entrevista: Jorge Valls

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Fotografía de Geandy Pavón.

“Esta es la playa de las ilusiones perdidas”

Manuel Zayas

Jorge Valls Arango pasó 20 años preso. 20 años y 40 días, para ser exactos.  El pasado otoño nos encontramos en casa de unos amigos del lado oeste del río que pone límite a la gran mole neoyorquina.  A medida que él hablaba uno se iba haciendo a la idea de un naufragio.  Hasta que lo definió:  “Esta es la playa de las ilusiones perdidas”.

A raíz del golpe de Estado de Fulgencio Batista, en 1952, Valls se metió de lleno en una lucha incesante contra la dictadura.  Nacido el 2 de febrero de 1933 en Marianao, él estudiaba la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana cuando en 1955 participó en la fundación del Directorio Revolucionario con el líder estudiantil José Antonio Echeverría a la cabeza.

En esta entrevista, Jorge Valls ofrece su visión del frustrado asalto al Palacio Presidencial en 1957, en el cual participaron varios miembros del Directorio; y rememora el juicio seguido a su amigo Marcos Rodríguez, acusado de ser el delator de cuatro de aquellos revolucionarios que buscaron refugio en un apartamento situado en la calle Humboldt 7, en La Habana.  La policía de Batista masacró en aquel edificio a Fructuoso Rodríguez, Joe Westbrook, Juan Pedro Carbó Serviá y José Machado.

Siete años después de aquellos sucesos, Marcos Rodríguez fue presentado como el gran traidor en un juicio público que tuvo mucho de purga y de espectáculo.  Fidel Castro aprovechó la oportunidad para limar asperezas entre las distintas formaciones revolucionarias y para consolidad su poder:  figuras claves del Partido Socialista serían por siempre defenestradas, enlodadas. Jorge Valls fue el único testigo que intentó defender la inocencia de su amigo Marquitos, fusilado en 1964.

A los pocos días de consumarse aquella condena a muerte, Valls fue sentenciado a 20 años de cárcel.  Por su liberación intercedieron el escritor inglés Graham Greene, que escribió una carta a Fidel Castro, así como el Pen Club de escritores franceses y los gobiernos de España, Venezuela, México y la Santa Sede. En prisión escribió el poemario Donde estoy no hay luz y está enrejado, que recibió el Premio de Poesía de Rotterdam en 1983.  Otros textos suyos son Mon enemi, mon frère, Veinte años y cuarenta días, sus memorias de la cárcel, y La paloma nocturna.  Valls falleció el 22 de octubre de 2015 en un hospicio de Miami.

Jorge, ¿cuándo empieza usted a tener conciencia política?

A mí me interesó la política siempre. Creo que desde niño. Yo estaba al tanto de quién salía, quién no salía, cuáles eran los partidos. La polis. Pero el 10 de marzo de 1952 yo caigo preso. El golpe de Estado de Batista sorprendió y perturbó a todo el mundo.

¿Por qué cae preso?

Porque intentamos forzar una huelga general.  Nosotros estábamos en la Universidad por la mañana.  Viene [Rolando] Masferrer y dice que va a traer armas para defender la Universidad.  Yo digo que con ese no se va a ninguna parte, que nos embarca.  Voy a almorzar y cuando paso como a la una o las dos (Masferrer vivía a dos cuadras de mi casa), me doy cuenta que ya Masferrer se ha entregado a Columbia.

Me detienen tratando de cerrar un comercio en la calle San Rafael.  Me llevan a la Tercera Estación.  Allí me dan mi primera tunda, me dejan en la celda, a medianoche me sacan para una segunda tunda. A un policía le caigo bien, y me lleva de comer y de beber. Al día siguiente me sacó. Cuando salgo, me encontré ya el mundo dividido.

Desde los años 20, la Universidad de La Habana gozaba de una autonomía que fue abolida con la llegada de Fidel Castro al poder.  ¿Esa autonomía ayudó a que ese fuera el centro neurálgico en la vida cubana de aquel entonces?

Claro.  Por eso la Universidad se convirtió en la colina sagrada, en el centro intelectual y sensible de Cuba. Todos los problemas de Cuba se discutían en la Universidad y la policía no entraba. Tú salías corriendo, te metías en la Universidad y la policía se tenía que quedar abajo. Se quedaba en San Lázaro. Y por la Universidad, aparte del profesorado y los alumnos, pasaron los mejores intelectuales de la época:  españoles, argentinos, peruanos.

El 26 de julio de 1953 Fidel Castro intentó asaltar el cuartel Moncada en Santiago de Cuba.  ¿Cómo recuerda aquello?

El Moncada tuvo que ver con gente hasta familia mía, pero política y estratégicamente nunca lo aplaudimos. Desde el punto de vista político, el Moncada no tiene sentido.  En esos días estaba por darse un atentado a Batista en Varadero.  En eso estaba implicado Fernando Aranda, que era muy cercano a mí.  Fidel era asiduo a la casa de Fernando Aranda, ahí prácticamente vivió, ahí le mantuvieron al hijo y a la mujer y a todo el mundo.  Y Blanca, la esposa de Fernando, tenía una fuerte devoción por Fidel.  Tenía una creencia en él. Fernando le contaba que cuando se va al atentado de Varadero, él no tiene a Fidel muy claro y le cuenta. Entonces él le dice:  “Si a mí lo que me interesara fuera mi poder y mi gloria personal, asaltaba un cuartelito en cualquier lugar y con lo que pase van a tener que contar conmigo después”. Fidel cogió y asaltó el Moncada.

¿Y qué sucede con el atentado a Batista en Varadero?

El atentado falla. Todos los magnicidios tienen una dosis de destino extraordinario.  Yo sé hasta de un atentado a Batista en que la bala no salió del fusil. Se le tiró. Fue en el cementerio de La Habana y cuando la persona disparó, la bala no salió. Entonces yo acabé con la superstición de que no, que el magnicidio no era posible.

¿Esto lo organizó Fernando Aranda por su cuenta?

Fernando Aranda dice eso y él está en la conspiración de Varadero.  Pero él no tiene mucha confianza en Fidel. Fidel va Oriente y ataca el Moncada, sin contar con la gente revolucionaria de Oriente. Tan así que cuando están asaltando el Moncada, la gente revolucionaria, Antonio Sagaró, que era muy cercano a mí, piensa que es un conflicto dentro de los propios soldados.

Según testimonios, Fidel Castro no disparó ni una bala en el Moncada, tuvo problemas con el carro, se perdieron otros integrantes del asalto…

No, el intento del asalto.  [Fidel Castro] Iba en el automóvil y todas esas cosas.  Pero estratégicamente, ¿quién toma el Moncada qué? El mito del [Movimiento] 26 de Julio es tomar el Moncada, entonces cae Santiago, si tomo Santiago, tomo la provincia de Oriente, y si tomo Oriente, llego hasta La Habana. Pero todo eso es el cuento de la lechera. Eso no tiene pies ni cabeza.  Por otra parte, si Batista donde está es en Varadero, donde hay que partirle el alma es Varadero, no en Santiago.

¿Cuál era entonces su percepción sobre Fidel Castro?

La mentalidad suya es fascista.  No es comunista ni remotamente.  O sea, en una discusión de ideas, sobre programas, tesis de sociedad, Fidel lo mismo hubiera sido de derechas, de izquierdas, que cualquier cosa. Ideología política él nunca tuvo, ni creo que la tendrá.  Un día se apareció en casa de Blanca del Valle con el Mein Kampf de Hitler y el abreviado de El Capital de Marx. Entonces, Blanca le dijo: “Bueno, tienes que definirte”.  “Yo no sé lo que tengo que ser, pero tengo que llegar de cualquier manera”. Ese llegar de cualquier manera nos resultaba repugnante.

¿Y usted se consideró alguna vez amigo suyo?

No. Yo conozco a Fidel, pero no puedo decir que tengo amistad con él.  Por ejemplo, Naty Revuelta… Ella dice que fui yo quien le presenté a Fidel.  Yo nunca me acuerdo de esa anécdota. Yo no voy a desmentir a Naty, que es amiga mía y nos conocíamos desde muchachos. Naty vivía en la calle 11 y 8, y yo vivía en 13 entre 6 y 8.  Naty era una gente maravillosa. Yo creo que en toda esta construcción histórica, porque al final acaba siendo historia, hay un tramo que tú no puedes distinguir nunca entre la realidad y la leyenda.  Como siempre hay algo que tú desconoces, ese espacio desconocido se llena con la leyenda. Yo no tengo la más mínima memoria de eso. Naty dice que sí, que estábamos en una reunión revolucionaria y que estaba Fidel y que yo se lo presenté.

¿Cuál fue el objetivo de crear el Directorio Revolucionario con José Antonio Echeverría? 

El Directorio Revolucionario se crea en 1955 cuando la lucha universitaria.   Estamos en un trabajo de unir a todos los grupos y de crear una dirección única.  Joe Westbrook tenía devoción por el Directorio del 30, una atracción histórica;  [Rafael García] Bárcena, también. Me acuerdo que Joe me dijo:  “Jorge, hay que crear el Directorio”.  Nos reunimos en el aula de la Escuela de Ciencias y se planteó eso.  Yo creía que se debía crear allí mismo. “Esto no puede ser así, esto es demasiado precipitado”, me dijeron.  Esta es la posición de Faure [Chomón]. Después salió el engendro que salió.  El manifiesto del Directorio que redacté yo decía eso: “No puede ser una organización más, tiene que ser el conjunto de la vanguardia revolucionaria”.

Yo creo que, desde 1952 en adelante, en Cuba ha habido un movimiento constante de derecha contra lo que fue el Partido Auténtico.  La Ortodoxia se convirtió en la guarida de toda la reacción.  Y el de Fidel era un movimiento, de entrada, casi ferozmente de derechas.  La idea del mundo obrero y campesino, eso no lo concebía el 26.  El 26 entendió que era Fidel y que había que seguir sencillamente lo que Fidel dijera.  Fidel se movía con una serie de acólitos en su adoración al caudillo, pero yo nunca recuerdo, salvo algún que otro artículo con demagogia, pero no recuerdo jamás en la vida tratar el tema campesino ni el tema obrero.  Ellos veían el mundo obrero y campesino como a los que había que darles una limosna para tenerlos al lado.  En cambio, el Partido Auténtico tenía una tradición en el mundo campesino, sobre todo la gente de [Ramón] Grau.

Valls by Claudio Fuentes

Fotografía de Claudio Fuentes.

Varios miembros del Partido Auténtico junto a otros del Directorio participan en el asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957.  ¿Cómo se involucró en todo esto?

El asalto a Palacio en su origen fue una conspiración militar con la que estableció relación Menelao Mora.  Yo era compañero del hijo y conocía a Menelao bastante, pero entonces este grupo militar dice que ellos estaban dispuestos a dar el golpe de Estado si les aseguran la muerte de Batista. Menelao decidió organizar la muerte de Batista, no como un atentado casual, sino como una operación de guerra. De ahí la idea de tomar Palacio y matar a Batista.

Hasta ahí había mucha gente comprometida con eso.  A la hora del cuajo, se rompieron las conexiones y buena parte de la gente se quedó fuera del asunto. Yo siempre he pensado que el asalto a Palacio falla precisamente por eso. Menelao era un tipo muy callado, muy hermético, muy valiente e inteligente, pero no soltaba prenda con nada.  Él mismo limpiaba las armas, él lo hacía todo.  Cuando llegó al grupo nuestro dijo:  “Bueno, esto es una acción suicida. ¿Cuántos están dispuestos?”. Nos sorteamos siete, yo estaba en eso. Entonces nos dijo: “¿Ustedes tienen lugar dónde acuartelarse?”

¿Quiénes eran los siete?

Ernesto Pérez Vidal, Fernando Soldevilla, Tirso Urdanivia… El caso es que teníamos una nave allá en la calle Xifré….  Teníamos una pistola por aquí, otra por allá, una cosa así. Se nos acuarteló y se nos dijo: “Bueno, les avisamos para entrar en combate”.  Empezó el combate.  Antes de eso a mí me habían dado la orden de buscar un arma allá en El Cerro. Yo voy a buscarla y cuando estoy por la Esquina de Tejas, uno me dice:  “Oye, pero tú ¿qué haces por aquí?” “Nada, lo que tengo que hacer.” “¿No sabes que están asaltando Palacio?” Yo tengo la idea de que me han dejado a mí fuera.  En aquella época, lo peor que le podía pasar a uno es que lo dejaran fuera de la acción.

Bueno, le salvaron la vida…

Hubiera sido bueno perderla.  Por lo menos sería gente ahora. El grupo entero había sido dejado fuera y la idea que tenemos es que estamos reservados, pues sabemos que hay dos acciones: la de Palacio y otra después, que puede ser [el cuartel de] Columbia. Esa noche yo la paso en casa de uno de los del grupo, en la calle San Lázaro. Después nos hemos quedado desconectados. Así se pierde una cantidad de armas en Marianao y después de eso lo primero que tienes que hacer es ver cómo te vas. Tienes que huir de la policía que te va a partir el alma, no te van a perdonar.

¿Cuándo se va a México?

Me voy a México casi seis meses antes de que caiga el poder en el 58.  Y me voy de esta manera:  caigo preso y me sueltan.  Entonces, yo que he estado clandestino tanto tiempo, creo que por una gestión del embajador de España, me ponen en libertad.  Me saca de presidio Rosa Ravelo, que me va a buscar como a las diez de la mañana allá al Príncipe, y me llevó fuera.  Tengo que hacer el papel de que estoy en libertad y que tengo que ser visto, pero yo sé que en cualquier momento aparezco con la boca llena de hormigas en el Parque Trillo.  Yo llevo a asilar a una gente y cuando me voy a ir, el canciller de México me dice: “Oye, ¿y tú qué? Tú sabes que te van a matar.  A ti no te van a llevar preso”.  Eso fue a las once y media del día.  Fui a casa, eché cuatro harapos en una maleta y a la una y pico estaba yo saliendo para México. Y México fue toda una experiencia.

Usted regresa a La Habana después de la huida de Batista, con el Gobierno revolucionario ya en el poder.  ¿Cómo encontró el país?

Ya habían cambiado muchas cosas, estaba la familia de por medio. Recuerdo que me van a buscar al aeropuerto y cuando llegamos a la casa todo el mundo está celebrando, y me quedo con la vieja en la cocina y le digo: “¿Para qué tanta celebración si lo que viene ahora es peor?”  Hay una cuestión: si tú estabas con Aureliano [Sánchez Arango], con [Carlos] Prío, Justo Carrillo, tú sabías que en algún momento tú ibas a la libertad, a la posibilidad de vivir. Con Fidel, no.

Poco tiempo después, a un amigo suyo, Marcos Rodríguez, lo llevan preso.  Lo acusan de  haber delatado a la policía de Batista el paradero de cuatro miembros del Directorio que participaron en las acciones armadas del 13 de marzo de 1957 contra la dictadura y que fueron masacrados en los sucesos de calle Humboldt 7.  ¿Cómo reacciona usted?

Cuando venimos de México, a Marcos lo detienen [por primera vez]. Yo voy a Columbia y hablo específicamente con Osmany Cienfuegos. Y le digo: “Quiero que esto se averigüe hasta el final”.  Me acuerdo que hay un policía [batistiano] que está preso que sabía de estos asuntos, entonces una amiga mía va a verlo, muy amiga de Marcos, y le llevó fotografías y él le dijo: “No, este no es”. Al amanecer ya lo habían fusilado.

Es decir, en un primer momento no puede probarse que Marcos Rodríguez fuera el delator de aquellos cuatro jóvenes revolucionarios y él se va al extranjero a estudiar gracias a una beca gestionada por el Partido Socialista Popular.

Sí. A Marcos le habían ofrecido una beca en Praga.  La última persona que habla con él es mi madre.  Marcos le dice a mi  madre: “Me han ofrecido la beca a Praga.  En Cuba, la madre de Joe no cree en mi inocencia, yo me voy para allá.  Pienso saltar a Francia cuando pueda”. Cuando llega, él se lía con la gente que va a hacer la Primavera de Praga después. Allí es donde lo cogen y a él lo cogen por el enredo ese. Lo traen a Cuba. Lo tienen tanto tiempo preso y después… Yo le estoy dando clases a una muchacha, que era amiga de una novia que tuvo Marcos. Por esta novia de Marcos sé que está detenido e incomunicado. Me empato con el padre. Él tampoco sabía nada. A Marcos lo tuvieron hermético todo el tiempo. Y cuando ya a Marcos lo presentan en público es un guiñapo humano. No podía sostenerse.  Algunos creen que él tuvo que ver con la delación. No tuvo posibilidad de delatar, porque ese apartamento estuvo bajo la custodia nuestra.

¿Quién formaba esa custodia?

El grupo mío era Fernando Soldevilla, Tirso Urdanivia…  El apartamento se alquiló para mí.  El apartamento se quemó.

¿Usted cree que la policía batistiana ya conocía de la existencia de ese apartamento?

Sí. Yo creí que había sido una equivocación, un error, y que la policía había seguido algún carro a la entrada y salida, porque cuando entregamos el apartamento sabíamos que aquello estaba muy difícil, pero fue mucha gente en una noche al apartamento. No tenía sentido aquello, fueron como seis o siete personas al apartamento, sabe Dios a qué. Al principio, pensé que era un error. Vigilaron un carro y cayeron allí. Después supe que había sido una delación porque la policía no violentó la puerta, entró con una llave.

¿Y es entonces que usted se presenta en el juicio? 

Conocemos los juicios de Cuba.  Cuando sabemos que él está detenido y lo van a presentar a juicio, yo me aparezco al tribunal y digo: “Yo voy a declarar aquí a cualquier precio”. Ese día me llevan preso a casa de Fidel. Fidel me interroga sobre mi estancia en México, mi conocimiento de Marcos en México.  Nada referente a lo que tenía que ver con la inocencia de Marcos. Cuando yo trato de meter esa baza, cortan el interrogatorio. Me sacan. Me llevan a la casa. Fidel es un interrogador policíaco. Él no te deja meter baza. Él te interroga como te interroga un policía, a ver por dónde te coge. Hubo una persona, un abogado, que dijo algo así: “La única declaración a favor y no se toma en cuenta”.

¿Con Osvaldo Dorticós tuvo algún tipo de contacto?

Yo fui a ver a Dorticós. Me acuerdo de una frase de Dorticós que me pareció repugnante: “No nos interesa la culpabilidad o inocencia de Marcos Rodríguez, sino las implicaciones políticas de este juicio”.

Desde que triunfa la revolución, Marta Jiménez, la viuda de Fructuoso Rodríguez, acusa a Marcos. ¿En qué se basaba la acusación? 

Jarabe de pisco de Faure [Chomón].  Ella no sabía nada de lo que había pasado ni cosa por estilo.  Insisten en Marcos. Cuando hay un muerto, la mejor manera de taparlo es con otro.  Si tú matas a una gente y después matas al que se supone que delató, cerraste el cuadro. Marcos no pudo físicamente haberlo hecho, yo hice esa investigación. La familia casi siempre forma el pensamiento por lo que tiene alrededor. Este es el caso de Marta. Yo no sé cómo piensa ahora, pero ella aceptó la versión que le dieron, porque la versión que le dieron eximía de sospecha a otra gente, que hubiera sido sospechosa.

En ese juicio, que fue televisado, usted fue el único testigo que defendió la inocencia de Marcos.  ¿En que se basó para defender su inocencia?

En el conocimiento que yo tenía de Marcos. Marcos era mi hermano, vivía en casa a veces. Y sabía perfectamente que aquello no era así. Minuto a minuto… Era imposible que Marcos lo hubiera hecho.

Usted quizá sea la única persona que cree en la inocencia de él.

No. Hay una persona que tiene escrita una versión que se ha despreciado siempre, que es Esteban Ventura [capitán de la policía batistiana y sicario]. Ventura tiene un libro en que habla de eso.

Sí, y menciona a Faure Chomón como delator…

Sí. Lo más probable. Yo no te puedo decir, no tengo la posibilidad de una afirmación completa como la tiene Ventura. Ahora, sí sé que Marcos no tiene nada que ver. Y que hubo mucho interés en matar a Marcos. Él cae preso en Checoslovaquia por conspiración con el grupo que va a hacer luego la Primavera de Praga. Lo mandan a Rusia y de allí a La Habana. Está incomunicado durante mucho rato. Marcos no era cómodo dentro de este medio. Primeramente porque era inteligente, culto, cosa no muy abundante en la época mía. En la época mía ser culto e inteligente en un varón era dudar de su virilidad. La energía viril se demostraba mientras más bruto fueras.

Precisamente ese fue uno de los temas que tocan en el juicio, donde se habla insistentemente de la supuesta homosexualidad de Marcos Rodríguez.  Fidel Castro alude a su debilidad de carácter y lo vinculan todo a un despecho contra los que se refugiaban en el apartamento de la calle Humboldt 7.

Nada de eso. Marcos estuvo enamorado de una amiga de mi hermana. Nunca llegó a nada con ella. No era homosexual. Prácticamente vivía en casa. Yo sabía de su vida y él de la mía. Después llegó la leyenda de embarrarlo, de convertirlo en homosexual, en delator, en esto y lo otro. Marcos hacía conspiración militar conmigo. Nunca se filtró un detalle.

Pero hay una confesión inculpatoria de Marcos Rodríguez…

Hay cuatro confesiones, creo. En Seguridad del Estado cualquiera confiesa que se comió a su abuela.  Si tú estás en Seguridad del Estado, no tienes contacto fuera de la Seguridad del Estado, no tienes posibilidad de abogado, ni de defensa, ni de ley, ni cosa por el estilo, tú acabas confesando que te comiste a tu abuela cruda. Hay un momento en que el grado, no es de acoso, es de desesperación, en que dices que sí a todo. Yo he estado preso más de una vez. Cuando tú estás en Seguridad del Estado, tú sabes que no hay nada, absolutamente nada en el cielo ni en la tierra que te pueda ayudar.

Una vez yo estaba en el G-2 de Santiago. Y al lado mío pusieron en una celda que tenía una reja encima a un individuo que viene del campo y que nunca había estado preso. Él se desespera. Trato de decirle algo, pero cuando el preso está así no le puedes decir nada, hay que dejar que se le pase. Que se le pase quiere decir que se ahorcó esa noche. Hay un momento en que el preso se desespera, no ve horizonte. Sabe que no hay horizonte. Y se ahorca. No es uno. Son muchos.

En el juicio, que se celebró después de tres años en prisión, salió a relucir que Marcos Rodríguez espiaba para el Partido Socialista Popular y se mencionan dos nombres claves de esa agrupación política: Joaquín Ordoqui y Edith García Buchaca, quienes lo habían acogido en su exilio en México.  

A final de año hay tanta gente de la dirigencia del Partido [Socialista Popular] presa.  Básicamente liquidan la cabeza del Partido.  Fidel nunca respetó al Partido. Para Fidel fue un cojinete, y lo utilizó, lo vapuleó, lo masticó y lo escupió.  El Gobierno cubano es retórico. Quiero decir, tú nunca puedes confiar en el discurso. Ellos te hacen un discurso muy bonito, pero después hacen lo contrario.  [Joaquín] Ordoqui era la gran cabeza del partido comunista.  Era una gente chévere. Y la Buchaca igual. Era gente en serio, comunista. Querían a Marcos mucho. Los dos eran tradicionales del partido comunista. Ordoqui se supone que haya sido el gendarme mayor del partido. Era gente inteligente, culta. Pero el partido se suma a Batista cuando yo estoy en contra [de Batista], se suma a Fidel cuando yo estoy en contra también. Yo vengo de otro horizonte.  En Cuba, el partido siempre fue hembra.  El partido nunca fue macho. Ellos siempre se arrimaron a alguien para ver cómo llegaban. Hubiera sido mejor quedarse solos, hubiera sido más respetable.

¿Cómo recibe la noticia del fusilamiento?

Estoy en la iglesia de Santa Teresa, en el Vedado. Llega un amigo, Silvino, que tenía contacto con un soldado de La Cabaña. Y me dijo: “Mataron a Marcos”. Ese era el clima de beligerancia, de que el que ganara la guerra tiene derecho de vida y hacienda sobre los demás. Así se hizo en Cuba. El que ganó la guerra, al que le tocó, le arrancó la cabeza, con causa o sin ella.

En 1964, a los pocos días de fusilado Marcos Rodríguez, a usted lo llevan preso. ¿Por qué?

Me acuerdo que cuando llego a la Seguridad me dicen: “Tú te has puesto en contra de nosotros, nosotros hemos decidido ponernos en contra tuya”.

¿Qué hacía usted?

Decía uno de la Seguridad que yo iba con una aguja hipodérmica inyectando a la gente contra el Gobierno. Yo estuve en contra de Fidel desde el primer momento. Yo nunca fui fidelista ni creía en esa bobería. Sigo pensando que el autenticismo fue la última expresión de democracia y libertad en Cuba.

¿De qué lo acusan, cuál es el delito que le imputan?

Conspiración y actividad contra los poderes del Estado.

Esa conspiración que usted llevaba a cabo, ¿contemplaba la lucha armada contra el nuevo régimen?

Sí.

¿Poseía armas?

En aquel momento no teníamos prácticamente nada. Teníamos alguna que otra pistola, pero no negábamos la lucha armada. El tema de la no lucha armada viene cuando la desproporción del poder es muy grande; es decir, ya cuando yo llevo tanto tiempo preso y han fracasado una serie de movimientos, ya entonces me doy cuenta que la lucha armada es una trampa. Al Gobierno le interesa que tú te alces, porque es la pelea de mono amarrado a león. Al Gobierno una denuncia, un tipo que le haga una huelga en la calle, sí le molesta porque es escándalo público. El Gobierno de Castro ha tenido la mejor publicidad y el prestigio mayor de la historia.  En el mundo moderno ha habido dos movimientos que han tenido un tremendo prestigio: uno es el nazismo, el otro, el castrismo.

A usted, ¿dónde le hacen el juicio?

En La Cabaña.

¿Qué tiempo duró el juicio?

Por la mañana y por la tarde y se acabó. A mí me dijeron: “Chico, aquí nada más hay dos posibilidades.  O condena larga o pena de muerte.  Prepárate para la pena de muerte”. Libré con 20 años.

¿Dónde cumplió prisión?

En La Cabaña, en la Isla [de Pinos], en El Príncipe, en Guanajay, en Boniato.

¿Cómo logró sobrevivir esos 20 años?

Día por día.  La prisión es nada más otro lugar donde estar. Tú haces tu vida allí. Hubo de todo en esos 20 años… Yo puedo vivir el tiempo que sea en el espacio que sea porque sencillamente… para mí el pensamiento era más importante. Uno se acostumbra a vivir donde lo ponen. No creo que uno escoja mucho eso. Yo no escogí nacer en Marianao. Yo caí ahí. El presidio lo escogí, pero no cuál de ellos. El peor trato era para los presos políticos. Requisas. Entradas a leña. El presidio es muy poco original.  Ahí hay solo dos posibilidades:  la jaula y entrada a leña.

¿Fue testigo de fusilamientos?

Auditivo, sí.  Desde la galera en que yo estaba no se veían los fusilamientos. Había un misterio… la audición. En el foso de La Cabaña hasta los pasos más leves tú los oyes. Vivíamos en una galera. Escuchábamos cuando se encendía la luz, cuando traían al preso, toda la parafernalia del fusilamiento, las últimas palabras del preso y, por último, la lechuza.  Había una lechuza que iba a por las carnazas del poste donde fusilaban o a la pared a arrancar las carnazas para comérselas.

¿Cómo lo ha acogido el exilio?

No necesariamente me ha entendido mucho. Y es lógico, ¿no? En última instancia, yo me defino como revolucionario. Ese es el punto de partida. El punto de partida de mi pensamiento es el conflicto entre la realidad inmediata impuesta y lo que yo considero que es lo que debe ser. Y ahí es donde viene la revolución. Pensaba que Cuba necesitaba un paso más. Pero todo sale como tiene que salir, no como uno quiere.

Esta es la playa de las ilusiones perdidas. En francés hay una palabra que a mí me gusta mucho para definir esta situación: l´épave. L´épave quiere decir lo que el mar bota. Esto es, en lengua marinera, lo que el mar arroja.

Publicado en Diario de Cuba.

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