Una reliquia habanera en EastmanColor

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Fotograma de Carnaval.

Mientras La Habana bullía en sus carnavales de 1960, un equipo de jóvenes e inexpertos cineastas intentaban capturar la atmósfera festiva de la ciudad.

“Joe Massot consiguió que Alfredo Guevara, presidente del Instituto de Cine (ICAIC), le asignase la dirección de un documental sobre el carnaval.  El corto, de 20 minutos, se haría en coproducción con el Ayuntamiento de La Habana, con el objetivo de atraer turistas a Cuba”, recuerda Fausto Canel, su codirector.

Nacido en Nueva York e hijo de madre cubana, Massot formó parte del recién creado instituto de cine. Se fue de Cuba en 1961 y falleció en Londres en 2002.

“Con su enorme talento para engatusar, Massot consiguió que el presupuesto implicase filmar en 35 milímetros y en color, algo nunca visto en el ICAIC hasta ese momento. A mí me ofreció la realización, conservándose él la dirección de los actores que, de hecho, nunca habían actuado. La calle neoyorquina le había enseñado a Joe que la suerte no se espera, sino que se crea”, dice Canel.

Pero para entonces en Cuba no se podía procesar película fílmica a color y el negativo debió ser enviado al laboratorio Deluxe de Nueva York para su revelado. Conversamos sobre este tema con Fausto Canel.

Filmado en EastmanColor, con actores y unos créditos animados, y luego un estreno con alfombra roja, el documental parecía seguir los patrones de Hollywood más que los de un país que comenzaba a hacer cine revolucionario.  A la luz de los años, ¿qué representa ese documental para ti?

Representa precisamente eso, mi primera oportunidad de hacer cine con “todos los hierros”.  Habría que agregar que los créditos de Carnaval, dirigidos por Jesús de Armas, fueron el primer trabajo del Departamento de Animación del ICAIC, creado para la ocasión.  Al mismo tiempo, el ICAIC produjo Ritmos de Cuba, también en EastmanColor, dirigido por Néstor Almendros con la misma actitud de entretenimiento. Como dije antes, es difícil imaginar los vaivenes de la política cultural del ICAIC en aquel momento. Una de cal y otra de arena. Por si acaso.

El documental se estrenó en La Rampa para el 26 de julio de ese año, en exhibición especial, junto a otros seis cortos producidos por el ICAIC. Más tarde, su proyección en los cines del país ayudó a distraer a una población preocupada por las tensiones cada día mayores entre EEUU y Cuba. De hecho, las sanciones económicas impuestas por EEUU a finales de ese año dieron como resultado que el ICAIC nunca pudiese recuperar el negativo, ya que nunca pagó los gastos del laboratorio Deluxe en Nueva York. Solo se importaron tres primeras copias que de tanto ponerse en su momento ya no existen.

En una entrevista que diste a Lunes de Revolución decías que el documental tenía una doble función, turística y política, aunque yo no veo nada de eso. ¿Pudieras abundar en esos aspectos?

Es imposible para los que no vivieron la época imaginar los tumbos que daba la revolución cubana en aquellos primeros meses. Pensado para una distribución internacional, Carnaval intentaba estimular el turismo mermado por la mala propaganda que crearon los fusilamientos sin juicio a partidarios de [Fulgencio] Batista, lo cual en sí mismo era contrapropaganda política.

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Fotograma de Carnaval.

En tus textos has recordado todas las vicisitudes y trabas que ponía el ICAIC para que cineastas exiliados tuvieran acceso a su propia obra y has narrado cómo, por casualidad, Néstor Almendros vino a dar con una copia de Carnaval que estaba archivada en los laboratorios Deluxe en Nueva York. ¿Pudieras abundar en esto? ¿Por qué la copia del documental se quedó en Nueva York?

Ya señalé en otra parte la alegría en la voz de Néstor cuando una mañana de 1989 me llamó desde el laboratorio Deluxe, donde terminaba la corrección de luces del episodio de Martin Scorsese para New York Stories.

“Los recuperamos, Fausto, los recuperamos”, me decía lleno de entusiasmo desde la oficina del director del laboratorio.

Yo no entendía nada. “¿De qué hablas, qué recuperamos?”

Néstor trabajaba esa mañana en el laboratorio en Manhattan cuando el director se le había acercado y le había dicho: “Almendros, ¿sabe usted que en las bóvedas tenemos dos cortos cubanos?”.

“No”, le respondió Néstor. “¿Cuáles?”

El hombre consultó sus apuntes: “Ritmos de Cuba es uno, y el otro, Carnaval.”

Era realmente increíble.  No sabíamos que los negativos estuviesen todavía allí.

“Sí”, me contaría Néstor que le explicó el director del laboratorio. “Los revelamos y enviamos los rushes a La Habana y luego tiramos unas pocas copias… Pero el ICAIC nunca nos pagó y cuando se rompieron relaciones con la Isla y se instauró el embargo comercial, los negativos ya editados se quedaron en nuestras bóvedas… Desde entonces están ahí…”

“¿Y es posible que obtengamos una copia?”

“Mire, como directores tienen derecho a una copia en vídeo para su uso personal, pero me tienen que firman un acuerdo por el cual se comprometen, so pena de procesamiento judicial, a no comercializar los cortos.  Esas películas son propiedad del ICAIC y a ese organismo se las devolveremos cuando nos hayan pagado lo que nos deben.”

Al día siguiente, en el laboratorio, vimos Ritmos de Cuba y Carnaval por primera vez desde su estreno en el cine La Rampa,  en el verano de 1960, 29 años antes. Una impresión difícil de describir y que luego volví a sentir cuando tuve la oportunidad de ver de nuevo Desarraigo, Papeles son papeles, Torrens y El final, películas que he conseguido recuperar con los años.  Muchos años.  (Todos esos filmes se pueden ver en el sitio web de Fausto Canel.)

En contacto con un ejecutivo de Deluxe me comentaba que los archivos fílmicos que tenía ese laboratorio en Nueva York fueron trasladados a Hollywood y, preguntándole por el negativo de tu cortometraje, me aseguró que la copia no aparece.  De aparecer  el negativo y de pagar el ICAIC una factura que data de 55 años atrás, ¿crees que tu documental debería tener su revival?

Creo que más allá del valor cinematográfico que todavía pueda tener, el corto es una reliquia, una pieza de museo sobre una revolución que daba tumbos y vaivenes políticos. De ahí su existencia.  Es también una oportunidad de ver La Habana antes del derrumbe y a los habaneros gozando de una libertad que no les iba a durar mucho.

Publicado en Diario de Cuba.

‘Dire Straits’, nuevo libro de Fausto Canel

dire_straitsCon el libro Ni tiempo para pedir auxilio, el cineasta de origen cubano Fausto Canel reveló sus dotes narrativas con una historia que vivió y sufrió en carne propia: su secuestro por parte de la policía política de la Isla. Escrito en inglés a partir de lo que comenzó siendo un guión de cine, Canel vuelve a la carga con Dire Straits, su nuevo libro que, según él, es “una película en palabras”.

¿Qué es Dire Straits? ¿Qué cuenta?

Dire Straits es un intento de poner en evidencia, en el contexto de una historia de intriga y aventura, el regreso de la familia cubana como protagonista de la historia del país. Desde comienzos de la República, gracias a los inmigrantes españoles que se consolidaban en la isla gracias a su capacidad de trabajo y a sus contactos con sus familiares en España, la clase media comerciante se convirtió en el verdadero poder. Esa clase paralizó Cuba en los primeros días después de la caída de Batista para evitar los chanchullos que ya se cocinaban entre políticos de todas las tendencias y militares del antiguo régimen. Esa huelga general la convocó Fidel Castro para que el triunfo no se le fuese de las manos -y fue una lección que nunca olvidó. Por eso sus primeras medidas se encaminaron a la destrucción de la estructura de la familia, sobre la que estaba construida esa clase. Primero envió a los adolescentes a las montañas, lejos de sus padres, luego “al campo”. Finalmente nacionalizó y sacó a los comerciantes del país, no imaginando siquiera su espectacular regreso como clase económica en el sur de la Florida. Hoy el régimen necesita de Miami y la clase media cubana va, poco a poco, recuperando terreno. Sin que Dire Straits se ocupe directamente de visitas o de remesas, su tema es la familia cubana dividida que se reúne para detener una locura que no por espectacular deja de ser retrato de una situación política catastrófica.

¿Por qué un libro y no una película? ¿Y en inglés?

Esta historia la escribí como guión de cine, para Hollywood. Lo presenté a la Universal y me dijeron: “Esto es una película cubana y nosotros no hacemos películas cubanas”. Y tenían toda la razón: era un tema cubano. Entonces me dije: “Como nunca voy a poder realizar esta película, porque habría que rodarla en Cuba y en la isla no la puedo hacer por razones políticas, voy a tomar el guión y convertirlo en un relato escrito”. Prefiero no llamarlo novela. Es una película en palabras, no en imágenes. Un experimento que me interesa saber cómo funciona con el lector. Está escrito en inglés, porque el guión había sido escrito en ese idioma.

¿Cuándo se presenta y cómo se puede adquirir?

Se va a presentar en noviembre en la Feria del Libro de Miami, lo va a vender Books & Books, y también se puede encontrar, como Ni tiempo para pedir auxilio, mi libro anterior, en Amazon.com.

El último ‘apparátchik’

Mentor político de Fidel y Raúl Castro, Alfredo Guevara (1925-2013) ejerció algún poder entre los hermanos. A pesar de su lealtad, fue humillado, públicamente, por el mayor de los dictadores.

Hace escasos tres meses, Alfredo Guevara declaraba que el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), fundado por él en 1959, era una institución obsoleta. “Yo diseñé la organización, pero digo, ‘esto no funciona más'”, aseguró a The New York Times. Apenas tres años atrás, el dictador Fidel Castro reconocía que el modelo cubano no funcionaba más: “El modelo cubano ya no funciona ni para nosotros”, dijo Castro a The Atlantic.

Esas afirmaciones debieron acompañarse por el desasosiego o por cierto complejo de culpa, pero de ello no hay noticias. En ambos casos, las declaraciones eran hechas a medios de comunicación de Estados Unidos y explicaban el fiasco en la gestión de un instituto de cine y de un país.

Acaba de morir Alfredo Guevara, quien tuvo poder suficiente para decidir qué se filmaba en Cuba, figura controversial toda su vida. Seguidamente a la firma de la ley 169 de creación del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), del 20 de marzo de 1959, Guevara pasó a controlar prácticamente toda la importación, exportación, la exhibición y la producción cinematográficas en el país.

La cercanía con Fidel y Raúl Castro desde los años 50, de quienes había sido mentor al aconsejarles la lectura de Marx y Lenin y llevarlos por el camino del marxismo, fue decisiva para su nombramiento al frente del Instituto. Pero en 1961, viendo que un grupo de muchachos, apoyados por el magacín Lunes de Revolución, habían realizado un cortometraje sobre la noche habanera, confisca la película y se arma uno de los más sonados episodios de censura en el país.

Durante medio siglo, muchos pormenores de la prohibición del cortometraje PM permanecían en una nebulosa, hasta la reciente publicación del libro El caso PM. Cine, poder y censura (Madrid, Colibrí, 2012) que desgrana paso a paso lo que fue sucediendo alrededor de ese filme de la discordia. Con la censura de PM, que dirigieron Orlando Jiménez Leal y Sabá Cabrera Infante, Guevara destruía cualquier posibilidad de cine independiente.

Como autoridad central del nuevo organismo, cerró las puertas del Instituto a viejas figuras del cine prerrevolucionario, impidiendo que muchos profesionales pudieran seguir trabajando en el sector. Fue muy conocido su enfrentamiento con Ricardo Vigón, cofundador del Cine Club de La Habana (1948) y de la primera Cinemateca de Cuba (1951), de quien dijo no tenía los conocimientos suficientes para trabajar en la industria cinematográfica. A unos que ya colaboraban en el ICAIC, los expulsó; mientras que otros como Guillermo Cabrera Infante se marchaban por enfrentamientos con Guevara.

En un memorando que le escribió, Tomás Gutiérrez Alea (Titón) le criticaba a Guevara: “No puede haber variedad en nuestras obras si todas se deben ajustar al gusto de una sola persona”. El presidente del ICAIC llegó prácticamente a condenar el free cinema y la insolencia de todo aquel que lo cuestionara. Los enfrentamientos con Titón fueron célebres, y de ello da cuenta el libro Volver sobre mis pasos (La Habana, Unión, 2008), preparado por su viuda Mirta Ibarra y que contiene la correspondencia del cineasta.

Durante los momentos más crudos de represión a los homosexuales en las décadas de los 60 y 70, Guevara mantuvo una postura un tanto paradójica: protegió a todos los que estaban bajo su feudo, pero no se atrevió a criticar, ni en público ni en privado, las políticas homófobas y criminales de los dirigentes de la revolución cubana. Sin embargo, apoyó la censura más férrea que sufrió el escritor Virgilio Piñera y envió las cámaras del ICAIC a filmar la autoinculpación del poeta Heberto Padilla, después de su encarcelamiento.

Para que se tenga una noción de hasta donde llegó su cinismo, cito este párrafo en que Guevara habla del dramaturgo censurado: “si nos surgiera ahora un Virgilio Piñera que no tuviera esa historia, que no hubiera participado en Lunes, que no se dedicara a tratar de reclutar a los jóvenes intelectuales envenenándolos en sus relaciones y sus posiciones, o proponiéndoles planteamiento de determinadas posiciones ideológicas, y si no existiera ese pasado, y fuera un nuevo Virgilio Piñera el que naciera ahora, diría que eso sería harina de otro costal”.

Alfredo Guevara, en tanto presidente del ICAIC, dio el visto bueno para que se realizaran cuatro documentales de la ignominia durante el éxodo de Mariel (1980), todos bajo la batuta de Santiago Álvarez y Fidel Castro (y menciono ambos nombres porque ya para entonces el último pensaba por el primero), documentales de corte neoestalinista o neofascista si se quiere, que son una auténtica burla contra el pueblo cubano, y la inteligencia humana también.

Su primer mandato en el ICAIC no estuvo exento de polémica: además de la que hubo alrededor de PM (1961), le siguió la que sostuvo con el dirigente Blas Roca desde el periódico comunista Hoy (1963) a propósito de lo que se consideró como una exhibición de películas decadentes —La dolce vita, entre ellas— que Guevara defendía; y la última a raíz de la producción del filme Cecilia, que dirigió Humberto Solás en 1982 y que fue tan costosa, que le costó su reverendísimo puesto al presidente del ICAIC.

En su primera caída, Alfredo Guevara fue designado como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario ante la UNESCO, y hasta allí fue con su séquito, no se sabe si para beneficiarle o joderle la vida a quién. Siguiendo las instrucciones de su Comandante en Jefe, Guevara permaneció en París hasta 1991, cuando le encomiendan volver al ICAIC y arreglar el desaguisado del filme Alicia en el pueblo de Maravillas, que provocó la destitución de Julio García Espinosa al frente del Instituto (y que por poco causa su cierre o su fusión con las fuerzas armadas o el instituto de televisión).

En una de sus más simpáticas entrevistas, a Castro le dio por hablar de cine. Dijo que le fascinaban las películas de Chaplin y de Cantinflas, y se paró ahí. Esas eran las películas favoritas del Comandante en Jefe, las que no hacían pensar mucho. No mencionó ninguna película cubana, para dolor del presidente del ICAIC.

El 24 de febrero de 1998, Castro hacía públicas sus desavenencias con el presidente del instituto de cine, antes de hablar horrores de la película Guantanamera, que para colmo no había visto: “No padezco del masoquismo de ver algunas de las cosas que con recursos de la Revolución y del pueblo se han creado y que no son un estímulo a la lucha, a la resistencia y al reconocimiento del mérito de tantos héroes anónimos como tiene este país”.

Alfredo Guevara tuvo que aguantar con estoicismo la humillación que Castro le había infligido en una de las sesiones de la Asamblea Nacional, en un discurso que fue transmitido en vivo y en directo para todo el país. Desde entonces, su salida del ICAIC había sido prevista, pero no estaba dispuesto a que aquello fuera interpretado como una destitución. En lo que parece ser su última súplica al dictador, Guevara le había pedido el puesto de presidente del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que empezó a ocupar desde 1999.

Refugiado en esa comodidad, el viejo apparátchik empezó a recopilar y a publicar unos voluminosos libros de títulos impronunciables y cursis. Cuando se le creía sin poder, hace dos años, destituyó a todo el personal de la Oficina del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, que lo acompañó en la organización del evento durante casi dos décadas.

Dio órdenes de no proyectar tal película o de no aceptar tal otra a competencia. Por problemas de comunicación, se despertó el sempiterno fantasma de la censura. Con mayor o menor razón, los realizadores afectados fueron ganando quorum hasta que el viejo apparátchik hizo su aparición en escena: “A mí hay que sacarme de aquí a cañonazos”, dijo. Pero este 19 de abril, su corazón dejó de funcionar.

Reacciones

Germán Puig, cofundador del Cine-Club de La Habana y de la primera Cinemateca de Cuba, dijo sobre Guevara: “Vivió creyendo que el fin justificaba los medios. Todo lo que se apartara de eso, le estorbaba. Al igual que Fidel Castro, creía que lo que hacía estaba bien hecho, aunque se equivocara. Se ha roto un cordón umbilical, porque Alfredo Guevara decía que yo era enemigo suyo. Él veía en mí a su alter-ego. Creía que tenía la misión de crear una industria cinematográfica, y la realidad prueba que en eso tenía razón”.

Fausto Canel, quien trabajó en el ICAIC hasta exiliarse en 1969, recuerda: “Fue un dirigente brillante que quiso hacer la cuadratura del círculo: quiso promover un cine de calidad y hasta crítico en un contexto marxista-leninista en el que creía. Pudo hacer lo que hizo en momentos en que el régimen cubano estaba en formación, pero en cuanto se convirtió en un régimen leninista, él tuvo que entrar por el aro. Cometió errores inmensos por razones de temperamento, metió la pata con la censura de PM. Ese fue un grave error que le cayó en sus espaldas y que Fidel Castro nunca le perdonó”.

“Se cuenta que Alfredo Guevara le ganó la presidencia de la FEU a Fidel Castro y entonces este se preguntó cómo era posible que ese hombre con frenillo y que no sabía hablar en público, podía ganarle. Y le ganó porque tenía el apoyo de la juventud comunista, que entonces tenía un entramado muy sólido. A partir de entonces, Fidel Castro se acercó a Guevara y le pidió que por favor le diera una mano con la educación de Raúl Castro, y es cuando consigue que inviten a Raúl a un congreso de las juventudes, organizado por la Internacional Comunista en Praga. Así fue cómo Alfredo se llevó a Raúl y lo empezó a meter en el mundo comunista. Luego fueron invitados a Moscú, regresaron en barco y se hicieron muy amigos”.

“Por esa época, Fidel Castro era un lector voraz de Benito Mussolini y de Primo de Rivera. El consejo de Alfredo fue: ‘léete a Marx y a Lenin que son los que tienen las cosas claras’…”

“Le parecía completamente estúpido perseguir a los homosexuales y sobre todo mandarlos para campos de concentración. Él era más inteligente que los imbéciles. Le gustaba estar rodeado por hombres bonitos. Él nunca se hubiera tirado contra el poder e hizo lo que pudo”.

Orlando Jiménez Leal, co-director de PM y del documental Conducta impropia, dice: “Alfredo Guevara quería ser poeta. Un día en una larga caminata en Madrid, mi amigo Roberto Fandiño me dijo: ‘Yo he sido el confesor de Alfredo Guevara’. Le pregunté que si era Père Lachaise y me dijo aun más, que él era el corrector de sus poemas”.

“Cuando llegamos a su casa, para probarme lo que decía, Fandiño sacó unos extraños manuscritos. Eran los poemas de Alfredo. Yo leí aquello con extrañeza y con pasión. Recuerdo que eran unos hermosos ripios, una mezcla de Luis Cernuda y Miguel Hernández en proporciones que no recuerdo. Había una extraña reiteración de las caracolas y el mar. ¿Qué extraño poder tenía este hombre? ¿Cómo pudo ganar tantas batallas prácticamente en solitario? ¿Qué intrigas palaciegas controlaba?”

“Lo cierto es que tenía un extraño ascendente sobre Fidel Castro que nadie hasta ahora podía entender. Fue un apparátchik aplicado, rebelde y sinuoso. Paseaba su saco sobre sus hombros como una especie de desafío a ese mundo machista que lo rodeaba. Tuvo la virtud de crear una industria de cine en Cuba. En realidad creó el aparato de propaganda más poderoso que tenía la revolución. Con él infectó con boberías ideológicas a medio mundo. Que descanse en paz”.

Publicado en Diario de Cuba

Fallece el cineasta Roberto Fandiño

El cineasta y crítico hispanocubano Roberto Fandiño Rego, figura que durante décadas estuvo borrada del mapa del cine cubano revolucionario, falleció este domingo (26 de julio) en Miami tras complicaciones derivadas de un cáncer cerebral. Tenía 79 años.

Nacido en Matanzas el 28 de septiembre de 1929, se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de La Habana. Desde joven se interesa por el teatro, siendo profesor de la Academia de Arte Dramático (ADAD). En La Habana, dirige varias piezas en la sala de la Academia Municipal de Arte Dramático: El árbol número 13, de André Gide, en 1953; Ha llegado el momento, de Xavier Villaurrutia, en 1954; y Antígona, de Jean Anouilh, en 1955. Además, realiza escenografías para el Patronato de Teatro y el Ballet de Alicia Alonso. En 1959, publica en la revista Nuestro tiempo una crítica sobre la pintura abstracta durante el batistato, que causa controversia.

Se incorpora al Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) en 1960, donde trabaja como coordinador de producción y luego como realizador de documentales. Su primer trabajo en el documental fue Carta del presidente Dorticós a los estudiantes chilenos (1960); y le siguieron Ganaremos la paz (1961), sobre la invasión de Playa Girón; Primero de Mayo socialista, Tiempo de Pioneros y Reunión en La Habana (todos de 1962); Cuba en el VIII Festival, Gente de Moscú y Exposición cubana en Moscú (de 1963) y María Cervantes (1968).

En la ficción realizó el corto Alfredo va a la playa (1963) y el largometraje El bautizo (1967).

Uno de sus documentales más importantes es Gente de Moscú, que retrata, al estilo del free-cinema, el ambiente y la vida moscovita, de una manera romántica pero desprejuiciada. Aunque recibiera el Premio Liga de los Pueblos del Festival de Leipzig (antigua República Democrática Alemana), el solapado elogio le llegó de la embajada soviética en La Habana, que protestó ante el ICAIC por lo que consideraba una visión pesimista y poco edificante de Moscú y su gente.

Según Fausto Canel, hacia 1964, Fandiño había tenido varios problemas con la censura: el comentario de René Depestre en Gente de Moscú fue eliminado, mientras que las filmaciones de El pelotero y la corista y de Sexto mandamiento, sobre las escuelas de becados, son desaconsejadas por el Comité Olímpico Cubano y el Ministerio de Educación, respectivamente.

Sin embargo, El bautizo es su gran película fantasma, por muchos años sepulta en las bóvedas del ICAIC. El actor Enrique Almirante (1930-2007) resumía la suerte de una cinta en la que trabajó: «se estrenó y nunca más se puso, es una película simpatiquísima y tiene un elenco con el que el pueblo se identificó mucho».

Catalogado como un «clásico injustamente olvidado», El bautizo es «una comedia satírica de cariz posmoderno y sorprendente por su carácter audaz y crítico. En ella todos los estratos sociales e instituciones de aquel entonces reciben el dardo satírico de Fandiño; desde la propia revolución, pasando por sus opositores, hasta el clero católico. Esta cinta viene a decirnos que el posmodernismo en el cine iberoamericano no lo inventó Almodóvar», según la revista Espacios Digital.

Sale de Cuba en 1967 con una beca que recibe del gobierno italiano para estudiar Historia del Arte en la Universidad de Roma, sin saber que ese sería el inicio de un largo y definitivo exilio. Cuando un año después toma a Madrid de escala para su retorno a La Habana, se aloja en casa de Ramón Suárez e Irma Alfonso. Allí se encuentra con Fausto Canel, que le habla de la ofensiva revolucionaria que comenzaba, de la confiscación de los pequeños negocios y del giro de los acontecimientos con el apoyo público de Fidel Castro a la invasión soviética a Checolosvaquia. Fandiño descarta regresar a Cuba, a pesar de las insistentes cartas de Alfredo Guevara, presidente del ICAIC, en las que le aseguraba que, de no cometer ningún escándalo como homosexual, a él no le sucedería nada.

De su época en Roma y de su entrañable amistad con el escritor Calvert Casey, deja un revelador testimonio en «Pasión y muerte de Calvert Casey (1924-1969)», ensayo aparecido en la Revista Hispano Cubana (No.5, otoño 1999), donde desgrana el tormento del escritor y el misterio del suicidio anunciado. «Hay personas que se cuidan de la indefensión pensando en la muerte como la gran protectora”, escribió Fandiño.

Conocedor de la deriva autoritaria de una dictadura, Fandiño esperó por la desaparición física de Francisco Franco para nacionalizarse español. Se iniciaba la época del destape, de películas picantes y subiditas de tono que solo pudieron realizarse en España después de la muerte del Caudillo. De esa época y en esa corriente se inscriben los largomentrajes de ficción La espuela (1976) y María la Santa (1977), que gozaron de una efímera suerte taquillera, pero que tienen a Fandiño como un iniciador y promotor del cine andaluz. En una conversación, me contó que una actriz protagónica de María… había llegado a su casa llorando porque la querían poner desnuda, a través de un doble que haría un frontal total, sin consentimiento del director. Fandiño encaró a los productores, y les impidió hacer una versión que él no aprobaba. La película estuvo archivada y no se exhibió en mucho tiempo. De esa década, son sus cortometrajes La mentira (1975) y La antorcha (1979).

Para la Radio Televisión Española, dirige varios capítulos de la serie de ficción El juglar y la reina (1978-79), que también realizan los cineastas Jaime Chávarri y Fernando Méndez Leite. Alterna la realización con el montaje cinematográfico, a lo que se dedica casi por completo en los años 80. Llega a trabajar a las órdenes de Gonzalo García Pelayo, Jess Franco, Luciano Berriatúa y Paul Naschy, entre otros.

El cinesta Jess Franco, galardonado con un Goya a su carrera, lo recuerda como «un amigo, un profesional auténtico, que sabía mucho de cine».

Quizá el mejor aporte de Fandiño esté en el cine documental. En Miami, encuentro de dos culturas (1981), con un alto presupuesto facilitado por Televisión Española, analiza los factores que han hecho de aquella, una ciudad próspera, puente entre Estados Unidos e Hispanoamérica. Desconocido por muchos, este documental ayuda a desmontar los estereotipos sobre los exiliados.

“Estar negando el patrimonio fílmico cubano durante tantos años no les ha favorecido en absoluto a nivel internacional”, dijo al periódico La Vanguardia a propósito de El bautizo y de otros filmes cubanos que el ICAIC sacó al deshielo en 1999, para celebrar los 40 años de esa institución. Y consideró: “No es más que una maniobra política, me molesta sentirme utilizado mediante mis películas”.

Asiduo colaborador de la Fundación Hispano Cubana, donde se responsabilizó de la programación fílmica, y de la revista de esa institución, Fandiño fue el encargado de escribir un extenso artículo sobre el cine hispano que apareció en la Enciclopedia del Español en Estados Unidos, que publicaran en 2008 el Instituto Cervantes y la Editorial Santillana.

A inicios de 2007, todavía lleno de fuerzas pero sabiendo que todo ser humano tiene el tiempo contado, Roberto se armó de una mochila y emprendió, solo, un viaje por diez países asiáticos. Ese gesto lo delata como el hombre que siempre fue, dispuesto a vivir y a conocer mundo y cultura hasta el fin de sus días. Cuando aquellas fuerzas vitales comenzaron a fallarle, abandonó su casa madrileña de Churruca 14 y buscó refugio con su familia miamense. Allí murió, en el centro neurálgico del exilio, atentido con el cariño de los suyos.

MANUEL ZAYAS

Polémica (III)

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Una aclaración importante

(Len Zayas responde a un comentario de Fausto Canel, 3 de abril de 2009).

Como parte del sistema propagandístico de la revolución cubana durante el período del 59 al 66 conocí perfectamente al personal de propaganda del ICAIC, es decir la empresa completa, entre los cuales se encontraba el señor [Fausto] Canel. Sabemos que su postura al momento difiere de la que mantenía anteriormente y nuestra opinión no demerita en forma alguna el valor que tiene como buen escritor y conocedor del ambiente intelectual, cultural y artístico cubano.

Basado en su réplica escrita a nuestro comentario anterior, nuestro argumento reside única y exclusivamente en el hecho de su desconocimiento intrínseco del sistema, que lo lleva a cegarse con respecto a hechos que se repetían constantemente y en especial los por mí narrados con relación a PM. La falta de experiencias directas con los verdaderos gobernantes y ligero análisis de los hechos que preceden el presente estado de la situación cubana es un desperdicio de las habilidades literarias de Fausto Canel, amén de la confianza depositada en individuos clonados como servidores de Fidel, no del sistema, lo llevan a juzgar los hechos, de los cuales fue testigo, de la misma forma simplista y pueril que la gran mayoría de los escritores fuera y dentro del país.

Si quieren seguir añadiendo leña al fuego, señor Canel o cualquier otro, estamos a su disposición, aunque les recuerdo que esto no es [la revista] Cine Cubano donde los directores de cine -una lista enorme que no tengo por qué provocar, pero es una verdad innegable-, solo se ocupaban de complacer al amo mientras ignoraban a los verdaderos trabajadores y, como decía Arturo Agramonte (Camagüey) que en paz descanse: “solo se halan la leva el uno al otro” o “Lunes de Revolución”, que, aunque más liberal y honesto que el grupo del ICAIC, no dejaba de ser pura propaganda para el régimen. Yo sé mucho, ustedes solo saben lo que le decían sus jefes o publicaba Franqui, que por cierto sabe más que yo pero nadie lo provoca.

CONFESIONES DE UN ALEGADO MENTIROSO O LOS PÁJAROS TIRÁNDOLE A LA ESCOPETA.

Yo digo mentiras (¿todo eso por un piso más o menos?) Pues bien, sigamos mintiendo para ayudar a la verdad histórica.

Yo no veo motivo de discusión en las frases de Fausto. Él se contradice a sí mismo cuando está de acuerdo con mis acepciones. Cualquiera que lea el artículo se dará cuenta que lo único que pudiera provocar una reacción de Fausto sería algo que el mismo admite, el deseo de poder por parte de Alfredo Guevara. Lo cierto es que Alfredo es uno de los pocos incondicionales de Fidel, que nunca lo puso al borde de la ira. Él cumplía al pie de la letra las órdenes de su jefe. Lo otro es que no lo mencione porque no sabía que él tuviera nada que ver en el asunto, al menos directamente. Sí hay un pequeño error de su parte: yo nunca mencioné una reunión en el noticiero para discutir ese asunto. Que hubo elementos del noticiero en la reunión, pues claro, el señor Canel no tiene idea siquiera de que el noticiero era la niña linda de Fidel.

¿Pero desde cuándo las cosas de Fidel se discutían abiertamente en el país?

Para presentar resumes, ya sea de un servidor o del propio Fausto, el cual tiene mucho a su haber en materia de acreditación, logros y virtudes, sería un proceso largo y tedioso. Baste decir que respeto a Fausto ahora mucho más de lo que lo respetaba cuando él, en su función de asistente de dirección del ICAIC y crítico de cine, él y los que hoy critica tan acervamente, utilizaban la influencia que tenían en los medios de publicidad de la dictadura, especialmente la revista Cine Cubano, para ensalzarse mutuamente, discriminar la producción del patio, y sobre todo alabar al extremo de caer en guataquería, a la Unión Soviética y a Fidel Castro.

El ICAIC, como “Lunes de Revolución”, con algunas valiosas excepciones (ej. Caín),  se formó con la claque distinguida de exilados (en ambas direcciones) intelectuales y casi intelectuales provenientes de Checoslovaquia, Italia, Francia y otros lugares del planeta, incluyendo EEUU, Santiago Álvarez entre ellos. Estos exilados, algunos extranjeros, cuyo honor y recomendación residían en la única distinción de poseer un bagaje de frases fílmicas ininteligibles a la mayoría de la población o, en su defecto, prueba de haber concurrido a cualquier seminario cinematográfico o asistido en algún proyecto desconocido. Y desde luego lo que abría de par en par los brazos de todos y para todos ellos, por ser muy importante al naciente gobierno, era un conocimiento de cómo influenciar a las masas en las ventajas del caduco sistema soviético mediante la utilización del entretenimiento y los medios masivos de propaganda.

No faltaban los jóvenes nacionalistas revolucionarios, provenientes en su mayoría de las filas del Ejército Rebelde y de los grupos clandestinos que operaban en las ciudades contra la dictadura batistiana.  Estos últimos fueron eliminados o apartados a las tareas menos glamorosas y estábamos conscientes que nuestra principal función era la de servir como escalera a los “genios” de la misión propagandística y ayudar a que el pueblo cubano los viera como tales. Héroes inflados, intelectuales de pacotilla y artistas de aldeas están siendo asfixiados por la montaña de honores que se les concedió sin merecerlos, gracias a esta tarea.  Si contábamos con alguna cosa, era con la confianza del Máximo.

Aclarado por subrayado a qué grupo pertenecía yo, cabe preguntar, respetado y conocido señor Fausto Canel, ¿a qué grupo pertenecía usted?

El hecho de que usted, como tantos y tantos amantes del micrófono y la página impresa, hayan repetido lo que se les programó a decir como historia, hasta el punto de no ver dónde comienza la realidad y se desvanece la fantasía, no es culpa mía. Yo en lo particular soy partidario y practicante de esa nueva ola intelectual llamada Internet, y que dicho sea de paso, pretende acabar con toda la hipocresía elitista mundial.

Permítame ofrecerle algunos ejemplos de equívocos de su grupo que por falta de tiempo, y de provocación como la presente, me he permitido dejarlo yacer bajo el polvo del olvido y lo haré de la forma más suscinta posible para no abusar de la gentileza de nuestro anfitrión en la red.

Con la excepción de Julio García Espinosa y Tomas Gutiérrez Alea jamás, en el tiempo que fui ejecutivo del ICAIC (cuatro años) ningún intelectual fue admitido en una reunión de la alta gerencia del lugar.

Por los dos años que fui ejecutivo del noticiero, dirigido por Santiago Álvarez pero (aparentemente) bajo la dirección de Alfredo Guevara (esto le da una idea de cómo funciona el sistema) nos sentábamos cada lunes para discutir lo que se ponía o no en el noticiero: Santiago Álvarez, Fidel Castro Ruz y un servidor (normalmente para tomar notas y en forma ocasional para dar un detalle técnico porque de este grupo, señor Canel, el único con credenciales periodísticas y artísticas, era yo), sin que más nadie participara de ello. Ese era, o es, el mismo salón de proyecciones donde (debido a materias de seguridad) se celebraban conversaciones donde los únicos que tenían acceso eran los directores de Programación Artística (no confundirlos con directores de cine) a saber: Julio García Espinosa y Tomás Gutiérrez Alea.

Esto es importante porque me da la impresión que muchos de los directores, principalmente, vivían en el pueblo y no veían las casas.

Alfredo decidía por él mismo sin contar con más nadie (excepto Fidel), daba órdenes y después hacia reuniones donde los otros discutían y daban opiniones para satisfacer egos, las decisiones estaban tomadas de antemano. El policía bueno y el policía malo era a lo que ustedes, los intelectuales, tenían acceso. El mismo sistemita del proceso judicial donde las sentencias ya están ubicadas antes de celebrarse el juicio.

Fidel y Alfredo no confían o aprecian a los intelectuales. Ellos se consideran por encima de esa élite. Los ven como ovejitas que siguen al pastor. Ellos, los jefes, deciden quiénes serán los pastores y a qué oveja hay que trasquilar o sacrificar. ¿Tu sabías eso?

Ustedes nunca se ocuparon de escribir la historia, vivían en su mundo raro lleno de ignorancia supina, los esfuerzos en esta área realizada por personas como Luis López, Arturo Agramonte y Amaro Gómez (nos conocíamos todos) se vieron destrozados entre la habilidad de los gobernantes de alterar los datos y la complacencia de los “intelectuales” para ayudar a falsear con elegancia, quiere decir: descaradamente, esos engaños.  Los mismos eruditos  que hoy se pasean por el mundo alabándose los unos a los otros. Desplegando los mismos nombres de sus colegas, regularmente falsos, como un estandarte de sabiduría.

Alfredo Guevara fungía, confusamente, como se acostumbraba en ese tiempo en todos los canales de gobierno, como Rector no solo del ICAIC sino del noticiero y de Cine Cubano. No importa que hubiera un responsable (Manolito, Santiago o Héctor), Alfredo aparecía como director y cuando le parecía nombraba a uno de ellos de director pero seguía siendo el amo y señor, ¿conoces ese estilo de gobierno?

Y en cuanto a eficacia: Alfredo aprobaba firmando, muchas veces sin leerla, la narración que originalmente escribía y narraba Julio Batista (después mi querido amigo José del Campo tomó esas funciones), firma que para obtenerla había muchas veces que buscarla en su apartamento para después corretear a casa de Tuto (laboratorio privado) para apurar al hombre para hacer las copias. Simplemente porque, entre el horario super desordenado del Caballo y el estilo de vida apacible del señor Guevara, todo el peso del cumplimiento de las metas recaía en el personal (yo lo llamaría el glorioso personal) del Noticiero. Claro que para ustedes ese noticiero no existía, las basuras que publicaban en Cine Cubano eran un indicativo de lo que pasaba a en toda la nación. ¿Sigo mintiendo?

¿Qué me dicen de las mentiras que publicaban y publican en el mundo entero, porque se lo creyeron y se lo siguen creyendo?  (Ej: El personal que dirigía el ICAIC salió del Ejército Rebelde. No me hagan reír).

Eso escribían ustedes en Bohemia y Cine Cubano. Para su conocimiento le explico que el Departamento de Cultura del Ejército Rebelde de Cuba se creó en el año 59, para que sirviera como un frente para que personas como ustedes, que no me conocían a mí ni yo a ninguno de ustedes, a menos que trabajaran en Cine Revista como el menor de los García Espinosa, se les presentaran a las fuerzas armadas como iguales.

¡Con grado y todo!

Así fue como se inundó Cuba y luego el ICAIC de comunistas o simpatizantes. Un servidor se negó a colaborar en esa área, ¿el costo? De oficial a soldado de a pie. Pero mis problemas y puntos de vista no afectaban mi deseo de que todo saliera bien, sin sacrificar mis principios. Siempre había formas de colaborar y usé todos mis recursos para entrar en la entonces Dirección Nacional de Cultura, claro que no creo que usted conociera a nadie que no fuera del Partido en la verdadera dirección de cultura que dirigía Vicentina Antuña. A ella sí la conoce ¿eh? Pues bien yo era el Asesor de Teatro Infantil de esa entidad, a mis 19 años. Sin ser exilado, sin ser comunista. En Cuba no existía la discriminación, ustedes, los intelectuales socialistas o comunistas, la comenzaron.

El hecho de que usted no me conociera, como tampoco me conocía su compañero Roberto Fandiño (era profesor de la Academia pero yo no asistía a sus clases y no afectó mi graduación, cosa que lo llevó, como usted, a llamarme mentiroso; por cierto, eso fue durante la época batistiana.) No es tan importante como el hecho de que yo sí los conocía a ustedes. Simplemente porque entre ustedes y yo, en el ICAIC, existía una posición jerárquica y circunstancial. Yo podía revisar el expediente de ustedes, pero ustedes no estaban autorizados a revisar el mío. Yo era un ejecutivo, un revolucionario, un sacrificado y un amante de la libertad de expresión que luchó hasta el final por sus ideas, muchos de ustedes eran (algunos lo siguen siendo), en la gran mayoría, lacayos del régimen y oportunistas.

Recuerde que sigo mintiendo; parodiando al indio Hatuey le puedo decir que si Fidel y los intelectuales y artistas cubanos dicen la verdad, ¡prefiero ser un mentiroso!

Creo que en lo general estamos de acuerdo, las minucias de que si fue en el cuarto o en el quinto piso, que si te conozco o no, etc. no son importantes. Hay que llegar a un acuerdo en cuanto a la verdadera historia del cine, la cultura y la educación en Cuba para poder corregir los errores cometidos y creo que en eso hasta el mismo Raúl está de acuerdo.

Estas discusiones pueriles se desvanecen, como nimiedades que son ante la robusta tarea de devolver a un pueblo la confianza en el futuro, en sí mismo, y ante la humillación causada por una élite intelectual falsificada que junto al elitismo político, pasado y presente, ha convertido a Cuba en una sociedad fantasmal a falta de otro epíteto.

Respetuosamente;
Len I. Zayas

De la foto, DR.  Los viejos comunistas (Stalin, Lenin, Kalinin, en 1919).

Polémica (II)

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PM otra vez

(Fausto Canel responde a un comentario de Len Zayas sobre PM, 30 de marzo de 2009).

No conocí a Len Zayas. Y lo prefiero así, pues Len Zayas miente –o por lo menos, “no recuerda bien”… Y esto que voy a escribir lo puedes, si quieres, reproducir en tu blog… Se lo enviaré directamente a Manuel Zayas, pues este texto es una gran calumnia…

Veamos, paso a a paso….

“Manuel, sin intenciones de entrar en detalles históricos hay una aclaración creo vale dentro de lo interesante de tu artículo “El Grado Cero del Cine Cubano”. Tienes razón en todo lo concerniente a PM excepto que no está definido un detalle de muy poca publicidad. De ese hecho soy testigo presencial debido a que por ese tiempo el que te escribe, Len Zayas, era el productor del Noticiero ICAIC y junto con Roberto León Henriquez y Santiago Álvarez participamos en las discusiones sobre el documental PM para decidir la postura oficial aun cuando ya se había determinado la actitud a seguir en esa situación. La idea, como siempre, era mostrar la fuerza del Instituto en su determinación de controlar todo lo que fuera relativo al cine, en este caso, y contrario a la creencia popular, no tenía relación alguna con el carácter artístico o político de la obra”.

Totalmente cierto, digo yo FC… La palabra clave es control, monopolio del poder… Aunque Len Zayas olvida que no sólo “Lunes” comentó PM sino que lo produjo y lo proyectó por televisión, fuera del alcance de la censura de Alfredo Guevara (a veces cerrada, otras abierta, según los intereses de Fidel del momento), la cual no tenía juridiscción sobre TV, solamente sobre aquello que se podía proyectar en un cine… Por eso la Legión de Honor o de Martí o como se llame esa medalla que Raúl Castro le dió, Alfredo se la merece con creces… Alfredo Guevara ha sido el más coherente, fiel e inteligente colaborador de Fidel y Raúl Castro de los últimos 60 años… No hay que olvidar que Raúl se hizo miembro de las Juventudes Comunistas, en Praga, y luego viajó deslumbrado por la URSS, en los primeros años 50, gracias a que Alfredo, entonces miembro del PSP [Partido Socialista Popular], lo apadrinó — siguiendo órdenes, dicen las malas lenguas, de Fidel, para tener una pica en Flandes…

“De haberse tratado sobre el desarrollo de las moscas en Gibara, el tratamiento se hubiera efectuado igual. En este caso había dos pájaros en la mirilla, un documental de cine y “Lunes de Revolución” que lo comentaba. Los participantes en la reunión, una decena de ejecutivos de la empresa, estabamos claros que los dirigentes que presidían el mitin informal, Alfredo Guevara y Julio García Espinosa, lo que buscaban eran colaboradores que sirvieran de “frente” para que los verdaderos lideres, los únicos cabe decir, Alfredo y Fidel (no presente en ese momento), pudieran aparecer como neutrales y conservar la simpatía de elementos que al momento, aunque considerados peligrosos intelectualmente, eran útiles; la gente de “Lunes de Revolución” con Guillermo Cabrera Infante a la cabeza”.

De alguna manera cierto, aunque hay que decir que esta reunión en el Noticiero, de la cual nunca me enteré, no tuvo jamás la importancia de la discusión que hubo en el 5to. piso del ICAIC entre los directores de largo y cortometraje y la dirección en pleno del ICAIC, donde Titón, ciertamente, si bien criticó la indiferencia política de PM, dejó muy claro su desacuerdo con la prohibición… Hay además un detalle que Len Zayas olvida, o tal vez nunca supo… Con la prohibición de PM, Alfredo quiso dejar bien establecido su monopolio sobre todo lo que fuese cine, pero también quiso utilizar la ocasión para ganarle una batalla a [Carlos] Franqui, a quien consideraba un competidor en la carrera hacia el Ministerio de Cultura, todavía no creado, y por lo tanto, en el aire, ya que había tres posibilidades: la izquierda, que no por muy de izquierda dejaba de quererse democrática, representada por Franqui; el comunismo centralista y totalitario, Castrista, no PSP, representado por Alfredo; y el comunismo centralista y totalitario, tipo PSP (de formación estalinista), representado por el Consejo General de Cultura, con Edith García Buchaca a la cabeza…. Lo que Fidel siempre quiso, y para ello utilizó y manipuló a los otros miembros del proceso, fue el centralismo totalitario fidelista… El Estado soy yo… (Y que no me vengan con la excusa de que el peligro exterior justificó un centralismo totalitario en una sola persona… Esa fue la excusa de Stalin, aún después del final de la 2da. Guerra Mundial… Fidel y el mundo supieron (aunque nunca el pueblo cubano supo) que para finalizar la Crisis de Octubre de 1962, EE.UU. FIRMÓ, con una todavía poderosa URSS, un acuerdo de no agresión militar a Cuba… ¡Acuerdo que cumplió! Para los desorientados debo recordar que el famoso embargo es de 1961, por no haber compensado, como correspondía, la nacionalización de las empresas estadounidenses que Castro expropió sin una razón económica válida… Ni siquiera el tonto de Chávez ha repetido una estupidez semejante… De hecho, por consejo de Fidel, Chávez se ha protegido, pagando todas sus expropiaciones. Ah, ¡la irresponsable juventud fidelista! ¡Y la arrogancia, ignorante!

“La historia culpó como promovedor de la censura a Mario Rodríguez Alemán cuando en realidad el antiguo director de la Academia de Artes Dramáticas, y en ese tiempo revisor de guiones de la empresa, no estaba siquiera presente en la reunión efectuada en el salón de proyecciones del cuarto piso del entonces edificio Atlantic”.

No creo que haya habido nunca una reunión sobre PM en el cuarto piso del ICAIC, que era un piso utilizado únicamente para servicios de edición… La reunión ocurrió en el 5to. piso, en la sala de proyecciones, y a Rodriguez Alemán no lo invitaron — y se lo mereció, por lame c… No era revisor de guiones del ICAIC, como dice Lan, sino director de la Comisión Revisora de Películas, que fue la que confiscó la copia y prohibió la exhibición de PM… Con Rodriguez Alemán fue con quien hablaron Sabá y Orlando, pidiendo explicaciones… Rodríguez Alemán siempre fue un cobarde y un mediocre, desde los años 50, todo el mundo que lo conoció en aquella época lo sabe — y si consiguió la dirección de la Comisión Revisora fue porque Manuel Fernández –un hombre infinitamente más inteligente e íntegro que Rodríguez Alemán—dejó Cuba, después de intentar por más de un año de ser justo en sus valoraciones, no censor por razones castro-políticas…

“El principal depredador del documental no fue Alfredo Guevara o Julio García Espinosa, sino el fallecido director de cine Tomás Gutiérrez Alea que como dato interesante se decía amigo de Sabá y de Nestor Almendros. Hubo tres abstenciones en la votación, un camarógrafo que no estoy seguro era de apellido Martínez, el productor de noticiero Roberto León y un servidor”.

Yo no estuve en esta reunión. Pero puedo atestiguar — y las cartas y diarios de Titón lo atestiguan, que Gutiérrez Alea no fue en el quinto piso del ICAIC (por lo tanto supongo que tampoco en la reunión del Noticiero) “el principal depredador de PM”: todo lo contrario… Titón era ciertamente amigo de Néstor, pero problemas personales le alejaban de Sabá, conflictos que venían de los años 50 y que nada tenían que ver con PM… Cualesquiera que fuesen sus críticas al corto, nunca JAMÁS Titón apoyó la censura de PM… En aquel instante, la situación de fuerza era tal que no le hubiese quedado más remedio que renunciar, como protesta, pero como él mismo dice en sus cartas, “tenía una obra por hacer.” Yo tampoco renuncié en aquel momento, debo decir… Por lo tanto, no puedo tirar ninguna piedra…

“Néstor Almendros, a la sazón camarógrafo de mi equipo de noticias, fue despedido sin siquiera consultarse conmigo que fungía no solo como productor, sino como jefe de producción del noticiero y asistente de Santiago Álvarez en cortometraje. Al protestar enérgicamente por haberse expulsado dos empleados sin discutirse la situación, (el otro un chofer que se reinstaló aunque no en las noticias) se me retiró del cargo y pasé a lo que se me ofreció como un ascenso a largo metraje. Lo demás es historia que no guarda relación con este hecho. Algún día documentos como los tuyos, los de Borrero y otros servirán como la verdadera historia del Cine en Cuba. Gracias y un saludo cordial. Leonardo (Len) Zayas”

Néstor renunció al ICAIC mucho antes de que nadie lo pudiese expulsar… Cuando PM, Néstor publicó una crítica favorable, luego una protesta por la prohibición — y por mí se enteró de que lo habían sacado como crítico de cine de Bohemia, cuando le llamé para decirle que Enrique de la Oz —imagen perfecta del mediocre miserable— me había ofrecido el puesto a mí, sin siquiera tener el coraje de informarle a Néstor primero… Inútil agregar que rechacé la oferta… Estábamos rodeados de seres sin columna vertebral, quienes, ante el avance acelerado de la dictadura totalitaria y personal, pasaban por encima de todos los escrúpulos para evitar caer en la razzia del momento… Para cuando ocurre PM ya Néstor lleva tiempo fuera del ICAIC y no recuerdo de que haya nunca trabajado en el Noticiero ICAIC, habiendo sido director de documentales (Escuela en el Campo, Ritmos de Cuba, por ejemplo: el ICAIC era muy clasista: el nivel burocrático contaba ante todo). Cuando PM, Néstor trabajaba como camarógrafo del Noticiero del Canal 2 (dirigido por Franqui), donde está ya realizando Gente en la playa, un documental, como PM, independiente al ICAIC. La palabra INDEPENDIENTE fue el gran pecado. De ambos cortos. Hoy, visto desde la perspectiva del cine cubano independiente actual, toda esta historia resulta no sólo incomprensible, sino también ridícula, pueril, subdesarrollada, patética diría yo — y a muchos nos costó carrera, patria y arraigo, pérdidas irreparables por muchos éxitos y comfort y compensaciones de todo tipo que hayamos conseguido por nuestra calidad profesional en el extranjero… Ellos se lo perdieron, digo yo, como se pierden hoy a profesionales valiosos que no aceptan comulgar más con ruedas de molino… Hoy, gracias a la decrepitud de la dictadura , que ya no es personal, sino familiar, monárquica, y a los avances de la tecnología que a estas alturas ya no se puede parar —por mucho que lo quiera Ramiro, ¡siempre Ramiro, qué salación! Pensar que todo este rollo (y este dolor) haya sido provocado por dos INOCUOS documentales cuyo único delito era el haber sido hechos FUERA del control TOTALITARIO del ICAIC, resulta hoy EJEMPLAR.

Que aprenda el que quiera aprender.

Fausto Canel

Link a este post: TODAVÍA “PASADO MERIDIANO”

De la foto: Fotograma de PM, Orlando Jiménez Leal, 1961.