El estreno de Julio García Espinosa como censor cinematográfico

13001280_1376628399029753_6630057788294878172_nEste fue el estreno como censor de Julio García Espinosa, entonces vicepresidente del Instituto Cubano de Arte e Industrias Cinematográficos (ICAIC).  Junto a otros viejos militantes del Partido Socialista Popular (PSP, de filiación comunista), García Espinosa fue uno de los acérrimos detractores del filme PM, cuya censura causó un malestar generalizado entre los intelectuales cubanos y provocó las reuniones de la Biblioteca Nacional en las que participó la plana mayor del gobierno, entre ellos el presidente Osvaldo Dorticós y el primer ministro Fidel Castro.  La intervención de Julio García Espinosa tuvo lugar en la sesión del 23 de junio de 1961.

Julio García Espinosa.—Yo había hecho unas notas porque no soy muy hábil en la improvisación, y además porque de lo que voy a hablar es un hecho, tal vez el primer hecho conflictivo que se presenta en el ambiente cultural, no por el hecho en sí mismo como se dijo en la pasada reunión, sino por las reacciones y las actitudes que este hecho ha producido y que ya existían antes del hecho mismo. Hablo también de esto –del cuidado en la improvisación– porque no quisiera que en ningún momento se pudieran tomar mis palabras o las frases que yo diga como una actitud de crítica personal a nadie.

Además quiero aclarar que vamos a hablar específicamente de cine y que tal vez, de todas las artes, es el cine el que más características de arma ideológica presenta y, por lo tanto, puede muy bien aplicarse algunas de las cosas que yo diga aquí al cine y no a las otras artes. Concretamente vamos a hablar de PM.

PM es un filme experimental que hicieron unos compañeros, Orlando Jiménez y Sabá Cabrera, en 16 milímetros, que llevaron a la televisión y no tuvieron problemas cuando se exhibió en la televisión, que intentaron exhibirlo en un cine y para ello tuvieron que llevarlo al ICAIC, es decir, al Instituto de Cine. El ICAIC vio el filme y decidió suspender la exhibición de este filme. Esto trajo muchos comentarios y diversas reacciones; reacciones y comentarios que afloraron en toda su fuerza en la reunión que más tarde se celebró en la Casa de las Américas. Allí se oyeron varias cosas, entre ellas, que la actitud del Instituto del Cine respondía a un hecho personal de la Dirección del Instituto del Cine con los realizadores. Esto se aclaró perfectamente, primero porque el filme fue procesado en los laboratorios de 16 milímetros del ICAIC. Ya de por sí, esa actitud hacía ver que de ninguna manera podía haber ninguna reacción de tipo personal por la dirección del Instituto.

Después se aclaró que la dirección del Instituto había consultado con otros compañeros más responsables del Gobierno y que estos también [habían] estado de acuerdo con la suspensión de la exhibición del filme. Es decir, que el hecho personal quedó perfectamente aclarado que no existía. Después se habló también de por qué la dirección del Instituto no había llamado a los compañeros realizadores del filme para tener un cambio de impresiones con ellos y explicarles que habían estado equivocados en la proyección que le habían dado al filme. Eso, si se recuerda bien cómo sucedieron las cosas, era prácticamente imposible. Era prácticamente imposible porque lo que sucedía no era la realización de un filme común y corriente que se lleva al ICAIC, que la Comisión de Estudio y Clasificación lo prohíbe o determina sobre él en una forma u otra y, como es su costumbre, una vez que se determina, se comunica oficialmente a las personas interesadas y entonces es que se habla con ellos. No fue solamente eso, sino que ya cuando el filme se exhibe en televisión, antes de llevarse al ICAIC, y ya cuando está en manos del ICAIC, se crea toda una atmósfera alrededor del filme, que refleja que no es solo el hecho de los realizadores los que están en conflicto con el ICAIC, sino todo un sector del ambiente artístico y específicamente, si se quiere, del ambiente más ligado a las cuestiones de cine y de teatro.

Tan es así, que esos comentarios no solo fueron dichos en pasillos, en cafés, en calles, entre amigos, sino inclusive se llegaron a publicar y se dio la situación de leer algunas críticas donde se llegaba a afirmar que ese era el tipo de cine que debía hacerse en Cuba. Ante esta situación, el conflicto con la película dejaba de ser un conflicto con la película para convertirse en un conflicto con algún sector en el ambiente teatral.

De todas maneras, como quiera que estaba en juego en algunas bocas la libertad de expresión, el ICAIC creyó bien, puesto que se hablaba del procedimiento que se había seguido, en ir a una reunión con los interesados y con artistas y escritores en la Casa de las Américas para que, si el procedimiento, y más que el procedimiento, porque como ya se dijo en la otra ocasión también aquí, el procedimiento es una cosa perfectamente legal y se aclaró allí, que más que el estilo, que era la palabra que más encajaba en esta ocasión que había molestado, se daba otra vía que era la de llevar el filme a distintas organizaciones representativas de masa para que ellas determinaran qué había de hacerse con el filme: si estimaban que el filme debía de exhibirse, el ICAIC estaba dispuesto a rectificar su decisión.

Sin embargo, puede decirse que toda la reunión en la Casa de las Américas se desvió por el aspecto accesorio de este problema y no por su aspecto esencial. Se discutió allí mucho del procedimiento que, a nuestro entender, es lo accesorio. ¿Por qué? Porque aun en el caso de que no hubiera sido aclarado totalmente todo lo que concernía al procedimiento, o al estilo, siempre todos esos compañeros sabían que la Revolución garantizaba una rectificación o una modificación de ese estilo para estos casos, que por lo tanto aquello no podía ser de ninguna manera lo esencial. Lo esencial era el análisis del filme, lo esencial era ayudar a aquellos compañeros que habían realizado ese filme. Sin embargo, no fue la inclinación, sobre todo de los que defendían a los realizadores de este filme, ayudarlos, discutir los problemas concernientes al análisis del filme; fue más bien toda la discusión canalizada a través de lo accesorio del procedimiento.

¿Por qué? ¿Por qué ocurrió esto? ¿Por qué nosotros o por qué esos compañeros que se decían amigos de estos realizadores, que se decían defender a estos realizadores, no aprovechan la oportunidad para hacer una crítica constructiva de ese filme? ¿Por qué no se aclaró, o por qué no se discutió la realidad que estamos viviendo nosotros en este momento? ¿Por qué no se habló allí de que estamos en el Año de la Educación, de que ese filme que reflejaba una parte de nuestra realidad, la parte de lo viejo de nuestra realidad, podía ser un arma muy útil en manos del enemigo? ¿Por qué no se discutió o se habló allí de cómo la Revolución ha reivindicado al negro y de cómo ese filme se presta a equívocos en lo que representa al negro? No se habló porque, indiscutiblemente, hay una cierta inquietud en lo que respecta a un arte que sirve, que se identifica y que defiende a la Revolución. Esa inquietud se manifiesta de muchas maneras. A veces se habla de que, cuando un arte se identifica o defiende a la Revolución, corre el peligro de ser un arte propagandista. La propaganda ha sido casi una mala palabra entre nosotros. Y con razón. Con razón porque la propaganda aquí se había entendido, y era cierto además, que se utilizaba para divulgar un producto independientemente de las calidades de este. Pero nosotros tenemos propaganda hoy en día, o divulgación si se quiere, de todo lo bueno que hace la Revolución. Y nosotros todos sabemos que ese tampoco es el papel del artista; el artista va mucho más lejos que la simple divulgación de un hecho nuevo o de un hecho bueno. Todos nosotros sabemos que el artista trata de ir hacia la realidad viendo lo viejo y lo nuevo, la lucha de lo viejo y lo nuevo. Y creemos nosotros que es mucho más artista revolucionario el que toma partido ante esa realidad, ante esa lucha de lo viejo y lo nuevo, el que toma partido por lo nuevo (…).

Nosotros sabemos que no es tal la actitud de un artista revolucionario la de plantear una tesis personal o subjetiva a la hora de enfrentarse a la realidad, sino que es la propia realidad la que va determinando ese aspecto nuevo ante el cual el artista toma partido. Hay hechos grandes y evidentes que así lo demuestran. Como, por ejemplo, sería absurdo tratar la realidad de Argelia sin tomar partido por los argelinos; como sería absurdo reflejar la realidad nosotros, en su aspecto más general, en la lucha contra el imperialismo, sin tomar partido contra el imperialismo. Este proceso se produce –a nuestro entender– aun en las realidades más pequeñas.

Eso era –a nuestro entender– las cosas que se tenían que haber discutido allí, y se tenían que haber discutido porque inclusive los realizadores del filme no solo no toman partido por lo nuevo, sino que ni siquiera señalan lo nuevo. Es decir, lo único que se había reflejado en el filme era lo viejo. ¿Qué sucede entonces? Se llega a hablar hasta de la libertad de expresión, es decir, aquellos compañeros que había que ayudarlos, que había que contribuir a su desarrollo con una discusión constructiva sobre el análisis del filme; se llega a poner en evidencia que puede haber problemas con la libertad de expresión, cuando todos los compañeros saben que esa es una palabra muy sensible, tan sensible que el enemigo la utiliza en no pocas oportunidades. Sabemos lo que es el libre juego de las elecciones, sabemos lo que es la libre empresa, sabemos lo que es el mundo libre. Sin embargo, cuando se va a utilizar esa palabra, hay que utilizarla con un poco más de responsabilidad.

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Acta oficial de censura del filme PM.

Pero se habló de la libre expresión, y uno se preguntaba qué libertad en definitiva es la que se está reclamando. Nosotros también estamos de acuerdo en que hoy disfrutamos de una libertad que nunca habíamos soñado, que tenemos todas las condiciones para que se nos pueda estimular, que tenemos todos los medios para difundir nuestra obra. En fin, que lo único que sucede en este campo es que no se puede pedir por una libertad que dañe, aunque sea mínimamente, a la Revolución.
Para referirnos a un hecho concreto que también estuvo girando alrededor de este problema, vamos a mencionar, aunque sea brevemente, el free cinema. El free cinema es un movimiento de cine que surge en Inglaterra al calor de unas determinadas condiciones sociales. Es bueno decir que el ICAIC, y mucho menos la Revolución, no tiene nada contra el free cinema en lo que respecta a los medios y a toda una serie de ventajas más bien de tipo mecánico que él representa. Pero el free cinema surge en Inglaterra cuando las productoras, las grandes productoras de películas de ese país, están en manos de la gente más convencional, más reaccionaria, más timorata, etc. Estos jóvenes, que quieren hacer un cine más valiente, más artístico, no tienen los medios de producción para realizarlo. Entonces, la reacción natural es arreglárselas para que, con muy poco dinero y con lo que tienen a su alcance y talento, poder hacer un cine que valga muchísimo más que el que hacen las productoras inglesas.

Pero el free cinema trae una gran movilidad en los medios mecánicos para retratar la realidad. Eso todos estamos perfectamente de acuerdo con utilizarlo y con asimilarlo. Pero con lo que no estamos de acuerdo es cuando se insinúa que esa situación puede estar ocurriendo aquí en Cuba. Es decir, que aquí en Cuba algunos realizadores no cuentan con los medios para manifestarse en el cine y tienen que ir con poco dinero y con los medios que puedan encontrarse al caso, para manifestarse libremente. Eso es un hecho y una manifestación tendenciosa, que no puede tener base ninguna en la realidad nuestra.

No creemos que se puedan trasplantar estas manifestaciones que ocurren en otros países –repetimos– en una forma mecánica, porque lo que puede servir como estilo, no se puede confundir como actitud; es decir, también lo que es progresista para esos realizadores en Inglaterra –y a ellos para ser progresistas les basta con retratar algunos aspectos de la realidad que no sale jamás en las películas inglesas, y que por ser tan directos de la realidad son tan hirientes y sensibles a las esferas gubernamentales–, no es lo mismo en nuestro país. En nuestro país hay más libertad todavía para retratar no ya con esa aparente objetividad con que trata de hacer realizaciones el free cinema, sino que nosotros podemos ir mucho más lejos que esa aparente objetividad.

Ahora bien, en otros países se ha seguido el ejemplo del free cinema y se ha llegado a hacer de lo que eran simples medios para facilitar la realización del filmes con bajo costo, se ha llegado a identificar aquellos medios con un filme, se ha llegado a identificar el estilo con una actitud, con una actitud ante la realidad, y así tenemos que, aparentando una objetividad, se trata de hacer ver que la realidad puede hablar mucho más por sí sola de lo que una penetración correcta de su dinamismo, en la lucha entre lo viejo y lo nuevo, puede llegar a hacerse en el cine.

Nosotros nos preguntamos, si estas cosas están claras, por qué esos artistas, esos intelectuales, han llegado a tener un temor en lo que respecta a libertad de expresión; por qué inclusive han llegado a confundir que sus temores son los temores de todo el ambiente cultural. Yo creo y lo digo porque me parece que en esta reunión es una de las cosas que se debe abordar y que se debe manifestar, principalmente por los interesados en ella, por los afectados, o por los que se puedan sentir afectados en ella, este problema de la libertad de expresión y de la cultura dirigida. Porque nosotros vemos en esta actitud, al insinuarse que hay algunos compañeros en el gobierno que al no estar de acuerdo con determinadas manifestaciones de algunos artistas, se hace ver como si estos compañeros –y se ha mencionado inclusive la palabra– tuvieran una actitud estalinista. Ahora, es curioso porque esos compañeros a los que se les ha acusado de tal, en ningún momento rehúyen la discusión, en ningún momento rehúyen las reuniones para que se debatan y se aclaren todos los problemas; y sin embargo se nota cómo se es sensible y cómo por aquí aparece que entienden ellos esa libertad de expresión; cómo es que aparece que cuando unos artistas se expresan de una determinada manera y esa manera está puesta en duda, o se les pide que se les discuta, ellos no aceptan la discusión, no aceptan la polémica, como si fuera un atentado esa reunión a la libertad de expresión.

Yo creo que es muy bueno que pudieran hablar de eso para ver en qué se basan para tener esa actitud, porque si bien en la Casa de las Américas se aplaude el filme, esos mismos que aplauden el filme, piden después que prohíban el filme. Es decir, que no se llega a ninguna discusión en las organizaciones de masas. Y lo piden, no por lo que ha dicho algún compañero aquí, de que no se fuera a seguir fomentando un escándalo alrededor de una cosa que era pequeña (….). Es decir, que la actitud estalinista –si por ello entendemos el criterio de imponer, el criterio que se quiere imponer sin discusión alguna– casi se podría decir que esa actitud la tienen esos compañeros. La tienen porque, en lugar de haber querido ir a discutir el filme con esas organizaciones, se negaron a ello totalmente, a pesar de haber aplaudido el filme y de tenerlo por bueno (…).
(…) Cuando la Revolución comienza, no se puede decir que el pueblo tiene la conciencia que tiene hoy en día. Sin embargo, los compañeros que inician la Revolución no esperan para hacer la Revolución que el pueblo tenga la conciencia que tiene hoy en día, no hace falta esperar eso para comenzar la Revolución, porque los compañeros que empiezan la Revolución saben cuáles son las necesidades del pueblo y atendiendo a esas necesidades empiezan a hacer la Revolución, y en el contacto con ese pueblo se van beneficiando mutuamente, se van desarrollando unos y otros.

Es el caso también del artista, compañeros, no es el problema de esperar a que suba el pueblo, o a que bajemos nosotros, es un problema que él nos da y que nosotros les damos, y así nos vamos desarrollando mutuamente.

A nosotros nos parece que en estas reuniones y en estas discusiones todos podremos llegar a hacer el arte que puedan entender un día todos, sin que entren en contradicción, ni con la calidad, ni con lo positivo de las influencias de otros países, ni de otras épocas.

(Del capítulo “Discusiones de los intelectuales y el poder”, reproducido en El caso PM.  Cine, poder y censura.  Madrid, 2012; versión corregida en formato ebook por Editorial Hypermedia, Madrid, 2014).

Sobre el libro ‘El caso PM’

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El caso PM y las palabras censuradas de los intelectuales

Jorge Ignacio Pérez

MIAMI, 14 de diciembre de 2012, www.cubanet.org.- Muchos años después de que la denominada Revolución cubana cometiera el ridículo de censurar una película de 14 minutos que no hacía otra cosa que exponer el divertimento nocturno, la fiesta, la espontaneidad de un país cuya base fue y sigue siendo la música, salen a flote los pormenores del primer acto estalinista –o uno de los más sonados- contra la cultura nacional.

El caso PM (Pasado Meridiano) fue la prohibición por decreto de este cortometraje rodado por los entonces muy jóvenes Orlando Jiménez Leal y Sabá Cabrera Infante, mediante actas que pueden leerse con asombro a la luz de hoy.

Las actas emitidas por el ICAIC, no obstante, no dejan de reconocer que la cinta PM está “técnicamente dotada de valores dignos de consideración”. En efecto, se trata de un documental filmado con la técnica de free cinema, atractiva para la época. Rodado además sin contar con el auspicio del instituto de cine gubernamental, lo cual debió molestar bastante a los comisarios políticos de entonces, que son los mismos de hoy.

Manuel Zayas, joven investigador cubano con residencia en los Estados Unidos, hurgó en esta parte de la triste historia cubana en los albores de aquella Revolución. Zayas ni siquiera había nacido cuando se rodó PM. Pero, como periodista, cineasta y crítico de cine, se dedicó a atar cabos sueltos. En efecto, todo parece indicar que la censura infantil y rabiosa de PM, dio pie a las famosas reuniones de la cúpula “revolucionaria” con intelectuales de los 60. Del debate en torno a la suspensión de PM salieron las respuestas de los intelectuales a la autocracia fidelista, que hoy por fin pueden ver la luz.

Acaba de presentarse en la Feria del Libro de Miami el libro El caso PM. Cine, poder y censura, editado por Colibrí, del cual has sido coordinador, junto con uno de los realizadores del mítico documental, Orlando Jiménez Leal. ¿Qué te movió a participar en este proyecto?

Tengo que empezar diciendo que este es un documental que me apasiona. Hay algo fresco y crudo en él, de retrato de otra época que yo no viví. El proyecto del libro surgió en una conversación con Orlando, hace como cuatro años, cuando llegamos a la conclusión de que no existía un texto que recopilara todo lo sucedido alrededor del affaire PM. Existían los testimonios dispersos de algunos protagonistas, pero nada más. Y lamentablemente la versión que finalmente parecía que iba a imponerse era la de los responsables de la censura, Alfredo Guevara entre ellos. Trabajando en el libro, me interesé por filmar esa historia, que será contada en un clásico documental de montaje.

El libro recoge textos de distinto aporte: el de Néstor Almendros en Bohemia, que tanto incomodó a Guevara y que provocara la expulsión de su autor de la revista; uno de Antonio José Ponte, en el que ensaya con gran deleite entre el caso de censura de El Mégano, bajo Batista, y el de PM, bajo Castro.

Aparecen dos textos en tono más de memoria -o si se quiere impresionistas- firmados por Fausto Canel y Orlando Jiménez Leal; un ensayo académico del investigador francés Emmanuel Vincenot, que desgrana todo lo que fue pasando alrededor de ese cortometraje de la discordia; y otros textos de distinto signo: el de Vicente Echerri, que revela cómo la palabra puede tener un fin opresor; el de Néstor Díaz de Villegas, que habla del filme como monumento funerario; el de Gerardo Muñoz, que analiza la actualidad de PM; el de Rafael Rojas que mira a La Habana desde Nueva York, a través del sondeo en las simpatías que aquella revolución provocó en un inicio en intelectuales y artistas de izquierda en EE.UU., en lo que se denominó grupo o generacion beat; y finalmente un texto mío, que se atreve a calificar esa censura como ilegal, solamente con acceder al texto de la ley usada para censurar el cortometraje.

En otro acápite, se rescatan las palabras de los intelectuales, es decir, de los que en las dos sesiones previas al discurso del Máximo Líder hablaron en la Biblioteca Nacional de La Habana, el 16 y 23 de junio de 1961. Como es sabido, estas palabras de los intelectuales todavía hoy permanecen censuradas en Cuba. Hace algunos años, la revista Encuentro de la Cultura Cubana publicó fragmentos de la primera sesión.

¿Qué importancia tienen esas palabras de los intelectuales para la comprensión de la historia de esa censura?

En el libro están recopilados fragmentos de las más importantes intervenciones de los intelectuales, en las dos reuniones previas al discurso de Castro, antes de que él definiera la política cultural de la revolución (“Dentro de la revolución todo, contra la Revolución ningún derecho”). Por fortuna, pudimos contar con un material único, las palabras originales de los detractores y los defensores de la película. Todo lo que se dijo allí sobre PM sale ahora publicado por primera vez.

Aparecen las intervenciones de Virgilio Piñera, interrumpido por Castro; las de Heberto Padilla, quejándose todo el tiempo de que no han invitado a los autores de la película; la de Mirta Aguirre mandando a no hablar del asunto, porque esas reuniones estaban dedicadas a otros temas; la de Tomás Gutiérrez Alea; la de Rine Leal diciendo que estaba aterrorizado; la de Osvaldo Dorticós preguntándose si no existía el derecho a prohibir la pornografía; y otra vez Padilla, mencionando que alguien se había atrevido a pedir el fusilamiento de Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal, los autores del documental.

Junto a las de Mirta Aguirre y otros más, están las intervenciones de Julio García Espinosa y la de Alfredo Guevara, principales defensores de la censura y detractores del magacín Lunes de Revolución, que había propiciado la producción de PM de manera independiente. Y están también las réplicas de Pablo Armando Fernández, hablando del historial de Lunes, y la de Guillermo Cabrera Infante, desmontando tanta infamia alrededor de esa censura, y en la que el autor de Un oficio del siglo XX lee un texto no publicado por la prensa oficial en el que Bob Taber salía en defensa del cortometraje.
Cabrera Infante va más allá y desgrana todo el absurdo de aquella censura y parece no dejar títere con cabeza: se burla del contenido de las actas redactadas desde el ICAIC prohibiendo el cortometraje, de Alfredo Guevara, quien llegara a comparar PM con el Mein Kampf  de Adolfo Hitler, y hasta ironiza con lo que le dijo el poeta Nicolás Guillén, quien había asegurado que PM le parecía “un vómito”.

Están también los parlamentos de Carlos Franqui y de Carlos Rafael Rodríguez, quien sale en defensa del tenebroso Stalin. Y un diálogo entre Franqui, Padilla y José Lezama Lima. Todo muy esclarecedor. Ya se verá por qué. Hay que decir que nunca las versiones taquigráficas del llamado gobierno revolucionario han resultado tan útiles. En aquella reunión, se dibujó el panorama de futuro que les reservaría la revolución cubana a las voces críticas. Allí están, avant la lettre, los nombres de los futuros censurados, los de los condenados al ostracismo.

¿Por qué no estuviste en la Feria de Miami, en la presentación?

No participé por razones ajenas a mi voluntad, según hice saber un mes antes de la presentación del libro. Lamentablemente, los ejemplares se quedaron retenidos en alguna aduana española o de EE.UU. En desagravio, se ha organizado otra presentación en Miami, esta vez en el Teatro Tower, este viernes 14 de diciembre, a las 6 de la tarde.

Encararte a las instituciones culturales cubanas, investigar sobre temas de censura, ocultamientos y manipulaciones de personajes tan siniestros y con tanto poder como Fidel Castro y Alfredo Guevara, todo esto te habrá cerrado las puertas para volver a la isla. ¿Temes alguna represalia contra ti?

No temo ninguna represalia, con lo cual quiero decir que desde hace tiempo dejé de tener miedo por lo que yo pueda decir o hacer, como ser libre.

Quienes se han mostrado muy temerosos de que se conozcan los recovecos de la censura de PM, son los propios responsables de la prohibición y los exégetas del dictador. Quien hurgue en aquellas palabras ocultas por más de medio siglo, se encontrará con la carta que enviara Virgilio Piñera a Nicolás Guillén, que fue firmada por cincuenta intelectuales y artistas, en protesta por la manipulación del ICAIC de la reunión de Casa de las Américas, previa a los encuentros de la Biblioteca Nacional.

Recientemente, Alfredo Guevara ha vuelto a saltar al ruedo en un documental de Rebeca Chávez, Luneta 1, otro intento de análisis de la política cultural de la revolución desde el oficialismo, en el que  por ser tan oficiales se atreven a sacar al deshielo fragmentos de las filmaciones de la autoinculpación de Heberto Padilla. Ahora Guevara insiste en que los hechos deben ser contados como en Rashomon, la película de Akira Kurosawa. En el documental de Chávez se vuelven a ignorar todas las otras versiones. Por ignorar, se olvidan hasta de mencionar que en la película de Kurosawa existía un crimen. En El caso PM, el libro que ahora se presenta, no se ignora nada.

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Orlando Jiménez Leal y Manuel Zayas (coord.): El caso PM. Cine, poder y censura. Editorial Colibrí, Madrid, 2012, 272 pp. Para comprarlo, pinche aquí.

Más información sobre el libro en:

El Nuevo Herald
Diario de Cuba

Una noche rigurosamente retratada

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“Pero he visto la música detenida en las caderas,/ he visto a las negras bailando con vasos de ron en sus cabezas”. Son versos de Virgilio Piñera que intentaban, en parte, definirnos. Él ya había echado en falta la pobreza espiritual de una nación (“país mío tan pobre”, dijo) porque no sabía definir. Años después de aquel poema, unos jóvenes cineastas se propusieron escudriñar la vida nocturna habanera, retratando instantes de una noche en el alma de un país: la fiesta adueñándose de la vida, la gente como en trance, poseída por la música, el baile y el alcohol.

No hay dudas. En PM, el cortometraje de Orlando Jiménez Leal y Sabá Cabrera Infante, la gran protagonista es la noche. Poco se sabe de la suerte de las personas filmadas. Sus apariencias cuentan como gesto. Ha transcurrido medio siglo desde aquel documental de 14 minutos, y aquellas personas retratadas deben ya estar muertas. Es ley de vida, principio también de toda ejecución fotográfica. En nosotros, que solo podemos apreciar aquel espectáculo de los noctámbulos desde el presente, ellos cuentan como siluetas hurtadas a una lejana noche de 1961.

Lo que llegó después fue la prohibición y el escándalo. El Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) censuró el documental por razones políticas. Alegó entonces que PM era “una pintura parcial de la vida nocturna habanera, que empobrece, desfigura y desvirtúa la actitud que mantiene el pueblo cubano contra los ataques arteros de la contrarrevolución a las órdenes del imperialismo yanqui”.

Alfredo Guevara, a la sazón presidente del Instituto de Cine, ha negado a posteriori que él haya sido el responsable de la censura de aquel cortometraje de la discordia. Sabiéndose heredero de la doctrina de los cínicos, Guevara dijo: “Yo no prohibí esa película, eso es mentira. Ellos se llevaron la película, se las entregué. Me negué a hacerme parte de esa película, a que la distribuyera el ICAIC. Ellos podían ponerla donde les diera su gana”.

Y contradiciéndose, añade: “Alguna gente, cuando maneja las cosas, a falta de suficiente información, cree que yo pude hacer lo de PM solo. Pero el PSP [Partido Socialista Popular] se metió también, y se metió Blas [Roca], y se metió Mirta [Aguirre]. La mejor prueba es que cuando… se produce la reunión de la Casa de las Américas, donde se discute el destino de PM, estoy ajeno. Es Mirta Aguirre y su equipo del PSP los que van allí y discuten…”

Sin embargo, fue el ICAIC, y no ninguna otra, la institución que prohibió “en uso de sus facultades”, “la exhibición de la película mencionada dentro del territorio nacional”.

La mirada de cierta historiografía cubana sobre aquella censura ha comenzado a apuntalarse en la versión más reciente de Guevara y, cosa rara, no en la versión oficial, en los comunicados del ICAIC sobre la prohibición del documental. Se intenta disfrazar la censura como un mero asunto de “distribución”.

Muchos historiadores del cine cubano también han relacionado la prohibición de PM con las circunstancias sociales del país en ese instante. Han interpretado la censura condicionada por esas circunstancias. Desde ese punto de vista, la censura se justifica (o explica) en esta lógica interpretativa. Puesto en una balanza, un documental de 14 minutos poco puede importar en relación con la suerte de un país. En la mentalidad del pastor, lo único definitorio ha sido el futuro de la revolución.

Pero las circunstancias que pesaron en la probibición fueron más de índole personal que social, y apuntan a Guevara como principal depredador del documental. Antes de erigirse en tal, ya él había arremetido contra el periódico Revolución y su suplemento literario Lunes, dirigidos por Carlos Franqui y por Guillermo Cabrera Infante, respectivamente, con quienes estaba enfrentado. En carta enviada al presidente Osvaldo Dorticós y al primer ministro Fidel Castro, Guevara criticó abiertamente a Lunes de Revolución.

Para colmo, el magacín literario tenía un programa televisivo, Lunes en Televisión, que se proponía empezar a producir cine. PM fue producido por ese programa, con dinero aportado por Guillermo Cabrera Infante. En la mentalidad del presidente del Instituto de Cine, ello representaba una suplantación de atribuciones que solo correspondía ejercer a su organismo, con vocación centralista.

Cuando los realizadores del cortometraje entregan una copia en el ICAIC con vistas a obtener el permiso de exhibición, Guevara vio su oportunidad de oro para ponerle freno a Lunes de Revolución, y ordenó la confiscación de la cinta. Se valió de la Comisión de Estudio y Clasificación de Películas, adscrita al ICAIC, para negar cualquier posible exhibición futura al filme, previamente emitido en Lunes en Televisión.

Fundamento legal de la prohibición

Resulta extraño que nunca se haya reparado en el fundamento legal de aquella prohibición, la ley 589 del 7 de octubre de 1959, llamada de “Creación de la Comisión de Estudio y Clasificación de películas cinematográficas y disolución de la Comisión Revisora”.

En su séptimo por cuanto, dice:

“En riguroso acatamiento al artículo 47 de la Ley Fundamental de la República que declara interés del Estado la cultura en todas sus manifestaciones y libres la expresión artística, y la publicación de sus resultados, se hace necesario proveer para que tal regulación y clasificación no se convierta en un aparato de coacción o de censura que deforme la obra de arte, la haga inaccesible al público y rebaje las posibilidades de información y los derechos reales de nuestro pueblo.”

En su noveno por cuanto:

“El Gobierno Revolucionario reconoce la necesidad y la conveniencia de reunir las funciones reguladores de la cinematografía en un solo organismo que lo es el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, evitándose así las interferencias y contradicciones que pudieran ir en detrimento de las objetivos de éste.”

Y entre las funciones que se le atribuían a la Comisión, estaban:

“Garantizar el más absoluto respeto por la libertad creadora, la expresión de las ideas y el derecho a divulgar la obra cinematográfica y condenar toda forma de discriminación lesiva a este principio, ya en el orden filosófico, científico, o en la de la fe religiosa.” (Artículo 1.a.)

Y también:

“Estudiar y clasificar las películas que deban exhibirse en nuestro país, rechazando las de carácter pornográfico o las escenas que puedan claificarse de tales, y los films que sin análisis crítico ni intención artística alguna, se conviertan en apología del vicio y del crimen; y autorizando el resto de la producción según una escala de exhibición por edades, en atención a principios educacionales perfectamente claros y razonados.” (Artículo 1.d.)

Sobre cómo habrían de ser los debates de la Comisión, dice la ley:

“El estudio y discusión de cada película será libre aunque reglamentado en lo que respecta a turnos y tiempos. Los acuerdos de la Comisión serán adoptados por mayoría de votos y serán nulos en lo que contradigan los principios de respeto a la libertad creadora y estímulo a la calidad artística que por la presente Ley se garantizan.” (Artículo 5)

En las bases legales de la Comisión se hablaba de libertad creadora y de que todo acuerdo contrario a ese principio, invalidaba una resolución de censura. En ninguno de los tres documentos oficiales del ICAIC sobre la prohibición, se argumentó que la cinta fuera pornográfica, que no lo era, ni que constituyera una apología del vicio y del crimen, únicas razones válidas para censurar, según la ley.

PM era un cortometraje apolítico, cosa que no se le permitía al cine oficial. Sin embargo, en uno de los comunicados, se le adjudica a la Comisión un principio funcional que no le correspondía asumir, el de tener en cuenta las “características políticas”. Por lo tanto, la postura asumida por el ICAIC en la censura del documental podría interpretarse como contraria a la propia ley en que decía basarse, como un acto criminal.

Pero esto no era raro en una llamada revolución que se hizo, en principio, para reinstaurar la Constitución de 1940, y que una de sus primeras medidas fue emitir una Ley Fundamental que dejaba sin efecto a la Carta Magna.

Aunque la Ley Fundamental reconocía el derecho a la libertad de expresión y a la libertad artística, estando en vigor, en el temprano año de 1960, se acabó con la libertad de prensa en Cuba.

La violación de los principios legales sirve para constatar una forma extraña de proceder en el estadista, Fidel Castro, y en el presidente del Instituto de Cine, Alfredo Guevara, graduados ambos en Derecho, redactores ellos mismos de las leyes que luego incumplirán.

El modo de actuar de Guevara en el asunto PM, hace al cineasta Tomás Gutiérrez Alea renunciar al cargo de Consejero del Instituto. “No puede haber variedad en nuestras obras si todas se deben ajustar al gusto de una sola persona”, escribió Gutiérrez Alea en un memorando. A la par que le reconocía valores a la cinta, él consideraba inoportuna su exhibición.

Lo que vino después fue el miedo y la ratificación de la censura, que se convirtió en razón de Estado. La protesta de los intelectuales obligó al ICAIC a convocar una reunión en la Casa de las Américas. Allí el malestar fue evidente. El Instituto habló entonces de un apoyo unánime a la prohibición de PM, y decidió devolver la copia confiscada. Como no existía unanimidad alguna, debió intervenir el gobierno, que convocó a tres reuniones en la Biblioteca Nacional.

Ya en la clausura, Fidel Castro preguntó si se podría cuestionar el derecho de la revolución a decidir qué obra se debía exhibir y cuál no. Soltó una perorata y sus palabras se hicieron doctrina. Su discurso se ha impreso y reimpreso y hay hasta quienes elogian la retórica del entonces Primer Ministro. Castro reinterpretaba a Benito Mussolini. “Dentro de la revolución todo, contra la revolución nada”, dijo.

El miedo, en intelectuales y gobierno, fue recíproco. Temiendo en qué podría desembocar aquello, los jerarcas de la revolución impidieron que las palabras de los intelectuales fueran publicadas. El silenciamiento fue tal que no hubo cámara que registrara aquellas reuniones. Se grabó en audio las intervenciones. Solo trascendieron fragmentos de la del Máximo Líder.

Hacia 1976, cuando se proclama la llamada Constitución Socialista, a la libertad artística, asegurada en teoría —no en la práctica— por la Ley Fundamental, vigente hasta entonces, se le impusieron cotos textuales: “Es libre la creación artística, siempre que su contenido no sea contrario a la revolución”. Para dirimir qué está contra o es contrario a la revolución entraría en juego la policía cultural.

De la noche, rigurosamente retratada, PM salvó las siluetas de nuestros mejores noctámbulos. Y de las sombras, salieron los rostros de nuestros peores censores.

MANUEL ZAYAS

Publicado en Diario de Cuba.

Polémica (V)

El desarrollo de la memoria, otras palabras de Titón

El 16 de junio de 1961, en una primera sesión que hubo en la Biblioteca Nacional, y antes de que Fidel Castro pronunciara sus famosas y fatídicas Palabras a los intelectuales, Tomás Gutiérrez Alea dijo:

“Yo quisiera previamente concretarme un poco sobre el caso de -no voy a extenderme mucho- PM. Quizás se hayan cometido errores en el estilo de tratar este asunto. Ahora, yo creo que ha quedado bastante claro (no sé si es necesario aclararlo más), que no se trata eminentemente de una película contrarrevolucionaria, pero que sí se trata de una película que, al tocar un aspecto de la realidad, no lo toca en una forma debida y, por lo tanto, dice una mentira de la manera más hipócrita que se puede decir, que es ocultando una parte de la verdad. […] Yo creo que eso está bien aclarado. Está bien aclarado que nuestra situación hoy es crítica, y que estamos rodeados de enemigos, y que, por lo tanto, aun cuando esa película tenga valores artísticos (que no tenemos que negárselos) y tenga valores como documento, es inoportuna. Inoportuna exhibición, y sería realmente malo, realmente muy malo, que esa película fuera a caer en manos de gente que fuera a utilizarla contra nosotros. Estaríamos dándole un arma al enemigo, cosa que no hay por qué hacer ahora”.

En: Encuentro de la Cultura Cubana, No.43, invierno de 2006/2007, p.169.

Polémica (IV)

La función del historiador

Juan Antonio García Borrero, en su artículo “Todavía Pasado Meridiano“, se pregunta:

“¿Cuál ha de ser la actitud del historiador ante esta multiplicidad de fuentes que hoy comentan el hecho histórico? ¿Se puede aspirar a lograr cierta cuota de “objetividad” en medio de tantas remembranzas donde resulta imposible aparcar las vivencias personales? ¿Será posible superar la tendencia de pensar los hechos en términos “trascendentalistas”, para intentar capturar la trágica inocencia del devenir?”

“Creo que lo único que puede defender el historiador en medio de esas circunstancias es el distanciamiento crítico. Por supuesto que esto le acarreará no pocos obstáculos y enemigos, en tanto se trata de encontrar un punto de vista que vaya más allá de lo opinable, incluyendo “la opinión oficial” y su reverso. El desafío, en esos casos, está en mantener los ojos abiertos a todo lo que asome a la esfera pública, pero sin olvidar que muchas de esas evocaciones estarán marcadas por el subjetivismo: nunca podrán ser iguales las versiones de Alfredo Guevara o Julio García Espinosa sobre “PM”, o las de Orlando Jiménez Leal, Fausto Canel, o Len Zayas”.

“De cualquier forma, al historiador le quedan otras herramientas, como puede ser el cotejo documental. Lo que pasa es que, entre nosotros, esa documentación va apareciendo de manera fragmentada. Pongamos el ejemplo del propio Titón, que gracias a la reciente publicación de su epistolario, también aporta (como en Rashomon) su versión póstuma de los hechos. Gracias al epistolario podemos leer el mensaje que envía “Al Consejo Directivo del ICAIC” el 3 de junio de 1961 donde, según sus propias palabras, “deseo hacer constar mi decisión de renunciar al cargo de Consejero de ese Instituto”, y un poco más adelante ese duro memorando que le dirige a Alfredo Guevara, en el cual entre otros aspectos, asegura que “OCULTAR OBRAS PORQUE PUEDEN CONSTITUIR UNA MALA INFLUENCIA PARA NUESTROS COMPAÑEROS SOLO PUEDE PRODUCIR UN ESTANCAMIENTO EN EL DESARROLLO DE LOS MISMOS. Y COMO CONSECUENCIA INEVITABLE, UNA FALTA DE CONFIANZA EN LAS IDEAS QUE SE DAN COMO BUENAS (YA QUE SE EVITA UNA CONFRONTACION CON LA REALIDAD). (p 64)”.

“Es cierto que cuando Titón escribe su ensayo El Free Cinema y la objetividad (Revista Cine Cubano Nro. 4, pp 35-39) pareciera que está polemizando con los creadores de “PM”. Pero tengo la impresión de que se trata de un debate puramente estético, ajeno a los diferendos ideológicos que sí estaban presentes entre Carlos Franqui, Guillermo Cabrera Infante y Alfredo Guevara”.

“De hecho, las relaciones de amistad que Alea siguió manteniendo con Néstor Almendros (las cuales cesaron a mediados de los ochenta, a raíz del estreno de “Conducta impropia”) provocaron las críticas de Alfredo Guevara, quien llegaría a afirmar que “Considero que Titón sí baila al son de la música que toca el enemigo, considero que Titón no tiene defensas frente a las posiciones ideológicas de ese grupo, considero más aún, que Titón está muy cerca de ser el más honesto de los miembros de “Lunes de Revolución”, no de “Lunes de Revolución” como “Lunes”, sino de la vieja Cinemateca, de aquel viejo grupo, de aquel viejo sector que más o menos ha tenido una mala posición política…” (Tiempo de fundación, p 96)”.

© Juan Antonio García Borrero, 2009.

Polémica (III)

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Una aclaración importante

(Len Zayas responde a un comentario de Fausto Canel, 3 de abril de 2009).

Como parte del sistema propagandístico de la revolución cubana durante el período del 59 al 66 conocí perfectamente al personal de propaganda del ICAIC, es decir la empresa completa, entre los cuales se encontraba el señor [Fausto] Canel. Sabemos que su postura al momento difiere de la que mantenía anteriormente y nuestra opinión no demerita en forma alguna el valor que tiene como buen escritor y conocedor del ambiente intelectual, cultural y artístico cubano.

Basado en su réplica escrita a nuestro comentario anterior, nuestro argumento reside única y exclusivamente en el hecho de su desconocimiento intrínseco del sistema, que lo lleva a cegarse con respecto a hechos que se repetían constantemente y en especial los por mí narrados con relación a PM. La falta de experiencias directas con los verdaderos gobernantes y ligero análisis de los hechos que preceden el presente estado de la situación cubana es un desperdicio de las habilidades literarias de Fausto Canel, amén de la confianza depositada en individuos clonados como servidores de Fidel, no del sistema, lo llevan a juzgar los hechos, de los cuales fue testigo, de la misma forma simplista y pueril que la gran mayoría de los escritores fuera y dentro del país.

Si quieren seguir añadiendo leña al fuego, señor Canel o cualquier otro, estamos a su disposición, aunque les recuerdo que esto no es [la revista] Cine Cubano donde los directores de cine -una lista enorme que no tengo por qué provocar, pero es una verdad innegable-, solo se ocupaban de complacer al amo mientras ignoraban a los verdaderos trabajadores y, como decía Arturo Agramonte (Camagüey) que en paz descanse: “solo se halan la leva el uno al otro” o “Lunes de Revolución”, que, aunque más liberal y honesto que el grupo del ICAIC, no dejaba de ser pura propaganda para el régimen. Yo sé mucho, ustedes solo saben lo que le decían sus jefes o publicaba Franqui, que por cierto sabe más que yo pero nadie lo provoca.

CONFESIONES DE UN ALEGADO MENTIROSO O LOS PÁJAROS TIRÁNDOLE A LA ESCOPETA.

Yo digo mentiras (¿todo eso por un piso más o menos?) Pues bien, sigamos mintiendo para ayudar a la verdad histórica.

Yo no veo motivo de discusión en las frases de Fausto. Él se contradice a sí mismo cuando está de acuerdo con mis acepciones. Cualquiera que lea el artículo se dará cuenta que lo único que pudiera provocar una reacción de Fausto sería algo que el mismo admite, el deseo de poder por parte de Alfredo Guevara. Lo cierto es que Alfredo es uno de los pocos incondicionales de Fidel, que nunca lo puso al borde de la ira. Él cumplía al pie de la letra las órdenes de su jefe. Lo otro es que no lo mencione porque no sabía que él tuviera nada que ver en el asunto, al menos directamente. Sí hay un pequeño error de su parte: yo nunca mencioné una reunión en el noticiero para discutir ese asunto. Que hubo elementos del noticiero en la reunión, pues claro, el señor Canel no tiene idea siquiera de que el noticiero era la niña linda de Fidel.

¿Pero desde cuándo las cosas de Fidel se discutían abiertamente en el país?

Para presentar resumes, ya sea de un servidor o del propio Fausto, el cual tiene mucho a su haber en materia de acreditación, logros y virtudes, sería un proceso largo y tedioso. Baste decir que respeto a Fausto ahora mucho más de lo que lo respetaba cuando él, en su función de asistente de dirección del ICAIC y crítico de cine, él y los que hoy critica tan acervamente, utilizaban la influencia que tenían en los medios de publicidad de la dictadura, especialmente la revista Cine Cubano, para ensalzarse mutuamente, discriminar la producción del patio, y sobre todo alabar al extremo de caer en guataquería, a la Unión Soviética y a Fidel Castro.

El ICAIC, como “Lunes de Revolución”, con algunas valiosas excepciones (ej. Caín),  se formó con la claque distinguida de exilados (en ambas direcciones) intelectuales y casi intelectuales provenientes de Checoslovaquia, Italia, Francia y otros lugares del planeta, incluyendo EEUU, Santiago Álvarez entre ellos. Estos exilados, algunos extranjeros, cuyo honor y recomendación residían en la única distinción de poseer un bagaje de frases fílmicas ininteligibles a la mayoría de la población o, en su defecto, prueba de haber concurrido a cualquier seminario cinematográfico o asistido en algún proyecto desconocido. Y desde luego lo que abría de par en par los brazos de todos y para todos ellos, por ser muy importante al naciente gobierno, era un conocimiento de cómo influenciar a las masas en las ventajas del caduco sistema soviético mediante la utilización del entretenimiento y los medios masivos de propaganda.

No faltaban los jóvenes nacionalistas revolucionarios, provenientes en su mayoría de las filas del Ejército Rebelde y de los grupos clandestinos que operaban en las ciudades contra la dictadura batistiana.  Estos últimos fueron eliminados o apartados a las tareas menos glamorosas y estábamos conscientes que nuestra principal función era la de servir como escalera a los “genios” de la misión propagandística y ayudar a que el pueblo cubano los viera como tales. Héroes inflados, intelectuales de pacotilla y artistas de aldeas están siendo asfixiados por la montaña de honores que se les concedió sin merecerlos, gracias a esta tarea.  Si contábamos con alguna cosa, era con la confianza del Máximo.

Aclarado por subrayado a qué grupo pertenecía yo, cabe preguntar, respetado y conocido señor Fausto Canel, ¿a qué grupo pertenecía usted?

El hecho de que usted, como tantos y tantos amantes del micrófono y la página impresa, hayan repetido lo que se les programó a decir como historia, hasta el punto de no ver dónde comienza la realidad y se desvanece la fantasía, no es culpa mía. Yo en lo particular soy partidario y practicante de esa nueva ola intelectual llamada Internet, y que dicho sea de paso, pretende acabar con toda la hipocresía elitista mundial.

Permítame ofrecerle algunos ejemplos de equívocos de su grupo que por falta de tiempo, y de provocación como la presente, me he permitido dejarlo yacer bajo el polvo del olvido y lo haré de la forma más suscinta posible para no abusar de la gentileza de nuestro anfitrión en la red.

Con la excepción de Julio García Espinosa y Tomas Gutiérrez Alea jamás, en el tiempo que fui ejecutivo del ICAIC (cuatro años) ningún intelectual fue admitido en una reunión de la alta gerencia del lugar.

Por los dos años que fui ejecutivo del noticiero, dirigido por Santiago Álvarez pero (aparentemente) bajo la dirección de Alfredo Guevara (esto le da una idea de cómo funciona el sistema) nos sentábamos cada lunes para discutir lo que se ponía o no en el noticiero: Santiago Álvarez, Fidel Castro Ruz y un servidor (normalmente para tomar notas y en forma ocasional para dar un detalle técnico porque de este grupo, señor Canel, el único con credenciales periodísticas y artísticas, era yo), sin que más nadie participara de ello. Ese era, o es, el mismo salón de proyecciones donde (debido a materias de seguridad) se celebraban conversaciones donde los únicos que tenían acceso eran los directores de Programación Artística (no confundirlos con directores de cine) a saber: Julio García Espinosa y Tomás Gutiérrez Alea.

Esto es importante porque me da la impresión que muchos de los directores, principalmente, vivían en el pueblo y no veían las casas.

Alfredo decidía por él mismo sin contar con más nadie (excepto Fidel), daba órdenes y después hacia reuniones donde los otros discutían y daban opiniones para satisfacer egos, las decisiones estaban tomadas de antemano. El policía bueno y el policía malo era a lo que ustedes, los intelectuales, tenían acceso. El mismo sistemita del proceso judicial donde las sentencias ya están ubicadas antes de celebrarse el juicio.

Fidel y Alfredo no confían o aprecian a los intelectuales. Ellos se consideran por encima de esa élite. Los ven como ovejitas que siguen al pastor. Ellos, los jefes, deciden quiénes serán los pastores y a qué oveja hay que trasquilar o sacrificar. ¿Tu sabías eso?

Ustedes nunca se ocuparon de escribir la historia, vivían en su mundo raro lleno de ignorancia supina, los esfuerzos en esta área realizada por personas como Luis López, Arturo Agramonte y Amaro Gómez (nos conocíamos todos) se vieron destrozados entre la habilidad de los gobernantes de alterar los datos y la complacencia de los “intelectuales” para ayudar a falsear con elegancia, quiere decir: descaradamente, esos engaños.  Los mismos eruditos  que hoy se pasean por el mundo alabándose los unos a los otros. Desplegando los mismos nombres de sus colegas, regularmente falsos, como un estandarte de sabiduría.

Alfredo Guevara fungía, confusamente, como se acostumbraba en ese tiempo en todos los canales de gobierno, como Rector no solo del ICAIC sino del noticiero y de Cine Cubano. No importa que hubiera un responsable (Manolito, Santiago o Héctor), Alfredo aparecía como director y cuando le parecía nombraba a uno de ellos de director pero seguía siendo el amo y señor, ¿conoces ese estilo de gobierno?

Y en cuanto a eficacia: Alfredo aprobaba firmando, muchas veces sin leerla, la narración que originalmente escribía y narraba Julio Batista (después mi querido amigo José del Campo tomó esas funciones), firma que para obtenerla había muchas veces que buscarla en su apartamento para después corretear a casa de Tuto (laboratorio privado) para apurar al hombre para hacer las copias. Simplemente porque, entre el horario super desordenado del Caballo y el estilo de vida apacible del señor Guevara, todo el peso del cumplimiento de las metas recaía en el personal (yo lo llamaría el glorioso personal) del Noticiero. Claro que para ustedes ese noticiero no existía, las basuras que publicaban en Cine Cubano eran un indicativo de lo que pasaba a en toda la nación. ¿Sigo mintiendo?

¿Qué me dicen de las mentiras que publicaban y publican en el mundo entero, porque se lo creyeron y se lo siguen creyendo?  (Ej: El personal que dirigía el ICAIC salió del Ejército Rebelde. No me hagan reír).

Eso escribían ustedes en Bohemia y Cine Cubano. Para su conocimiento le explico que el Departamento de Cultura del Ejército Rebelde de Cuba se creó en el año 59, para que sirviera como un frente para que personas como ustedes, que no me conocían a mí ni yo a ninguno de ustedes, a menos que trabajaran en Cine Revista como el menor de los García Espinosa, se les presentaran a las fuerzas armadas como iguales.

¡Con grado y todo!

Así fue como se inundó Cuba y luego el ICAIC de comunistas o simpatizantes. Un servidor se negó a colaborar en esa área, ¿el costo? De oficial a soldado de a pie. Pero mis problemas y puntos de vista no afectaban mi deseo de que todo saliera bien, sin sacrificar mis principios. Siempre había formas de colaborar y usé todos mis recursos para entrar en la entonces Dirección Nacional de Cultura, claro que no creo que usted conociera a nadie que no fuera del Partido en la verdadera dirección de cultura que dirigía Vicentina Antuña. A ella sí la conoce ¿eh? Pues bien yo era el Asesor de Teatro Infantil de esa entidad, a mis 19 años. Sin ser exilado, sin ser comunista. En Cuba no existía la discriminación, ustedes, los intelectuales socialistas o comunistas, la comenzaron.

El hecho de que usted no me conociera, como tampoco me conocía su compañero Roberto Fandiño (era profesor de la Academia pero yo no asistía a sus clases y no afectó mi graduación, cosa que lo llevó, como usted, a llamarme mentiroso; por cierto, eso fue durante la época batistiana.) No es tan importante como el hecho de que yo sí los conocía a ustedes. Simplemente porque entre ustedes y yo, en el ICAIC, existía una posición jerárquica y circunstancial. Yo podía revisar el expediente de ustedes, pero ustedes no estaban autorizados a revisar el mío. Yo era un ejecutivo, un revolucionario, un sacrificado y un amante de la libertad de expresión que luchó hasta el final por sus ideas, muchos de ustedes eran (algunos lo siguen siendo), en la gran mayoría, lacayos del régimen y oportunistas.

Recuerde que sigo mintiendo; parodiando al indio Hatuey le puedo decir que si Fidel y los intelectuales y artistas cubanos dicen la verdad, ¡prefiero ser un mentiroso!

Creo que en lo general estamos de acuerdo, las minucias de que si fue en el cuarto o en el quinto piso, que si te conozco o no, etc. no son importantes. Hay que llegar a un acuerdo en cuanto a la verdadera historia del cine, la cultura y la educación en Cuba para poder corregir los errores cometidos y creo que en eso hasta el mismo Raúl está de acuerdo.

Estas discusiones pueriles se desvanecen, como nimiedades que son ante la robusta tarea de devolver a un pueblo la confianza en el futuro, en sí mismo, y ante la humillación causada por una élite intelectual falsificada que junto al elitismo político, pasado y presente, ha convertido a Cuba en una sociedad fantasmal a falta de otro epíteto.

Respetuosamente;
Len I. Zayas

De la foto, DR.  Los viejos comunistas (Stalin, Lenin, Kalinin, en 1919).

Polémica (II)

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PM otra vez

(Fausto Canel responde a un comentario de Len Zayas sobre PM, 30 de marzo de 2009).

No conocí a Len Zayas. Y lo prefiero así, pues Len Zayas miente –o por lo menos, “no recuerda bien”… Y esto que voy a escribir lo puedes, si quieres, reproducir en tu blog… Se lo enviaré directamente a Manuel Zayas, pues este texto es una gran calumnia…

Veamos, paso a a paso….

“Manuel, sin intenciones de entrar en detalles históricos hay una aclaración creo vale dentro de lo interesante de tu artículo “El Grado Cero del Cine Cubano”. Tienes razón en todo lo concerniente a PM excepto que no está definido un detalle de muy poca publicidad. De ese hecho soy testigo presencial debido a que por ese tiempo el que te escribe, Len Zayas, era el productor del Noticiero ICAIC y junto con Roberto León Henriquez y Santiago Álvarez participamos en las discusiones sobre el documental PM para decidir la postura oficial aun cuando ya se había determinado la actitud a seguir en esa situación. La idea, como siempre, era mostrar la fuerza del Instituto en su determinación de controlar todo lo que fuera relativo al cine, en este caso, y contrario a la creencia popular, no tenía relación alguna con el carácter artístico o político de la obra”.

Totalmente cierto, digo yo FC… La palabra clave es control, monopolio del poder… Aunque Len Zayas olvida que no sólo “Lunes” comentó PM sino que lo produjo y lo proyectó por televisión, fuera del alcance de la censura de Alfredo Guevara (a veces cerrada, otras abierta, según los intereses de Fidel del momento), la cual no tenía juridiscción sobre TV, solamente sobre aquello que se podía proyectar en un cine… Por eso la Legión de Honor o de Martí o como se llame esa medalla que Raúl Castro le dió, Alfredo se la merece con creces… Alfredo Guevara ha sido el más coherente, fiel e inteligente colaborador de Fidel y Raúl Castro de los últimos 60 años… No hay que olvidar que Raúl se hizo miembro de las Juventudes Comunistas, en Praga, y luego viajó deslumbrado por la URSS, en los primeros años 50, gracias a que Alfredo, entonces miembro del PSP [Partido Socialista Popular], lo apadrinó — siguiendo órdenes, dicen las malas lenguas, de Fidel, para tener una pica en Flandes…

“De haberse tratado sobre el desarrollo de las moscas en Gibara, el tratamiento se hubiera efectuado igual. En este caso había dos pájaros en la mirilla, un documental de cine y “Lunes de Revolución” que lo comentaba. Los participantes en la reunión, una decena de ejecutivos de la empresa, estabamos claros que los dirigentes que presidían el mitin informal, Alfredo Guevara y Julio García Espinosa, lo que buscaban eran colaboradores que sirvieran de “frente” para que los verdaderos lideres, los únicos cabe decir, Alfredo y Fidel (no presente en ese momento), pudieran aparecer como neutrales y conservar la simpatía de elementos que al momento, aunque considerados peligrosos intelectualmente, eran útiles; la gente de “Lunes de Revolución” con Guillermo Cabrera Infante a la cabeza”.

De alguna manera cierto, aunque hay que decir que esta reunión en el Noticiero, de la cual nunca me enteré, no tuvo jamás la importancia de la discusión que hubo en el 5to. piso del ICAIC entre los directores de largo y cortometraje y la dirección en pleno del ICAIC, donde Titón, ciertamente, si bien criticó la indiferencia política de PM, dejó muy claro su desacuerdo con la prohibición… Hay además un detalle que Len Zayas olvida, o tal vez nunca supo… Con la prohibición de PM, Alfredo quiso dejar bien establecido su monopolio sobre todo lo que fuese cine, pero también quiso utilizar la ocasión para ganarle una batalla a [Carlos] Franqui, a quien consideraba un competidor en la carrera hacia el Ministerio de Cultura, todavía no creado, y por lo tanto, en el aire, ya que había tres posibilidades: la izquierda, que no por muy de izquierda dejaba de quererse democrática, representada por Franqui; el comunismo centralista y totalitario, Castrista, no PSP, representado por Alfredo; y el comunismo centralista y totalitario, tipo PSP (de formación estalinista), representado por el Consejo General de Cultura, con Edith García Buchaca a la cabeza…. Lo que Fidel siempre quiso, y para ello utilizó y manipuló a los otros miembros del proceso, fue el centralismo totalitario fidelista… El Estado soy yo… (Y que no me vengan con la excusa de que el peligro exterior justificó un centralismo totalitario en una sola persona… Esa fue la excusa de Stalin, aún después del final de la 2da. Guerra Mundial… Fidel y el mundo supieron (aunque nunca el pueblo cubano supo) que para finalizar la Crisis de Octubre de 1962, EE.UU. FIRMÓ, con una todavía poderosa URSS, un acuerdo de no agresión militar a Cuba… ¡Acuerdo que cumplió! Para los desorientados debo recordar que el famoso embargo es de 1961, por no haber compensado, como correspondía, la nacionalización de las empresas estadounidenses que Castro expropió sin una razón económica válida… Ni siquiera el tonto de Chávez ha repetido una estupidez semejante… De hecho, por consejo de Fidel, Chávez se ha protegido, pagando todas sus expropiaciones. Ah, ¡la irresponsable juventud fidelista! ¡Y la arrogancia, ignorante!

“La historia culpó como promovedor de la censura a Mario Rodríguez Alemán cuando en realidad el antiguo director de la Academia de Artes Dramáticas, y en ese tiempo revisor de guiones de la empresa, no estaba siquiera presente en la reunión efectuada en el salón de proyecciones del cuarto piso del entonces edificio Atlantic”.

No creo que haya habido nunca una reunión sobre PM en el cuarto piso del ICAIC, que era un piso utilizado únicamente para servicios de edición… La reunión ocurrió en el 5to. piso, en la sala de proyecciones, y a Rodriguez Alemán no lo invitaron — y se lo mereció, por lame c… No era revisor de guiones del ICAIC, como dice Lan, sino director de la Comisión Revisora de Películas, que fue la que confiscó la copia y prohibió la exhibición de PM… Con Rodriguez Alemán fue con quien hablaron Sabá y Orlando, pidiendo explicaciones… Rodríguez Alemán siempre fue un cobarde y un mediocre, desde los años 50, todo el mundo que lo conoció en aquella época lo sabe — y si consiguió la dirección de la Comisión Revisora fue porque Manuel Fernández –un hombre infinitamente más inteligente e íntegro que Rodríguez Alemán—dejó Cuba, después de intentar por más de un año de ser justo en sus valoraciones, no censor por razones castro-políticas…

“El principal depredador del documental no fue Alfredo Guevara o Julio García Espinosa, sino el fallecido director de cine Tomás Gutiérrez Alea que como dato interesante se decía amigo de Sabá y de Nestor Almendros. Hubo tres abstenciones en la votación, un camarógrafo que no estoy seguro era de apellido Martínez, el productor de noticiero Roberto León y un servidor”.

Yo no estuve en esta reunión. Pero puedo atestiguar — y las cartas y diarios de Titón lo atestiguan, que Gutiérrez Alea no fue en el quinto piso del ICAIC (por lo tanto supongo que tampoco en la reunión del Noticiero) “el principal depredador de PM”: todo lo contrario… Titón era ciertamente amigo de Néstor, pero problemas personales le alejaban de Sabá, conflictos que venían de los años 50 y que nada tenían que ver con PM… Cualesquiera que fuesen sus críticas al corto, nunca JAMÁS Titón apoyó la censura de PM… En aquel instante, la situación de fuerza era tal que no le hubiese quedado más remedio que renunciar, como protesta, pero como él mismo dice en sus cartas, “tenía una obra por hacer.” Yo tampoco renuncié en aquel momento, debo decir… Por lo tanto, no puedo tirar ninguna piedra…

“Néstor Almendros, a la sazón camarógrafo de mi equipo de noticias, fue despedido sin siquiera consultarse conmigo que fungía no solo como productor, sino como jefe de producción del noticiero y asistente de Santiago Álvarez en cortometraje. Al protestar enérgicamente por haberse expulsado dos empleados sin discutirse la situación, (el otro un chofer que se reinstaló aunque no en las noticias) se me retiró del cargo y pasé a lo que se me ofreció como un ascenso a largo metraje. Lo demás es historia que no guarda relación con este hecho. Algún día documentos como los tuyos, los de Borrero y otros servirán como la verdadera historia del Cine en Cuba. Gracias y un saludo cordial. Leonardo (Len) Zayas”

Néstor renunció al ICAIC mucho antes de que nadie lo pudiese expulsar… Cuando PM, Néstor publicó una crítica favorable, luego una protesta por la prohibición — y por mí se enteró de que lo habían sacado como crítico de cine de Bohemia, cuando le llamé para decirle que Enrique de la Oz —imagen perfecta del mediocre miserable— me había ofrecido el puesto a mí, sin siquiera tener el coraje de informarle a Néstor primero… Inútil agregar que rechacé la oferta… Estábamos rodeados de seres sin columna vertebral, quienes, ante el avance acelerado de la dictadura totalitaria y personal, pasaban por encima de todos los escrúpulos para evitar caer en la razzia del momento… Para cuando ocurre PM ya Néstor lleva tiempo fuera del ICAIC y no recuerdo de que haya nunca trabajado en el Noticiero ICAIC, habiendo sido director de documentales (Escuela en el Campo, Ritmos de Cuba, por ejemplo: el ICAIC era muy clasista: el nivel burocrático contaba ante todo). Cuando PM, Néstor trabajaba como camarógrafo del Noticiero del Canal 2 (dirigido por Franqui), donde está ya realizando Gente en la playa, un documental, como PM, independiente al ICAIC. La palabra INDEPENDIENTE fue el gran pecado. De ambos cortos. Hoy, visto desde la perspectiva del cine cubano independiente actual, toda esta historia resulta no sólo incomprensible, sino también ridícula, pueril, subdesarrollada, patética diría yo — y a muchos nos costó carrera, patria y arraigo, pérdidas irreparables por muchos éxitos y comfort y compensaciones de todo tipo que hayamos conseguido por nuestra calidad profesional en el extranjero… Ellos se lo perdieron, digo yo, como se pierden hoy a profesionales valiosos que no aceptan comulgar más con ruedas de molino… Hoy, gracias a la decrepitud de la dictadura , que ya no es personal, sino familiar, monárquica, y a los avances de la tecnología que a estas alturas ya no se puede parar —por mucho que lo quiera Ramiro, ¡siempre Ramiro, qué salación! Pensar que todo este rollo (y este dolor) haya sido provocado por dos INOCUOS documentales cuyo único delito era el haber sido hechos FUERA del control TOTALITARIO del ICAIC, resulta hoy EJEMPLAR.

Que aprenda el que quiera aprender.

Fausto Canel

Link a este post: TODAVÍA “PASADO MERIDIANO”

De la foto: Fotograma de PM, Orlando Jiménez Leal, 1961.