entrevista: Alexander Abadashian

Alexander Abadashian
Alexander Abadashian actuando en el filme 12 (2010), de Nikita Mijalkov. Foto de Milena Botova. Flickr

Actor, director de escena y guionista ruso, Alexander Abadashian habla como un poeta. El nombre de Abadashian está ligado al del cineasta Nikita Mijalkov, con el que escribió los guiones de clásicos como Pieza inconclusa para piano mecánico (1978) y de Ojos negros (1987). Aproveché una entrevista que le hizo el cineasta cubano Jorge Molina para preguntarle por la censura en la Unión Soviética. La cinta de video en la que recogí sus palabras se extravió. Queda, en cambio, esta transcripción:

Para mí es difícil hablar sobre esto debido a que por un lado yo vivo en este tiempo y, por otro, no viví el momento más espantoso de aquellos años.

Los momentos más terribles de la censura fueron durante Stalin, etapa de la que ni siquiera conocemos todavía la gran cantidad de autores que desaparecieron para siempre. Ellos pudieron hacer mucho por el cine, por la literatura, por la música. Esto sin hablar de los grandes nombres de significación mundial como es el caso de Dimitri Shostakovich [1906-1975], de Sergéi Sergéyevich Prokofiev [1891-1953], Aram Jachaturian [1903-1978], por hablarte de músicos. En la pintura nombres como Alexander Gerásimov [1881-1963], Nikolai Romadin [1903-87]. En el cine tenemos el caso de Mijaíl Romm [1901-1971], Serguei Gerásimov [1906-1985]. Y eso que no te estoy hablando de aquellos que desaparecieron o que fueron destruidos, como los escritores Boris Pasternak [1890-1960], Mijaíl Bulgakov [1891-1940], Boris Pilniak [1894-1938]; te puedo enumerar más: Osip Mandelstam [1891-1938], otros a quienes desaparecieron o algunos a los que cortaron la garganta para que no hablaran más.

Este fue uno de los momentos más terribles de la censura. Después vino una etapa más suave. La censura se debilitó al igual que el mismo Estado, debido a que éste ya no tenía concentrado el inmenso poder que tuvo en época de Stalin.

Brézhnev [Secretario General del PCUS entre 1964-1982] y su tiempo fueron desde luego una etapa relacionada con la apertura. La censura se suavizó, se debilitó. En gran medida, a lo mejor, aunque aún estaban presentes las exigencias ideológicas, era porque existía un nivel cultural y estético de claridad sobre las cosas que debían hacerse.

Una cosa extraña. Fue en este período que surgieron las obras de mayor importancia de la cinematografía soviética; sobre todo el momento que va desde Kruchev [Secretario General del PCUS entre 1953-1964] en adelante, aunque repito, la censura seguía existiendo. No obstante, ya se podía hablar en otro idioma, ya se podían buscar salidas y voltear la mirada para descubrir otros caminos. Evadir los aprietos.

Esto precisamente fue lo que permitió la creación de aquel maravilloso cine soviético que recordamos. Lamentablemente hoy en día no existe una cinematografía, ni existe la censura. Se puede invertir la frase: por desgracia, no hay censura y quizá por eso no hay cinematografía. No sé cuál sería la causa principal de este fenómeno, pero si hay algo que parece evidente es que la ausencia de prohibiciones no ayuda tampoco a la libertad creadora, a pesar de lo paradójico que suene este planteamiento.

Ahora la gente puede hablar con plena libertad, puede filmar todo lo que desea; y se filman normalmente temas que antes no le hubiesen pasado por la cabeza al más libre de los creadores, censurados todos en su momento. La censura tiene su paradoja: por un lado afecta la creación, la limita, y por otro, la ayuda.

Todo el que la sufrió comienza a reconocer, como algo extraño, su lado positivo. Pero les juro a ustedes que si de nuevo apareciera en nuestro medio, nos molestaremos y nuevamente estaremos luchando y exigiendo su total eliminación. Quizá en el fondo este sea el medio ideal donde se nutre el desarrollo y crecimiento del arte, con todo lo paradójico que parezca.

Desde luego que no se produjo una película por pequeña que fuera, que saliera sin que primero se hicieran las correcciones oficiales de la censura.

Hay anécdotas: existía una película para niños, Las aventuras de Chipollino, donde la acción transcurría en un ambiente de sembradíos de legumbres y en el sitio donde se encontraban miles de zanahorias persiguiendo no recuerdo a quién. Gritaban: “Aquí el agente 00001”. Entonces se detuvo la proyección y se mandó a quitar este parlamento porque el número coincidía con el del carné del Partido de Vladímir Ilich Lenin.

Sufrimos todos. No hubo una sola película, también las nuestras, que no saliera de una manera u otra tocada por la censura.

Primeramente, aprendimos a trabajar en nuestro interior, en nuestra cabeza. Sabías que no podías escribir sobre determinado tema porque de todos modos te lo censurarían.

Luego, había montones de formas que podían utilizarse para engañarlos. Por ejemplo: escribías un guión y le incorporabas un episodio que sabías con anterioridad que no te iban a permitir y lo defendías hasta lo último. Ellos se olvidaban del resto de la historia y se concentraban solamente en esa escena.

“Nosotros no vamos a filmar si quitan esto o no me dan aquello, o nosotros nos negamos a filmar la película si…” Todo esto hasta él último momento en que te mandaban a quitar definitivamente el episodio y uno aceptaba, ya que esa escena fue escrita a sabiendas de que sería sacrificada con tal de contar la historia que uno quería como guionista.

Otra cosa era cuando te mandaban a hacer correciones en cantidades considerables, por ejemplo quince correcciones. Hacíamos tres correcciones y en las otras cambiabas solamente los términos o se las dabas a leer nuevamente, indicándoles que habías hecho 17 o 20 cambios, sin haberlos hecho a conciencia de que eran tantos, pues ellos no iban a verificar la copia original, que además no tenían.

De esta forma, se establecía un juego muy interesante para evadir la censura. Aunque, desde luego, hubo gente a la que de ninguna manera le permitieron filmar. Se dio el caso de un director, Alexander Askoldov, que estuvo 25 años sin filmar, también Alexander Muratov [1935], quien estuvo 15 años prohibido.

En esta guerra, hubo vencidos y vencedores. Se parece a la historia del conejo que huye todo el tiempo del lobo, que hace que se encuentre en buenas condiciones físicas, deportivamente, a diferencia de aquel conejo que vive en una jaula y tiene siempre al lado su zanahoria. Cuando le toca enfrentarse al lobo, corre diez metros y muere, porque no había entrenado físicamente.

Nosotros estuvimos entrenados.

Entrevista realizada en diciembre de 2002, en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Cuba. El cineasta chileno Sebastian Alarcón ayudó en la entrevista, incluyendo la traducción del ruso, así como el realizador venezolano David Rodríguez. El ensayista y traductor Jorge Ferrer ayudó en la identificación de autores. Quedan dos por identificar: un músico de apellido Shetorian [¿?] y un cineasta de apellido Raskoltsev [¿?]. Si algún lector avisado pudiera aclarar de quién se trata, lo agradeceré. Se trata del músico Aram Jachaturian y del cineasta Alexander Askoldov, no Raskoltsev… Me comenta Jorge Molina, que “el director al que se refiere es Alexander Askoldov (La comisaria) quien estuvo como XX años sin filmar o sin que se estrenara el film, no recuerdo bien, el pobre hombre hizo algún que otro documental sobre la fabrica de camiones Kamaz”. Efectivamente, entre 1962, en que filma La Comisaria, y 1992, en que realiza La chasse aux papillons, Askoldov pasó 25 años sin filmar.

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