Cosmorama

Cosmorama -poema cinético sobre cosmorama de Sandú Darié, 1963-64
Dir. Enrique Pineda Barnet
35 mm. B/N y Color, 4’37”
Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC)

Cosmorama es un rara avis dentro de la cinematografía cubana, pequeña pieza fílmica que estuvo archivada durante años hasta ser recuperada por el Museo Reina Sofía de Madrid. Es el segundo ‘revival’ de una obra en la que participaba Enrique Pineda Barnet, su director. Antes había sido el turno de Soy Cuba, de Mijaíl Kalatasov, película que igualmente estuvo “guardada” hasta ser redescubierta por Coppola y Scorsese a mediados de los noventa. Pineda Barnet escribió junto al poeta ruso Evgueni Evtushenko el guión de ese mítico filme de propaganda cubano-soviético de los tiempos de la guerra fría.

En una entrevista que me concedió hace ya una década, Pineda Barnet decía:

La experimentación, el riesgo, – yo diría mejor, la búsqueda -, están dados, no por un voluntarismo, sino como resultado de una necesidad, y son una constante en mi trabajo, que a veces he podido realizar libremente y otras no. El grado de esa libertad ha determinado las características formales y de contenido de la obra. Obsérvese que mis documentales más interesantes son los que están archivados y no se permitían exhibir (Juventud, rebeldía, revolución, Ñame, M-S, etc.). El resto de mis trabajos más estimados han sido independientes (First, Ecuación, La Brega, Upstairs, Breakfast, Cristóbal Colón, La Virgen de la Caridad, El Huracán) o de la primera etapa (Aire Frío, Fuenteovejuna, Cosmorama), o cuando trabajaba con Teodoro Christensen, un asesor que abría caminos… (Manuel Zayas: “La pasión según Enrique”, en Cine Cubano, no. 153, julio-septiembre de 2001).

En un correo reciente, Pineda Barnet me relató la experiencia de trabajar con Sandú Darié (1908-1991), pintor cubano-rumano exponente del arte concreto en la isla:

Cosmorama la filmamos con Jorge Haydú en la casa de Sandú Darié, sobre partes y piezas de sus cosmoramas -no son pinturas, son formas en movimiento, movidas mediante ventiladores, rotores de discos, etc., con las luces domésticas que había a mano. Estaba probando un rollo de película vírgen en 35 mm, color, de mil pies de una marca de filmes que habían enviado al ICAIC como prueba o demostración comercial. Me la regalaron para que hiciera lo que me viniera en ganas. Filmamos libremente, todo cuanto veía y me interesaba por sus formas y color. Para editarlo, hice un poema que me permitiera una coherencia. Edité con Roberto Bravo, seleccioné sonoridades múltiples: ciudades como Roma, París, Madrid, ríos, puertos de mar, fuentes, saltos de agua…

Con el sonidista Germinal Hernández, obtuvimos unas 24 pistas sonoras que, él y el editor, me decían que no podrían escucharse. Solicité la música a Carlos Fariñas y lo mezcle con la de Bartok, Henry y Schaeffer en sus experimentos de música concreta.

Mi amistad con Sandú venía de proyectos comunes que teníamos desde antes: un carnaval acuático en el malecón, con helicópteros que bombardearan formas y colores, yates de velas donde proyectaríamos imágenes, etc.

El documental se estrenó en su momento en la Cinemateca y en La Rampa, a instancias de Sandú. Luego “lo guardaron” en el archivo. Yo le envía una copia a [Norman] McLaren, que nos felicitó. Y ya.

Hace dos o tres años, la curadora de arte Luisa Marisy lo consideró precursor del vídeo-arte contemporáneo. Y el especialista del Museo Reina Sofía de Madrid, Osbel Suárez, lo incorporó a la exposición Los cinéticos, que ha viajado por el mundo.

Para buscarlo en el archivo del ICAIC, tuvimos que apelar a un viejo archivero, Pedro Beltrán, que lo encontró intacto en una lata de películas con la etiqueta oxidada, y dentro, estaba protegido envuelto en un sobre de nylon de espaguetis.

Sobre este tema, un estudiante de vanguardia camagüeyano, Eliezer Jiménez Almeida, ha realizado todo un largo documental de tesis.

El cortometraje de Pineda Barnet fue exhibido en 2007 como parte de una exposición que cartografió un siglo de arte cinético, corriente artística que fijó en el movimiento (o en sus efectos) su principal elemento plástico. Junto a esculturas, pinturas, allí estaban también las piezas fímicas de Duchamp (Cine anémico) y de Moholy-Nagy (Juego de luces negro blanco gris).

Anémic Cinéma, 1926 (Cine anémico)
Dir. Marcel Duchamp
35 mm. B/N. Muda, 6´
Centre Georges Pompidou, Paris
Museo national d´Art moderne/ Centre de création industrielle

Ein Lichtspiel schwarz-weiss-grau, 1930 (Juego de luces negro blanco gris)
Dir. Lázslo Moholy-Nagy
35 mm. B/N. Muda, 6´30´´
Centro Georges Pompidou, Paris
Museo National d´Art moderne/ Centre de création industrielle

Un pensamiento en “Cosmorama

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