Juan Goytisolo ante el fantasma de Virgilio Piñera y la deriva autoritaria de la Revolución Cubana

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Fotografía de Peter Groth (Wikipedia)

“Fui de nuevo a Cuba con el Salón de Mayo en 1967, a la exposición organizada por Carlos Franqui. Puedo decir que durante mis dos primeros viajes a La Habana no me di cuenta de que existía esa persecución a los homosexuales, a pesar de que supe, posteriormente, que ya había habido antecendentes, casos aislados. Pero en 1967, mientras estaba en La Habana por tercera vez, fue que descubrí lo que ocurría realmente”.

“Tuve la visita de un gran escritor cubano, me refiero a Virgilio Piñera, escritor de una importancia grande como la de Alejo Carpentier o Lezama Lima, autor de cuentos, novelas, obras de teatro, etc. Virgilio me contó entonces todo lo que pasaba. Me habló de la existencia de la UMAP, me dijo que había más de setenta mil homosexuales encerrados en esos campos, que él mismo vivía bajo el terror de ser denunciado otra vez por el Comité de Defensa de la Revolución y ser arrestado. Me di cuenta de que tenía mucho miedo porque no quiso que habláramos en el cuarto del hotel ni en el vestíbulo. Él quería que camináramos por el jardín, pues estaríamos más seguros. Virgilio me dio una impresión tal de soledad, de alguien acorralado. Cuando lo vi partir, tan frágil, envejecido, marcado por la experiencia, verdaderamente fue algo que me trastornó, que me hizo pensar seriamente en la evolución de la Revolución y a tener dudas sobre ella”.

Juan Goytisolo, entrevistado para el documental Conducta impropia, de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal. Conducta impropia, Editorial Egales, Madrid, 2008, pp. 84-85.

“Marraquech, 7-2-08

Quiero asociarme de todo corazón al merecidísimo homenaje que la Filmoteca de Andalucía tributa a mi amigo Néstor Almendros. Excelente cineasta y persona de gran honestidad y lucidez, su desaparición conmovió a todos sus amigos.

Le conocí en La Habana, a fines de 1961 a través de su padre, don Herminio Almendros, conocido pedagogo republicano exiliado en la isla y fundador en 1959 de la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos. Desde entonces mantuvimos una estrecha amistad y nos vimos con frecuencia en París y Nueva York.

Néstor fue el primero en señalarme la deriva autoritaria de la Revolución que tanto a mí, como a muchos demócratas europeos y americanos, parecía colmar nuestros sueños. Cuando volví a Cuba en 1962, él acababa de exiliarse. Poco a poco, comprobé que sus advertencias no eran producto de un anticomunismo visceral sino de un análisis ponderado y sereno.

Le presté ayuda en sus difíciles comienzos en París y celebré su labor en los medios cinematográficos franceses. Tras su triunfo en los Oscars hollywoodenses, me contactó para que participara en el rodaje de Conducta impropia, junto a Susan Sontag y a otros amigos.

Recuerdo ahora mi visita a su estudio neoyorquino en el quicuagésimo aniversario de King Kong: nos fotografió a Reinaldo Arenas y a mí con el célebre gorila encaramado en el Empire State Building.

Meses antes de su fallecimiento, víctima del que Severo Sarduy llamara “monstruo de las dos sílabas”, me invitó a participar en un guión que preparaba sobre una novelita sobre los Abencerrajes granadinos. Tres meses después, la noticia de su muerte me llenó de tristeza. Él formaba parte, junto a Cabrera Infante y Severo Sarduy, del círculo de mis añorados amigos cubanos”.

Juan Goytisolo

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