Polémica (III)

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Una aclaración importante

(Len Zayas responde a un comentario de Fausto Canel, 3 de abril de 2009).

Como parte del sistema propagandístico de la revolución cubana durante el período del 59 al 66 conocí perfectamente al personal de propaganda del ICAIC, es decir la empresa completa, entre los cuales se encontraba el señor [Fausto] Canel. Sabemos que su postura al momento difiere de la que mantenía anteriormente y nuestra opinión no demerita en forma alguna el valor que tiene como buen escritor y conocedor del ambiente intelectual, cultural y artístico cubano.

Basado en su réplica escrita a nuestro comentario anterior, nuestro argumento reside única y exclusivamente en el hecho de su desconocimiento intrínseco del sistema, que lo lleva a cegarse con respecto a hechos que se repetían constantemente y en especial los por mí narrados con relación a PM. La falta de experiencias directas con los verdaderos gobernantes y ligero análisis de los hechos que preceden el presente estado de la situación cubana es un desperdicio de las habilidades literarias de Fausto Canel, amén de la confianza depositada en individuos clonados como servidores de Fidel, no del sistema, lo llevan a juzgar los hechos, de los cuales fue testigo, de la misma forma simplista y pueril que la gran mayoría de los escritores fuera y dentro del país.

Si quieren seguir añadiendo leña al fuego, señor Canel o cualquier otro, estamos a su disposición, aunque les recuerdo que esto no es [la revista] Cine Cubano donde los directores de cine -una lista enorme que no tengo por qué provocar, pero es una verdad innegable-, solo se ocupaban de complacer al amo mientras ignoraban a los verdaderos trabajadores y, como decía Arturo Agramonte (Camagüey) que en paz descanse: “solo se halan la leva el uno al otro” o “Lunes de Revolución”, que, aunque más liberal y honesto que el grupo del ICAIC, no dejaba de ser pura propaganda para el régimen. Yo sé mucho, ustedes solo saben lo que le decían sus jefes o publicaba Franqui, que por cierto sabe más que yo pero nadie lo provoca.

CONFESIONES DE UN ALEGADO MENTIROSO O LOS PÁJAROS TIRÁNDOLE A LA ESCOPETA.

Yo digo mentiras (¿todo eso por un piso más o menos?) Pues bien, sigamos mintiendo para ayudar a la verdad histórica.

Yo no veo motivo de discusión en las frases de Fausto. Él se contradice a sí mismo cuando está de acuerdo con mis acepciones. Cualquiera que lea el artículo se dará cuenta que lo único que pudiera provocar una reacción de Fausto sería algo que el mismo admite, el deseo de poder por parte de Alfredo Guevara. Lo cierto es que Alfredo es uno de los pocos incondicionales de Fidel, que nunca lo puso al borde de la ira. Él cumplía al pie de la letra las órdenes de su jefe. Lo otro es que no lo mencione porque no sabía que él tuviera nada que ver en el asunto, al menos directamente. Sí hay un pequeño error de su parte: yo nunca mencioné una reunión en el noticiero para discutir ese asunto. Que hubo elementos del noticiero en la reunión, pues claro, el señor Canel no tiene idea siquiera de que el noticiero era la niña linda de Fidel.

¿Pero desde cuándo las cosas de Fidel se discutían abiertamente en el país?

Para presentar resumes, ya sea de un servidor o del propio Fausto, el cual tiene mucho a su haber en materia de acreditación, logros y virtudes, sería un proceso largo y tedioso. Baste decir que respeto a Fausto ahora mucho más de lo que lo respetaba cuando él, en su función de asistente de dirección del ICAIC y crítico de cine, él y los que hoy critica tan acervamente, utilizaban la influencia que tenían en los medios de publicidad de la dictadura, especialmente la revista Cine Cubano, para ensalzarse mutuamente, discriminar la producción del patio, y sobre todo alabar al extremo de caer en guataquería, a la Unión Soviética y a Fidel Castro.

El ICAIC, como “Lunes de Revolución”, con algunas valiosas excepciones (ej. Caín),  se formó con la claque distinguida de exilados (en ambas direcciones) intelectuales y casi intelectuales provenientes de Checoslovaquia, Italia, Francia y otros lugares del planeta, incluyendo EEUU, Santiago Álvarez entre ellos. Estos exilados, algunos extranjeros, cuyo honor y recomendación residían en la única distinción de poseer un bagaje de frases fílmicas ininteligibles a la mayoría de la población o, en su defecto, prueba de haber concurrido a cualquier seminario cinematográfico o asistido en algún proyecto desconocido. Y desde luego lo que abría de par en par los brazos de todos y para todos ellos, por ser muy importante al naciente gobierno, era un conocimiento de cómo influenciar a las masas en las ventajas del caduco sistema soviético mediante la utilización del entretenimiento y los medios masivos de propaganda.

No faltaban los jóvenes nacionalistas revolucionarios, provenientes en su mayoría de las filas del Ejército Rebelde y de los grupos clandestinos que operaban en las ciudades contra la dictadura batistiana.  Estos últimos fueron eliminados o apartados a las tareas menos glamorosas y estábamos conscientes que nuestra principal función era la de servir como escalera a los “genios” de la misión propagandística y ayudar a que el pueblo cubano los viera como tales. Héroes inflados, intelectuales de pacotilla y artistas de aldeas están siendo asfixiados por la montaña de honores que se les concedió sin merecerlos, gracias a esta tarea.  Si contábamos con alguna cosa, era con la confianza del Máximo.

Aclarado por subrayado a qué grupo pertenecía yo, cabe preguntar, respetado y conocido señor Fausto Canel, ¿a qué grupo pertenecía usted?

El hecho de que usted, como tantos y tantos amantes del micrófono y la página impresa, hayan repetido lo que se les programó a decir como historia, hasta el punto de no ver dónde comienza la realidad y se desvanece la fantasía, no es culpa mía. Yo en lo particular soy partidario y practicante de esa nueva ola intelectual llamada Internet, y que dicho sea de paso, pretende acabar con toda la hipocresía elitista mundial.

Permítame ofrecerle algunos ejemplos de equívocos de su grupo que por falta de tiempo, y de provocación como la presente, me he permitido dejarlo yacer bajo el polvo del olvido y lo haré de la forma más suscinta posible para no abusar de la gentileza de nuestro anfitrión en la red.

Con la excepción de Julio García Espinosa y Tomas Gutiérrez Alea jamás, en el tiempo que fui ejecutivo del ICAIC (cuatro años) ningún intelectual fue admitido en una reunión de la alta gerencia del lugar.

Por los dos años que fui ejecutivo del noticiero, dirigido por Santiago Álvarez pero (aparentemente) bajo la dirección de Alfredo Guevara (esto le da una idea de cómo funciona el sistema) nos sentábamos cada lunes para discutir lo que se ponía o no en el noticiero: Santiago Álvarez, Fidel Castro Ruz y un servidor (normalmente para tomar notas y en forma ocasional para dar un detalle técnico porque de este grupo, señor Canel, el único con credenciales periodísticas y artísticas, era yo), sin que más nadie participara de ello. Ese era, o es, el mismo salón de proyecciones donde (debido a materias de seguridad) se celebraban conversaciones donde los únicos que tenían acceso eran los directores de Programación Artística (no confundirlos con directores de cine) a saber: Julio García Espinosa y Tomás Gutiérrez Alea.

Esto es importante porque me da la impresión que muchos de los directores, principalmente, vivían en el pueblo y no veían las casas.

Alfredo decidía por él mismo sin contar con más nadie (excepto Fidel), daba órdenes y después hacia reuniones donde los otros discutían y daban opiniones para satisfacer egos, las decisiones estaban tomadas de antemano. El policía bueno y el policía malo era a lo que ustedes, los intelectuales, tenían acceso. El mismo sistemita del proceso judicial donde las sentencias ya están ubicadas antes de celebrarse el juicio.

Fidel y Alfredo no confían o aprecian a los intelectuales. Ellos se consideran por encima de esa élite. Los ven como ovejitas que siguen al pastor. Ellos, los jefes, deciden quiénes serán los pastores y a qué oveja hay que trasquilar o sacrificar. ¿Tu sabías eso?

Ustedes nunca se ocuparon de escribir la historia, vivían en su mundo raro lleno de ignorancia supina, los esfuerzos en esta área realizada por personas como Luis López, Arturo Agramonte y Amaro Gómez (nos conocíamos todos) se vieron destrozados entre la habilidad de los gobernantes de alterar los datos y la complacencia de los “intelectuales” para ayudar a falsear con elegancia, quiere decir: descaradamente, esos engaños.  Los mismos eruditos  que hoy se pasean por el mundo alabándose los unos a los otros. Desplegando los mismos nombres de sus colegas, regularmente falsos, como un estandarte de sabiduría.

Alfredo Guevara fungía, confusamente, como se acostumbraba en ese tiempo en todos los canales de gobierno, como Rector no solo del ICAIC sino del noticiero y de Cine Cubano. No importa que hubiera un responsable (Manolito, Santiago o Héctor), Alfredo aparecía como director y cuando le parecía nombraba a uno de ellos de director pero seguía siendo el amo y señor, ¿conoces ese estilo de gobierno?

Y en cuanto a eficacia: Alfredo aprobaba firmando, muchas veces sin leerla, la narración que originalmente escribía y narraba Julio Batista (después mi querido amigo José del Campo tomó esas funciones), firma que para obtenerla había muchas veces que buscarla en su apartamento para después corretear a casa de Tuto (laboratorio privado) para apurar al hombre para hacer las copias. Simplemente porque, entre el horario super desordenado del Caballo y el estilo de vida apacible del señor Guevara, todo el peso del cumplimiento de las metas recaía en el personal (yo lo llamaría el glorioso personal) del Noticiero. Claro que para ustedes ese noticiero no existía, las basuras que publicaban en Cine Cubano eran un indicativo de lo que pasaba a en toda la nación. ¿Sigo mintiendo?

¿Qué me dicen de las mentiras que publicaban y publican en el mundo entero, porque se lo creyeron y se lo siguen creyendo?  (Ej: El personal que dirigía el ICAIC salió del Ejército Rebelde. No me hagan reír).

Eso escribían ustedes en Bohemia y Cine Cubano. Para su conocimiento le explico que el Departamento de Cultura del Ejército Rebelde de Cuba se creó en el año 59, para que sirviera como un frente para que personas como ustedes, que no me conocían a mí ni yo a ninguno de ustedes, a menos que trabajaran en Cine Revista como el menor de los García Espinosa, se les presentaran a las fuerzas armadas como iguales.

¡Con grado y todo!

Así fue como se inundó Cuba y luego el ICAIC de comunistas o simpatizantes. Un servidor se negó a colaborar en esa área, ¿el costo? De oficial a soldado de a pie. Pero mis problemas y puntos de vista no afectaban mi deseo de que todo saliera bien, sin sacrificar mis principios. Siempre había formas de colaborar y usé todos mis recursos para entrar en la entonces Dirección Nacional de Cultura, claro que no creo que usted conociera a nadie que no fuera del Partido en la verdadera dirección de cultura que dirigía Vicentina Antuña. A ella sí la conoce ¿eh? Pues bien yo era el Asesor de Teatro Infantil de esa entidad, a mis 19 años. Sin ser exilado, sin ser comunista. En Cuba no existía la discriminación, ustedes, los intelectuales socialistas o comunistas, la comenzaron.

El hecho de que usted no me conociera, como tampoco me conocía su compañero Roberto Fandiño (era profesor de la Academia pero yo no asistía a sus clases y no afectó mi graduación, cosa que lo llevó, como usted, a llamarme mentiroso; por cierto, eso fue durante la época batistiana.) No es tan importante como el hecho de que yo sí los conocía a ustedes. Simplemente porque entre ustedes y yo, en el ICAIC, existía una posición jerárquica y circunstancial. Yo podía revisar el expediente de ustedes, pero ustedes no estaban autorizados a revisar el mío. Yo era un ejecutivo, un revolucionario, un sacrificado y un amante de la libertad de expresión que luchó hasta el final por sus ideas, muchos de ustedes eran (algunos lo siguen siendo), en la gran mayoría, lacayos del régimen y oportunistas.

Recuerde que sigo mintiendo; parodiando al indio Hatuey le puedo decir que si Fidel y los intelectuales y artistas cubanos dicen la verdad, ¡prefiero ser un mentiroso!

Creo que en lo general estamos de acuerdo, las minucias de que si fue en el cuarto o en el quinto piso, que si te conozco o no, etc. no son importantes. Hay que llegar a un acuerdo en cuanto a la verdadera historia del cine, la cultura y la educación en Cuba para poder corregir los errores cometidos y creo que en eso hasta el mismo Raúl está de acuerdo.

Estas discusiones pueriles se desvanecen, como nimiedades que son ante la robusta tarea de devolver a un pueblo la confianza en el futuro, en sí mismo, y ante la humillación causada por una élite intelectual falsificada que junto al elitismo político, pasado y presente, ha convertido a Cuba en una sociedad fantasmal a falta de otro epíteto.

Respetuosamente;
Len I. Zayas

De la foto, DR.  Los viejos comunistas (Stalin, Lenin, Kalinin, en 1919).

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