aún no había cumplido los cuarenta y cinco años cuando le pareció que no debía seguir adelante y puso en práctica su viejo propósito de renunciar e irse. Dejaba tras sí una breve obra literaria que muchos han considerado un tesoro y la perplejidad de cuantos le conocimos y reconocimos en él un ser humano excepcional por su calidez y su ternura.

Nunca nos hacemos a la idea de que alguien tome una decisión como esa y con la misma angustiosa necesidad con que el protagonista de Notas de un simulador espiaba a seres en agonía –buscando desentrañar, en el instante mismo en que se produce, el misterio del tránsito entre la vida y la muerte o entre la vida y, tal vez, otra vida– nos preguntamos qué ocasiona y en qué momento ocurre la quiebra en que la existencia se renuncia a sí misma y se vuelve una contradicción. Como si el milagro de saberlo nos procurara el milagro aun mayor de la recuperación y pudiéramos tener de nuevo a Calvert Casey entre nosotros, resignado ya a la vejez (que odiaba), multiplicada una obra que tantas revelaciones más nos prometía y enriquecido nuestro intelecto por el trato fecundo con su inteligencia.

Este año se cumplen tres décadas de aquel fatal acontecimiento y su figura y su gesto se hacen presente ocupando los primeros planos de la conciencia, igual que siempre han estado en los rincones más profundos. El título de su primer libro, El regreso, define su constante. Y ahora lo hace cargado de recuerdos.

Yo no pude prever el desenlace cuando, desde un año y medio antes, viví sus atormentados pero felices días de Roma. Gianni llenaba completamente su vida. El verano, todavía reciente, había puesto a prueba aquel amor. El joven estudiante debía irse a su pueblo cerca de Bari donde siempre le esperaban sus padres y no había nada a los ojos de estos que justificara la visita de un extranjero, más de veinte años mayor que el muchacho y a quien no lo unía ningún vínculo aparente.

Aunque el visitante fuera sobrio, sencillo, sin sombra de afeminamiento y no hubiera ninguna razón en su apariencia para suscitar sospechas. El ambiente de ese villorrio en el Adriático debía ser intensamente homofóbico y Gianni se crispaba ante la más mínima posibilidad de que alguno de los suyos sospechara la índole de su relación con el cubano.

Pero todo un verano era demasiado tiempo sin verse y acordaron el día y la hora exactos en que, al atardecer, Calvert pasaría como un turista más por un determinado parque y se detendría a descansar en un banco donde, supuestamente por azar, estaría sentado Gianni. Conversarían como dos desconocidos. Y cuando ya hubiese caído la noche, cualquier observador indeseado vería al extranjero despedirse cortésmente y como agradeciendo la charla hospitalaria de un lugareño que lo puso al tanto de los pormenores de la región.

Más o menos, así ocurrió. Pero los que se fingían desconocidos se dijeron cuánto se amaban, lo atroz que resultaba la separación, las ganas inmensas de que las vacaciones terminaran para estrecharse de nuevo en el apartamento anónimo de la gran ciudad. Vean un gran plano general del parque de altos árboles y fuentes. Fíjense bien y descubran abajo y hacia un lado del encuadre el banco donde los dos hombres se dicen palabras de amor sin mirarse, temerosos de que el fuego de sus miradas los delate. El ambiente crepuscular refiere la tristeza que los abate; una mancha roja en el cielo, la pasión que los exalta; pero en el gran paisaje son sólo dos pequeñas almas desoladas.

Menos dolorosa resultaba la separación si Calvert realizaba uno de sus frecuentes viajes de trabajo a Ginebra contratado como traductor por las Naciones Unidas. Se hablaban por teléfono y alguna vez el viajero se llevó al joven consigo y, de allí, a París, a Londres.

Para las Navidades de 1967, que también Gianni debía pasar con sus padres, tuvo Calvert, sin embargo, la alegría de poder traer de Madrid a Emilio Castillo –su amigo más entrañable–, recientemente exiliado. “Sé que iremos juntos a Asís” –le había escrito siete meses antes, cuando Emilio estaba aún en Cuba– “y subiremos al huerto de San Francisco”. Efectivamente, fueron, y yo les acompañé.

Apenas regresamos a Roma en los primeros días del año, Emilio se marchó y volvió Gianni. Estuvieron muy unidos aquel mes de enero y se arraigó y se hizo habitual una forma peculiar de relacionarse muy de ellos, de amor intenso pero desapacible, atormentado.

En febrero del 68, también contratado por las Naciones Unidas, Calvert debió cumplir una misión en Delhi y, luego, en Teherán. De nuevo una prolongada separación. Calvert acaricia por unos días la ilusión de traerlo a la India. El día 2 me escribe a Roma: “Como a tu salud guayabas, zapotes, papayas, pero me falta Gianni como te podrás imaginar. Sé que la Universidad está cerrada y quizás eso le facilite la forma de venir, si suspenden por ahora los exámenes, al final de la conferencia o antes. ¿Lo has visto? ¿Cómo está? Sus dos cartas de la semana pasada me parecieron calmadas. Ojalá sea así.”

El viaje de Gianni a Delhi resultó imposible. Yo aprovechaba cualquier circunstancia para verlo, para apoyarlo, para compensar en alguna medida la ausencia de quien le creaba una gran dependencia. No era raro que Calvert lo amara, Gianni era un ángel. Sólo que era un ángel perturbado, un espíritu voluble, a veces oscuro y a veces luminoso, poseído por la cólera y la exaltación o dulce y depresivo, y de una rara inteligencia que, según me decía Calvert, a veces lo sorprendía con sus observaciones. Pero acabaría produciéndole tanto dolor como placer, aunque el placer que le causó fue mucho.

El día 22 me llega otra carta llena de preocupaciones:

“Qué me alegra lo de tus documentales y que vaya Gianni; mira bien esa cara que yo amo tanto; oye esa voz que me ha devuelto la vida.”
“Roberto: Necesito que hables seriamente con Gianni. Yo adoro a ese muchacho, daría mi idiota vida por su paz de espíritu (que no conseguirá sin gran esfuerzo y suerte). Háblale, trata de sacarlo de ese estado obsesivo que tú no conoces, pero yo sí. La India le hará bien, o Alemania o lo que sea, pero debe salir del círculo vicioso examen-fracaso-autocastigo. No le digas que te he escrito esto. Estoy ayudándolo pero me encuentro con la barrera de un gran complejo de culpa de parte suya, y mucho enredo mental y teoría.”
“Qué pena que no pueda estar un mes aquí conmigo, pero salir de Italia le haría bien.”

No salió de Italia, pero sí de Roma. Enfermó y se fue al pueblo con sus padres. Por otra parte, la Universidad continuaba cerrada. Fue un desastre aquel curso 1967-68.

A fines de abril ya Calvert está en Irán. Del 27 son estas noticias:

“El 15 regreso, llámame sin falta a eso de las 5 p.m. a casa, iré enseguida a ver a mi amor a Bari.”
“He pasado días desolados pensando en él, viendo nuestra relación perdida, tan difícil es a veces como la vida” […] “¿Qué me haré en Junio cuando tú no estés si Gianni no viene?”

Sólo tres días después me informa:

“Gianni se ha operado en estos días en Bari. No tendré noticias de él directamente en varios días. ME MUERO DE ANSIEDAD.”
“Cuando recibas ésta, ¿podrías llegarte a Piazza San Silvestro y llamar a su casa,” […] “hablar con el padre o la madre, decirle que eres Roberto, un compañero spagnolo de Universidad y que te digan cómo está y cuándo vuelve a casa.”

Gianni se las arregló para que pocos días después, inventando quién sabe qué pretextos relacionados con sus estudios, la familia no objetara su regreso a Roma. Al principio, la necesidad que tenían el uno del otro aplacaron las contradicciones y durante la tregua vivieron ratos felices.

Por aquellos días Calvert me pidió ayuda para que le alcanzara unos bombillos que almacenaba en una especie de barbacoa que había en el salón del apartamento. Insistió en traerme una escalera pero la rechacé: me subí en una silla y alcancé el sitio. Me preguntó por un pequeño frasco de barbitúricos que allí guardaba y cuando le aseguré que lo veía me explicó con toda naturalidad: “Son las pastillas con las que me voy a suicidar cuando llegue el momento.” Siguiéndole la corriente, le pregunté: “¿Y eso cuando será?” “No mientras mamá viva” –me respondió–. “No quisiera darle ese disgusto.”

No le creí. Hay personas que se cuidan de la indefensión pensando en la muerte como la gran protectora. Aún nombrándola “la iniquidad”, él mismo, al final de su cuento La ejecución, pone bajo su amparo al protagonista, Mayer: “tuvo, con más claridad que en ningún otro momento, la sensación de hallarse como una criatura pequeña e indefensa, en el vientre seguro, inmenso y fecundo de la iniquidad, perfectamente protegido –¡para siempre, se dijo, para siempre!– de todas las iniquidades posibles”. Pero, para la mayoría de estas personas esa actitud no representa más que el alivio que le proporciona a un cojo una muleta al andar y casi nunca llegan a encontrar una situación tan desesperada como para que consideren que vale la pena darle esa solución extrema.

En el caso de Calvert me parecía que gracias a su lucidez y a cierta sensualidad que no lograba asfixiar su carácter deprimido, no apelaría nunca a ella. Al final me demostró que aún siendo lúcido –para él tal vez era la lucidez mayor– se puede preferir la muerte a la vida, y que el suicidio no tiene por qué ser la respuesta a una situación desesperada. Él la vio, además, como una anticipación que le ahorraría los que suponía los peores momentos de la vida: la decadencia física, la enfermedad, la soledad… No llegó a saber nunca que el estado natural de la vejez es la felicidad.

A principios del verano se rompió la tregua pero, aún cuando las contradicciones eran constantes, se tomaron tanta piedad que las peleas terminaban en arranques incontenibles de ternura o en fuertes depresiones. En una ocasión quedamos en que yo pasaría a recogerlos por su apartamento para ir a ver un filme histórico que proyectaban en el Nuovo Olimpia, un pequeño cine, a escasas manzanas del apartamento, de intensa actividad homosexual y también cultural, por la calidad de las películas que exhibía. Cuando llegué, a la caída de la tarde, me encontré con Gianni que me esperaba para decirme que Calvert estaba con un ataque de depresión muy fuerte. Entré al cuarto y lo encontré tendido boca arriba, como un cadáver, con una sábana blanca cubriéndolo hasta el cuello. Él se contrajo al notar mi presencia y se puso en guardia esperando inútiles palabras de aliento. Yo me abstuve; me mantuve en silencio. Me senté a su lado y cuando bajó la guardia le pellizqué el dedo pulgar del pie y me puse a jugar con los otros. No lo esperaba. El estupor se convirtió en risa. Un rato después, bajamos a la tienda en lo que Gianni terminaba de ducharse y vestirse, pero al subir nos lo encontramos que yacía en la misma posición y cubierto con la misma sábana blanca en que antes estuvo Calvert. Sacó fuerzas sólo para decir: “Amore, andate voi. Io non posso, sono depresso”. (“Amor, vayan ustedes. Yo no puedo, estoy deprimido”). Para Gianni yo carecía de fórmulas.

El curso casi perdido de la Universidad por los desórdenes estudiantiles intentó normalizarse en el verano y el joven estudiante hizo el mejor de los esfuerzos para incorporarse y recuperar el tiempo perdido. Pero Calvert era un serio impedimento y para lograrlo debieron separarse. Gianni se fue a vivir a una pensión.

Como estaba previsto, en Junio me marché de Roma.

A fines de Julio, Calvert me escribe:

“Chato, ¿sabes que me has hecho una falta inmensa? He estado mucho mejor, todo parece ir aflojándose, liberándome yo de una obsesión que incluso llegó a hacerse aburrida, pero nos has hecho una falta terrible. Tú no sabes, yo que apenas te conocía cuando tocaste el timbre de la Via di Gesú e Maria por primera vez, lo que aprendí a quererte en Roma. Realmente, Roma sin ti no es Roma.”
“Gianni y yo parece que hallamos una fórmula bastante acertada; no vivimos juntos, eso me libera a mí de una tensión constante por su temperamento demasiado violento, y a él la sensación de hallarse comprometido demasiado pronto. Ha hecho cuatro exámenes muy brillantes y se va la semana que viene. Hemos estado juntos constantemente, de comiditas, compras y siesta, pero nos sentimos menos atados, y eso hará quizás que las cosas duren, aunque ya yo por mi parte le he dado a la Natura lo que me pide, y eso también me hace bien.”

Calvert lo amará hasta el último instante de su vida, pero ha tomado distancia. A partir de entonces seguirá formando parte de sus pasiones pero no de sus depresiones. Y Gianni, por su parte, tratará de cortar el cordón umbilical. Correponderá su amor, pero intentará liberarse –tal vez sin éxito– de una dependencia que a veces lo asfixia.

Apenas regresa Gianni junto a sus padres, Calvert se va solo de vacaciones a Pésaro y Venecia. “Escribí un capítulo bello en Pésaro, de la novela, que mañana trabajaré más y pasaré en limpio.” Se trata de Gianni, Gianni, una especie de exorcismo, sublimación y consagración de su amor por el joven, que escribe directamente en inglés, como si necesitara descontaminar su sentimiento de la inmediatez con que lo marcarían el español o el italiano y colocarlo en una región más neutra y pura.

Meses más tarde, en una crisis de aparente autorechazo, la entregará a las llamas y sólo se salvará el último capítulo, titulado Piazza Morgana, que hemos conocido a través de la magnífica traducción de Vicente Molina Foix. El tema es la entrega al amado a través de poseerlo totalmente cuando penetra en su sangre y recorre su cuerpo, degustando cada parte de él, sintiendo, a través de él, todo lo que él siente. “Estoy más tranquilo, la idea de Gianni no me abandona, creo que morirá conmigo; ojalá tenga el valor de llevarla hasta sus últimas consecuencias. Por lo menos será un destino aceptado, que nos eleva por encima del nivel del ganado que pasta hasta que vienen a buscarlo para la matanza.”

Confunde extrañamente “la idea de Gianni” con la idea del suicidio, que es la que podría llevar “hasta sus últimas consecuencias”, y la que lo elevaría, supone él, a la élite. Al joven no lo define como causa o razón de la acción sino como un altísimo objetivo a alcanzar, lo identifica con la idea de la muerte, de una muerte asumida. Es una treta para que ese objeto carísimo de su amor deje de ser un obstáculo. La cuenta regresiva ha comenzado.

Agosto fue un mes triste, mordido por la soledad.

“Tú escribías y no supe más de ti.” […]
“No me has dicho nada si has podido averiguar qué carajo le pasa a Guillermo:” (se refiere al escritor Guillermo Cabrera Infante, por quien sentía un gran afecto) “el colmo: le mando unas páginas de la novela y ni siquiera me contesta: por favor averigua esto”.
“El domingo salgo a Ginebra, trataré de no volver a Roma hasta enero. Si Gianni no está –y ya no estará más y si está nos hacemos un daño sin límites– no tiene objeto estar aquí. Quisiera llamarme Roberto Fandiño y ver en cada ser que pasa, en cada casa, un objeto de interés enorme; pero, ay, me llamo como tú sabes y no veo en este momento para qué estar aquí ni en ninguna otra parte.”

De regreso a Roma, en los primeros días de septiembre se va decantando su tristeza, se asientan sus ideas y se prepara para sufrir los rigores que siempre le depara Ginebra.

“No sé si Ginebra curará “la llaga”, más bien es ciudad que empeora todo por lo muerta que es, pero quizás por misterioso instinto de sobrevivir voy razonándolo todo: no podía ser de otra manera, Gianni no podía actuar de otro modo porque sus conflictos internos lo llevan a ser así, y yo otro tanto. De la evolución de esa llaga creo que dependen muchas cosas: una visión más profunda o más errada de la vida, un amor o un desamor mayor a los demás, o sea, puede ser creativa o destructiva, y por él, y por mí, yo quiero que sea creativa. Extraño ¿verdad? que un ser que para tantos pasa desapercibido entre la masa llegue a ser en un momento determinado la clave del futuro de otro.”
“Gracias a Dios, pasó la época de la amargura, (ni siquiera in mente), de la posesión y de la esperanza. Queda una oscura comprensión, que el tiempo irá ojalá haciendo clara, de las grandes presiones mentales que indudablemente deben actuar sobre él, y un deseo enorme de no empeorarlas.”
“Me gustaría tanto estar contigo en este momento, porque sin esfuerzo y sin tristeza te abrazaría y lloraría con una dulce pena y un profundo cariño por todos los goces y los sufrimientos del hombre, que son los míos y los tuyos y los de él y los de todos. Pero en el fondo, qué bueno ser así como soy, a pesar de que siempre he querido ser como tú, desde que te conocí. Creo que todo esto será creador, bueno, fecundo.”
“Me preocupa Gianni porque creo que su camino será más largo y más difícil que el nuestro. Pero nada podemos hacer para evitarlo; es su propio camino, su propio laberinto.”

No pudo cumplir su propósito de permanecer en Ginebra hasta enero, y en noviembre lo encontramos de nuevo en Roma en un sospechoso estado de serenidad.

El 8 de ese mes me escribe:

“Extrañamente, una relación que se caracterizaba por su dramatismo ha dejado de ser dramática, la de Gianni, y estamos sencillamente tranquilos, yo sobre todo. Se laureó con notas buenísimas, le aceptaron la tesis sobre Calvino, y ahora busca trabajo. No sé si porque yo anuncié mi intención de marcharme a Madrid en busca de una vida más vivible, lo cierto es que ha decidido quedarse aquí en Roma y todo está como si nada hubiese pasado. Como no espero nada, todo lo que llega está de lo más bien”.

Y un mes después, en diciembre 10:

“Gianni, como sabes, se laureó, lo llaman de todas partes para suplencias, es asesor de literatura inglesa de la revista Il Caffé, Einaudi le ha dado una prueba para traducir, otra colección de teatro le pide que cuide una edición. En fin, esa energía nerviosa, inmensa y agotadora se desvía hacia otros puntos. ¿Hasta cuándo durará tanta belleza? No lo sé y, francamente, no me preocupa. Estamos viendo films bellísimos de Pabst, Lang, Man Ray (de un surrealismo maravilloso), en el Film Studio. Un domingo hizo la maleta, anunciando que se marchaba. Yo tenía tanto sueño que le dije “cierra la puerta cuando te vayas, que hay cacos en el barrio”. Y me acosté a dormir. Cuando desperté roncaba a mi lado que daba gusto, deshecha la maleta. Ay, O´Neill, ay “Ligados”, ay Roberto Fandiño que lo ves todo…!”
“Por fin, no dejo la casa. La embellezco para cuando algún día vuelvas. Ahora estoy menos angustiado, Gianni me ayuda con los gastos.”

Este período será breve. Al fin, Gianni se marchará definitivamente. En febrero Calvert me confirma la decadencia de una relación que había empezado a hacerse monótona:

“Gianni te saluda; no, no te preocupes. Siempre nos vemos; hizo la maleta por quinta vez y se marchó por tercera vez; nos vemos a menudo pero en vivienda aparte; quizás esa era la dificultad; aunque no sé; te confieso que me fatiga mucho lo difícil de la relación y busco y hallo cosas ligeras sin complicaciones. Ve ahora a una médico –esto entre tú y yo exclusivamente– que parece ayudarlo. Por lo menos se graduó, trabaja, se paga la médico y la vida” […]
“Estate atento a la revista Insula que tiene un material mío, pero no la compres, es cara; no sé cuando saldrá. Il Caffé también publicará otra cosa mía y una traducción de Gianni del inglés al italiano, muy jocosa, que hizo entre ataques de complejos de inferioridad y crisis de desaliento, pero la hizo.”
“¿Cómo se llamaba aquella obra de O´Neill? ¿Ligados? Sí, esa misma.”.

Fue la última vez que me lo mencionó en sus cartas.

Gianni lo amó tanto como Calvert a él o tal vez más. Tres años después de la muerte del escritor debí viajar a Roma por cuestiones de trabajo. Por las noches salía a deambular y no perdía la esperanza de encontrármelo, y así ocurrió. En la Stazione Termini se concentraban jóvenes a fare la marchetta y, confundidos entre los numerosos viajeros, abundaban los hombres mayores que iban allí a contratar compañía y placer. Pero también frecuentaban otros de cualquier edad que se procuraban lo mismo sin que mediara entre ellos interés comercial. Una noche, por el largo pasillo, un Gianni envejecido apareció corriendo; estaba desencajado, flaco, sucio. Aunque lejos aún de los treinta, parecía tener los casi cuarenta y cinco que tenía Calvert cuando nos dejó. Pasó por mi lado sin verme. Casi grité su nombre, tanto para que no me ahogara la sorpresa como para llamar su atención.

Se volvió hacia mí y al advertir mi presencia reaccionó como si hubiésemos dejado de vernos la noche anterior, como si yo nunca me hubiera marchado y este encuentro fuera algo habitual. “Roberto,” –me dijo– “inseguo un uomo che sono sicuro sia Calvert. Lui mi fa queste cose: si fa vedere e poi fugge, ma questa volta non lo lascerò scappare. Ciao, caro, ciao.” (“Roberto, voy detrás de un hombre que estoy seguro que es Calvert. Él me hace estas cosas: se deja ver y luego huye, pero esta vez no lo dejaré escapar. Adiós, querido, adiós”). Me quedé estupefacto viéndolo alejarse detrás del desconocido. Un escalofrío me recorrió el espinazo. Nunca más supe de él.

Al salirse de su vida, Gianni dejó un vacío más grande aún que el que ya existía cuando vino a llenarlo. Mi buen amigo estaba ahora a la deriva, sin asideros, sin ilusión en lo que hacía, dejándose abatir por problemas que no eran, ni por asomo, tan graves como los que padecíamos la mayoría de los otros cubanos que habíamos abrazado el exilio por aquellos días.

En enero Seix Barral había publicado Notas de un simulador, pero eso tampoco llegaba a constituir un verdero estímulo. “Al fin leí las últimas pruebas de la novela. Fea portada, sin vida, un collage pálido y muerto; pensar lo que hizo Chago con los poquísimos elementos que tiene, pero tiene ah! imaginación.” (Se refiere a la edición de Memorias de una isla. Ediciones R, La Habana, 1964) “Menos mal que la contraportada es bella pues apareció al fin la foto que me hiciste en casa en Roma hace exactamente un año, donde me inspiro menos ESPANTO. Pasaba una mala época, pero salí muy bien.”

También se refiere a otros asuntos que le preocupaban por aquellos días:

“Bueno, díle a Ramoncito” (Ramón Suárez, el camarógrafo recién exiliado que me había acogido en su casa para evitar que yo durmiera en la calle) “que al fin resolví lo de la residencia en España. Y a ti también. Juan” (el pintor Juan Tapia Ruano, 1914-1980) “me mandó ayer la tarjeta. Lo de Roma creo que se resolverá pronto, y bien. Me siento un poco menos en el aire, aunque hace un mes que no me cae trabajo. Voy a tener que meterme un mes en Ginebra. Qué se le va a hacer. Entonces empezará a caerme trabajo y, claro, no estaré.”
“He empezado a traducir a Lawrence para Alianza Editorial; labor dura pero bella.”

En efecto, se fue a Ginebra y la soledad se le volvió más inmisericorde. Aumentó su desaliento y se ahondaron sus ideas sobre la vacuidad de la vida.
A fines de febrero muere su madre. (“¿Y eso cuándo será?” “No mientras mamá viva. No quisiera darle ese disgusto”.) Es a Emilio Castillo a quien le escribe apenas se entera de la noticia: “¿Sabes que quisiera mucho seguirla? Hace días que con gran calma, sabiendo ya lo que es la vida, le pido a Dios mi vida sin sentido a cambio de la serenidad y la dicha para tí, para Gianni, para todos a los que tanto quiero.” Ya todo lo enfila hacia la muerte.

Ante la proximidad del fin de contrato en Ginebra vuelve los ojos hacia mí:

“La noticia de que te vas a Ibiza a filmar me alegra por tratarse de tu trabajo y tu vida, y porque yo pensaba no ir a Madrid sino a Barcelona y luego a Mallorca, huyéndole a los gastos de Madrid, y tratando de descansar y coger un poco de sol. Ahora bien, no sé por qué yo siempre había tenido la fijación con Ibiza, por ser más salvaje, de modo que si tú estás allí el 10 díme dónde estarás y yo iré a estar contigo unos días si estás solo y aunque no lo estés porque no te molestaré” […] “se me ocurre una cosa ¿por qué no pasamos unos días juntos en Barcelona antes del 10 en una pensión de esas que tú conoces, baratas hasta morirse de baratas, gastando el mínimo como tú sabes?” […]
“Macho, tengo una extraña necesidad de verte. Será para que me infundas un poco de tu amor a la vida inmenso, del viejo vigor de los Fandiño y de la línea materna.”

Yo no fui capaz de medir la necesidad del amigo que buscaba una tabla de salvación a la que asirse porque ya se ahogaba sin fuerzas en un mar de desaliento. Ni siquiera contesté esa carta.

Del 18 de abril es la última que tuve de él.

“Sólo una líneas para repetirte lo que te decía en mi carta de hace dos semanas y pedirte que me contestes cuanto antes, pues si tú no vienes, no tiene ningún objeto irme a Ibiza.”
“El día 30 a las 9 p.m. pienso salir en el tren para Barcelona y llegar el 1 de mayo y alojarme en alguna pensión ultrabarata que tú conozcas y esperarte ahí. De ahí podemos ir juntos a Ibiza a menos que tú vayas directamente en avión desde Madrid, en cuyo caso díme en donde te hospedarás y yo te encontraré.”
“Machito, por favor, respóndeme a vuelta de correos si ya tienes las fechas y detalles.”

¿Cuál fue mi respuesta, incapaz entonces de advertir los gritos de socorro que se agolpaban detrás de sus palabras? Mi proyecto de trabajo en Ibiza se cayó. Seguramente le hice comprender –aún cuando yo mismo no estaba enteramente consciente de ello– que en aquel momento, tratando desesperadamente de sobrevivir en mi exilio recién estrenado, yo no podía entenderle ni atenderle. Treinta años después lloré al releer sus cartas. Tardé todo ese tiempo en enterarme de que tal vez, tal vez en aquella ocasión, pude haber hecho algo para evitar o al menos posponer el desenlace.

Se marchó a Barcelona y no fue a Mallorca ni a Ibiza como habría deseado. Tomó la decisión definitiva, la que tantas veces había imaginado, y ello le dio fuerzas para venir a Madrid a despedirse de los amigos, también de mí.

Aparte de las dos veces que nos vimos para comer en casa con sus íntimos, concertamos una reunión solos un mediodía en una cafetería de la calle de San Bernardo. Me pidió perdón por haberme acosado. Tampoco esta vez lo entendí. ¿Acosarme? ¿Cuándo? Ni siquiera sentí “como cuando un pan en la puerta del horno se nos quema”, que diría César Vallejo. Aunque eso era lo que estaba ocurriendo. Por el contrario, pensé: “Cosas suyas, su humildad sin límites.” ¿Hubiese cambiado algo las cosas si en ese momento le hubiese dicho, como debí decirle: “Sabes que eres mi hermano y te quiero mucho”? Era muy tarde ya.

Lo que ocurrió después es de todos conocido. Regresó a Roma, le pidió a la señora de la limpieza que no volviera hasta el lunes, se encerró en el apartamento y no salió más. Aquel mismo viernes de mediados de mayo o tal vez el sábado ¿tomó la escalera que me había ofrecido para subir a la barbacoa o, como hice yo cuando le alcancé los bombillos, consideró que era suficiente subirse en una silla? Vean ahora un plano general corto de la habitación. La única luz parte de la lámpara de la mesa de noche donde el hombre que entra, aséptico y meticuloso, coloca un vaso de agua y un frasco de pastillas. Se sienta al borde de la cama, toma el frasco con la mano izquierda y el vaso con la derecha. A golpes moderados va vertiendo en su boca las pastillas y se ayuda a tragarlas bebiendo pequeños sorbos de agua. Ahora deposita de nuevo el frasco, ya vacío, y el vaso con un poco de agua sobrante, en la mesa de noche. Está tranquilo, indiferente, tal vez un poco desencantado, pero seguro de sí mismo, de lo que hace. Se acomoda en el lecho en decúbito supino y se pone a esperar.

Ni siquiera pudo espiar su propio tránsito. Se había dormido.

“No es la muerte lo que me obsesiona,” –nos dice a través del personaje de Notas– “es la vida, el humilde y grandioso bien siempre amenazado, siempre perdido. Me intriga el momento en que se extingue para siempre; aún no he podido explicármelo, está más allá de toda comprensión. He tratado de sorprenderlo. Siempre se me escapa, es evasivo.”

Tampoco esta vez pudo. Cuando se dio cuenta ya era todo espíritu.

Este ensayo de Roberto Fandiño apareció en la Revista Hispano Cubana, No.5, Madrid, 1999, pp. 33-44.

Régimen cubano aprieta las tuercas al cine independiente

Ayer pregunté por la suerte del cine cubano a los cineastas que participaron en Nueva York en el panel “Nuevos horizontes en el cine cubano contemporáneo: un diálogo abierto”, que organizó el Havana Film Festival in New York. Esta es la transcripción de mi pregunta y de las respuestas de Jorge Perugorría, Gerardo Chijona y Enrique Álvarez.

Manuel Zayas: Es muy loable lo que significa que haya un cine independiente en Cuba y que no haya un monopolio de una institución que controle la cinematografía. El año pasado sucedieron en Cuba tres hechos bastante sintomáticos: uno, la policía entró a la casa de Alfredo Guevara para confiscar toda su papelería, sus documentos, supuestamente por un tráfico de obras de arte; a los dos días, el Ministerio de Justicia, de Salud Pública, no sé si del Interior y no sé cuál otro más, entraba a la Escuela de Cine y desde entonces yo creo que la Escuela de Cine perdió la autonomía y se implantó un sistema de apartheid salarial contra los trabajadores cubanos, y… ¿qué fue lo otro que pasó? Y bueno, un mes después, el gobierno, el Presidente, porque eso lo nombra el Consejo de Ministros, nombró a un funcionario que tiene un historial de censura como presidente del Instituto de Cine. Las últimas noticias que llegan, desde hace una semana, es que hay una decisión del Ministro del Interior de que los guiones, para recibir autorización de rodaje, se le tienen que someter a ese Ministerio, un ministerio represivo evidentemente, y que los productores, sean independientes, del ICAIC o de la Escuela de Cine, le tienen que enviar además el personal técnico que va a trabajar en la película para que se autorice o no eso. ¿Qué pueden decir ustedes de eso?

Jorge Perugorría: Que vamos a seguir dando la batalla. O sea, esas cosas que no aceptamos, no las aceptamos. Y por suerte, son cosas en las que hay un pensamiento común y que ahora mismo ante eso, hubo una carta que firmaron muchísimos cineastas, los que estaban por allá, y se les entregó: que no se está de acuerdo que para que se haga una historia tenga que revisarla una institución que no sea el ICAIC o quién sea, pero que tenga que ver con cultura, ¿no? Todas esas son las batallas que se están dando cada día en Cuba, en un país que está en un momento de cambios, y que todas esas cosas a veces salen pensamientos que responden a políticas más ortodoxas, más del siglo pasado y que no tienen nada que ver con la realidad. Y yo creo que en esa batalla, los cineastas están haciendo realmente un acto de honestidad en cuanto a todo lo que están planteando. Y es bastante democrático. En estas reuniones plantea todo el mundo lo que piensa. Y eso se les hace saber a las propias autoridades de Cuba. Entonces, eso es una batalla constante. Yo creo que la dieron los que comenzaron este cine en los 60 y les toca ahora a las nuevas generaciones seguir dándola, por ganar respeto y espacio de libertad, sobre todo creativa.

Gerardo Chijona: Lo que tú acabas de decir, para nosotros es… pues es terrible. Pero también tiene hasta un final de comedia si queremos. Hemos pasado por cosas peores que esas, porque, para refrescarnos la memoria, esas son cosas cíclicas que pasan en Cuba. Yo no sé si ustedes se acuerdan cuando Daniel [Díaz Torres], a quien el Festival le hace un merecido homenaje, hizo Alicia, un día después leímos en la prensa que el ICAIC no existía, por una resolución del Consejo de Ministros. Y todos allá adentro dijimos: “No, no aceptamos esto”. Yo tengo en mi casa el Memo oficial, echando para atrás la resolución. O sea, siempre a un golpe, hay una respuesta. Y esa va a ser siempre la pelea nuestra, porque no nos van a regalar nada. El espíritu de todos los que estamos aquí, es que hay cosas que no las vamos a aceptar, de ninguna manera, venga de donde venga. Eso sí tenlo por seguro.

Enrique Álvarez: Un momentico, déjenme aclarar una cosa. Sobre este último tema de las productoras independientes, los cineastas hemos hecho una declaración, que no la hicimos pública, la hicimos a través del ICAIC y el Ministerio de Cultura, porque queríamos, desde los artistas, valorizar en el justo medio que creo deben estar valorizadas estas instituciones frente a esta pretensión del Ministerio del Interior o de alguien del Ministerio del Interior, no es algo que tengamos muy claro, de intentar controlar los permisos de rodajes en Cuba. Hicimos una declaración y dijimos “o esto se detiene, o vamos a parar nuestros proyectos y no vamos a rodar”. En esos términos se hizo la declaración, lo único que es una declaración que no es pública, es una declaración que hemos hecho a través de nuestras instituciones, porque nos interesaba que nuestras instituciones fueran las que defendieran su espacio institucional de ser quienes den o no este tipo de permiso, como ha sido hasta ahora. Y a nosotros nos tocaría ya discutir con ellos y fajarnos con ellos cada vez que den un permiso o no. O sea, en estos términos está esto último.

Symposium: ‘Cubans in movement’, at NYU

CUBANS IN MOVEMENT: Toward a New Civil Society

Organized by Antonio José Ponte (Holder of the Andrés Bello Chair of Latin American Culture and Civilization at the King Juan Carlos I of Spain Center at NYU for Fall 2013, and Deputy Editor of Diario de Cuba)

Thursday November 7th

6:30 pm Introduction
Antonio José Ponte

6:50 pm Panel I: “Historia Crítica, Justicia Social y Ciudadanía Ambiental”
Rafael Rojas (CIDE, México D.F.; Princeton University), “Caminos de la historia crítica”

Armando Chaguaceda (Instituto de Investigaciones Histórico Sociales de la Universidad Veracruzana), “Cuba: justicia social y ciudadanía en tiempos de reforma”

Johanna Cilano Pélaez (Escuela de Derecho, Universidad de Xalapa), “El ejercicio de la ciudadanía ambiental en Cuba: legados y desafíos de la experiencia cubana”

Moderator: Ada Ferrer (NYU)

IN SPANISH
Followed by reception

Friday November 8th

10:30 am Panel II: “Nation, Revolution, New Media and Literature”
Walfrido Dorta (Graduate Center, CUNY), “(Un)common Paths and Useless Energies: about Some Recent Cuban Writings”

Lizabel Mónica (Princeton University), “How New Media (Un)Shapes Contemporary (Cuban) Literature”

Orlando Luis Pardo Lazo (Writer), “Is Literature Possible After the Cuban Revolution?”

Moderator: Jacqueline Loss (University of Connecticut)
IN ENGLISH

12.30 pm Lunch

2:00 pm Panel III: “Music, Cinema, Literature and Politics”
Nora Gámez Torres (Cuban Research Institute at FIU, Miami), “Music and Politics in Contemporary Cuba”

Manuel Zayas (Filmmaker), “The Institutional Crisis of Cuban Cinema: Independents Are Back”

Esther Whitfield (Brown University), “Guantanamo’s Cuban border: Art, Literature and the Naval Base”

Moderator: Ana Dopico (NYU)
IN ENGLISH

4:00 pm Coffee

4:15 pm Panel IV: “Diversidad cultural y domesticación política”
Abel Sierra Madero (Center for Latin American Studies, University of Miami), “Del hombre nuevo al travestismo de Estado. El discurso de la diversidad como retórica de transición en la Cuba postsocialista”

Roberto Zurbano (Articulación Regional Afrodescendiente para las Americas y el Caribe; Casa de las Américas), “Se acabó el querer: Los negros y el debate racial en la esfera pública cubana”

Moderador: Antonio José Ponte
IN SPANISH
Followed by reception

All events take place in the first‐floor auditorium of NYU’s King Juan Carlos I of Spain Center, at 53 Washington Square South, New York. Symposium is free and open to the public.

Rafael Rojas, “Caminos de la historia crítica”
Un análisis de diferentes maneras de elusión o interpelación de las tramas centrales de la historia oficial cubana, que pueden observarse en la producción académica más reciente de la isla y la diáspora. La crítica del discurso histórico de legitimación del socialismo cubano ha experimentado en los últimos años una importante reproducción, que ya es documentable y analizable como un corpus historiográfico propio. Esta intervención se propone reseñar algunas de esas críticas, con el propósito de describir el debate político que subyace a la discusión historiográfica.

Armando Chaguaceda, “Cuba: justicia social y ciudadanía en tiempos de reforma”
A partir del impacto combinado de la crisis socioeconómica de los últimos veintitrés años y las transformaciones en las políticas sociales desarrolladas al calor de las actuales reformas, se explora el fenómeno de la justicia social en su relación con el estado de la ciudadanía —en tanto fenómeno sociopolítico y jurídico—instaurado bajo el régimen vigente.

Johanna Cilano Pélaez, “El ejercicio de la ciudadanía ambiental en Cuba: legados y desafíos de la experiencia cubana”
Un análisis del fenómeno de la construcción de una ciudadanía ambiental y el rol de las organizaciones de la sociedad civil cubana que desarrollan una labor ambiental. Alcances y límites del asociacionismo civil en el contexto cubano, participación ciudadana, desarrollo y autonomía.

Walfrido Dorta, “(Un)common Paths and Useless Energies: about Some Recent Cuban Writings”
Some recent writings in the panorama of Cuban literature face a repertoire of discourses saturated with comments about Cuba and about its national “reality”. An analysis about how these writings deal with forgetting this paradigm of representation and this source of legitimacy. The works of Jorge Enrique Lage, Osdany Morales, Jamila Medina, Legna Rodríguez, among others, get rid of the capital of “the Cubaness”, and they become “machines” that produce narratives without an obvious purpose. Relationship between the figures of the (un)translatability in these writings and the demands posed by labels such as postnational, postrevolutionary, transnational or cosmopolitan literature.

Lizabel Mónica, “How New Media (Un)Shapes Contemporary (Cuban) Literature”
Although the presence of new media within the island is rather limited, the literary field in Cuba cannot be fully understood without taking into account the circulation of digital material among writers and scholars. Since the end of the nineties, people in the island are receiving, editing and redistributing large amounts of digital content. For most, this is not just a new archive of cultural references, but also a new/alternative medium in itself. The virtual flow connects outside and inside, popular culture and academic knowledge, official news and personal reports. How this circulation is affecting the way we think about literature and the role of the writer in a landscape of globalization and radical national changes? Is Cuban literature itself, as a conceptual corpus, being (un)shaped by these archives?

Orlando Luis Pardo Lazo, “Is It Possible Literature After the Cuban Revolution?”
Short‐circuits between writing and politics. Straitjacket between “fiction of the writer” versus “fiction of the State”. Is there anyone left writing in Cuba today? Self‐censorship as the measure of all things, says the author (to narrate at sea). Culture is the first that must be saved, says the authority (every Cuban should know how to narrate, and to narrate well). Amnesia versus omniscience. We Cuban narrators suffer from an excess of self‐preservation instinct. Will it be possible to create credible consensus in Cuba after a half century of totalitarianism? Is it possible to read literature after the Literacy Campaign? Once dumb or dead our Maximum Narrator, will there be a Cuban literature after the Revolution?

Nora Gámez Torres, “Music and Politics in Contemporary Cuba”
Given the relative isolation of the oppositional movement in Cuba, the tight control over the media and the wide circulation of music through independent networks, could music become a more effective arena for political practice? Concrete examples from a variety of music genres show how the cultural public sphere informed by popular music in the last two decades has challenged moral and political boundaries and “rehearsed” identities, stances, and social relations not yet permissible in politics. Moreover, music has become a public scenario for opposition and dissent and a concrete social site that stands as a form of politics itself in contemporary Cuba.

Manuel Zayas, “The Institutional Crisis of Cuban Cinema: Independents Are Back”
For the first time, Cuban independent filmmakers start to lead film production in the island, facing an obsolete Cuban Film Institute (ICAIC) and an institutional crisis that had knocked on the doors of the renowned International Film School (EICTV) of San Antonio de los Baños, and the Foundation of New Latin American Cinema, headed by Gabriel García Márquez.

Esther Whitfield, “Guantanamo’s Cuban border: Art, Literature and the Naval Base”
The base’s ambiguous legal status and indefinite lease lent themselves particularly well to the rhetorically nebulous and potentially endless “War on Terror”, and the Castro brothers’ anti‐imperialist rhetoric has since the early 1960s targeted the U.S. occupation of Guantánamo. Nevertheless, literary and artistic production in and around the naval base offers a counterpoint to the languages of war that have converged there. Marc Falkoff’s Poems from Guantánamo (2007), an edited collection of poetry by detainees brought to Guantánamo from battlegrounds in Afghanistan, includes expressions of solidarity with the Cuban people that undermine the hostility that has defined the base from both sides of its border. Similarly, fiction, poetry and visual arts recently produced in the Cuban province of Guantánamo —particularly El camino de la estrategia, and ongoing multi‐media project by Caimanera‐based artists Alexander Beatón and Pedro Gutiérrez— weigh the influence on local life of the base’s fame as a site of detention and torture, countering the belligerent rhetoric of political leaders.

Abel Sierra Madero, “Del hombre nuevo al travestismo de Estado. El discurso de la diversidad como retórica de transición en la Cuba postsocialista”
Un análisis de como el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) utiliza el discurso sobre la diversidad sexual como retórica de transición, una suerte de ajuste político y discursivo al escenario post‐socialista traído por las reformas de Raúl Castro. El rol del CENESEX en la reconstrucción del pasado de la Revolución y en los escamoteos de la memoria histórica. Este panorama constituye lo que pudiera denominarse “travestismo de Estado”, que contribuye a frenar la aparición de un genuino movimiento de activistas por los derechos sexuales. Este “travestismo de Estado” procura reconstruir la legitimación del Estado cubano a la vez que garantiza una domesticación de la política y el control de las identidades sexuales y sociales.

Roberto Zurbano, “‘Se acabó el querer’: Los negros y el debate racial en la esfera pública cubana”
El negro en Cuba, como sujeto y como grupo social ha encontrado en los ultimos lustros una visibilidad en la Academia, la Política y el Mercado que suele sorprender, molestar e interesar a muchos. Diversidad de discursos, organizaciones, agendas antirracistas y ciudadanas, espacios digitales y debates públicos se suceden en la ultima década. Tendencias, conflictos y aspiraciones que comienzan a perfilarse en una lucha contra el creciente neoracismo y por la construccion de una ciudadanía.

‘Dire Straits’, nuevo libro de Fausto Canel

dire_straitsCon el libro Ni tiempo para pedir auxilio, el cineasta de origen cubano Fausto Canel reveló sus dotes narrativas con una historia que vivió y sufrió en carne propia: su secuestro por parte de la policía política de la Isla. Escrito en inglés a partir de lo que comenzó siendo un guión de cine, Canel vuelve a la carga con Dire Straits, su nuevo libro que, según él, es “una película en palabras”.

¿Qué es Dire Straits? ¿Qué cuenta?

Dire Straits es un intento de poner en evidencia, en el contexto de una historia de intriga y aventura, el regreso de la familia cubana como protagonista de la historia del país. Desde comienzos de la República, gracias a los inmigrantes españoles que se consolidaban en la isla gracias a su capacidad de trabajo y a sus contactos con sus familiares en España, la clase media comerciante se convirtió en el verdadero poder. Esa clase paralizó Cuba en los primeros días después de la caída de Batista para evitar los chanchullos que ya se cocinaban entre políticos de todas las tendencias y militares del antiguo régimen. Esa huelga general la convocó Fidel Castro para que el triunfo no se le fuese de las manos -y fue una lección que nunca olvidó. Por eso sus primeras medidas se encaminaron a la destrucción de la estructura de la familia, sobre la que estaba construida esa clase. Primero envió a los adolescentes a las montañas, lejos de sus padres, luego “al campo”. Finalmente nacionalizó y sacó a los comerciantes del país, no imaginando siquiera su espectacular regreso como clase económica en el sur de la Florida. Hoy el régimen necesita de Miami y la clase media cubana va, poco a poco, recuperando terreno. Sin que Dire Straits se ocupe directamente de visitas o de remesas, su tema es la familia cubana dividida que se reúne para detener una locura que no por espectacular deja de ser retrato de una situación política catastrófica.

¿Por qué un libro y no una película? ¿Y en inglés?

Esta historia la escribí como guión de cine, para Hollywood. Lo presenté a la Universal y me dijeron: “Esto es una película cubana y nosotros no hacemos películas cubanas”. Y tenían toda la razón: era un tema cubano. Entonces me dije: “Como nunca voy a poder realizar esta película, porque habría que rodarla en Cuba y en la isla no la puedo hacer por razones políticas, voy a tomar el guión y convertirlo en un relato escrito”. Prefiero no llamarlo novela. Es una película en palabras, no en imágenes. Un experimento que me interesa saber cómo funciona con el lector. Está escrito en inglés, porque el guión había sido escrito en ese idioma.

¿Cuándo se presenta y cómo se puede adquirir?

Se va a presentar en noviembre en la Feria del Libro de Miami, lo va a vender Books & Books, y también se puede encontrar, como Ni tiempo para pedir auxilio, mi libro anterior, en Amazon.com.